Cada siete años, la Venida de la Virgen transforma el pulso de Almonte

El traslado no solo se espera en las calles engalanadas, sino en los pequeños momentos que definen la vida del pueblo

Una procesión de la Virgen más fluida marca el balance rociero de 2025

Virgen del Rocío en Almonte.
Virgen del Rocío en Almonte. / M.G
Chemi Saavedra

El Rocío, 05 de enero 2026 - 15:54

Almonte ya vive 2026 con una emoción contenida que se percibe en las conversaciones cotidianas, que se siente en sus calles y en la forma de nombrar el tiempo que llega. No es un año cualquiera. Es año de la Venida de la Virgen, una cita que ocurre cada siete años y que transforma por completo la vida del municipio.

Será en el mes de agosto cuando la Virgen del Rocío llegue hasta la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde permanecerá durante nueve meses, en el corazón del pueblo. Un tiempo excepcional en el que la devoción rociera se convierte en presencia diaria, cercana y compartida.

Con la mirada puesta en el próximo verano, los almonteños comienzan ya a imaginar las calles que engalanarán para recibirla, el olor a romero, la arquitectura efímera que vestirá su recorrido y los rosarios preparatorios que, como es tradición, se suceden en los días previos a su llegada. Preparativos visibles que anuncian un acontecimiento mayor.

Pero junto a esos grandes gestos más visibles, Almonte piensa también en los pequeños momentos que definen la Venida: ir a verla por la mañana, detenerse unos minutos antes de comenzar la jornada, o el tradicional rezo de la Salve cada noche, como las mejores buenas noches, antes de que el templo parroquial cierre sus puertas. Instantes sencillos que, sumados, marcan el ritmo diario del pueblo.

Y es que, durante la estancia de la Virgen en Almonte, la vida del municipio cambia por completo. Los horarios, las rutinas y el ambiente se ordenan en torno a su presencia. El pulso del pueblo gira, más si cabe, alrededor de su Virgen, en un tiempo que se vive con intensidad, gratitud, fe y emoción compartida.

Ya no faltan siete años para todo esto, sino poco más de siete meses. Se percibe en la emoción de los mayores, que no sabían si volverían a vivir una Venida y ver de nuevo a la Virgen vestida de Pastora; y también en la alegría de los jóvenes, que sueñan con disfrutar intensamente de este tiempo, plenamente conscientes de lo que supone. Porque Almonte no mide su historia en calendarios anuales, sino en traslados.

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