El edificio que viajó desde la Feria de Sevilla hasta un pueblo de Huelva y se convirtió en una bodega histórica
Este singular edificio de hierro del siglo XIX, antigua caseta de la Feria de Sevilla, fue desmontado pieza a pieza y reconstruido en un pueblo onubense, convirtiéndose en una bodega
La casa histórica del centro de Huelva que conserva una de las fachadas más bellas de la ciudad
El edificio onubense con un siglo de historia que queda alejado de las rutas turísticas a pesar de su importancia
Si tomas la carretera antigua que une Almonte con Bollullos del Condado, te toparás con un rincón que parece salido de otra época y hasta de otro continente.
Tal como cuenta la cuenta de divulgación onubense, Huelva Secreta, desde lejos, su silueta recuerda a un pabellón oriental o a la carpa de un circo, con un techo rectangular rematado en dos puntas color vino. Pero al acercarte, el paisaje cambia: Es pura Andalucía, con su luz, sus campos y su calma.
Majuelo de Soto se trata de un edificio singular, de estructura metálica, con forma de dodecágono irregular, doce lados desiguales que le dan un encanto único y poco visto, construido en la segunda mitad del siglo XIX. Sus creadores fueron los ingenieros Martín Ongay y Enrique Peralo Jimeno, y las piezas las fabricó la Fundición San Antonio, la misma que participó en la construcción del famoso Puente de Triana en Sevilla.
Originalmente, este tesoro arquitectónico se levantó en el sector sur del Prado de San Sebastián, en Sevilla. A finales del siglo XIX, el Ayuntamiento ofreció terrenos en el Real de la Feria para que los grandes círculos sevillanos montasen casetas permanentes. Fue el Real Club de Labradores quien apostó por este edificio en 1890, convirtiéndolo en una de las primeras casetas estables de lo que luego sería la icónica Feria de Sevilla.
Imagina la caseta en sus primeros años: Sin muros, con cortinas de lona roja y blanca, y un valle de hierro que todavía puede verse en un lateral de la casa de la familia Soto. En 1930, la caseta fue subastada y adquirida por José Ayala Mathieu, vecino de Bollullos del Condado, por 17.025 pesetas. Cada pieza se transportó cuidadosamente en camiones numerados hasta su nuevo destino.
A partir de 1931, el edificio cambió de función: Pasó a ser bodega, mientras que los dos anexos se convirtieron en lagar, donde se prensaba la uva. En 1939 la finca completa fue comprada por los actuales propietarios, que mantuvieron la bodega en funcionamiento hasta 1990.
Hoy, este inmueble es uno de los pocos ejemplos de la arquitectura del hierro que ha sido desmontada, trasladada y reconstruida fuera de su emplazamiento original, conservando toda su esencia histórica.
Un lugar que habla de cómo la historia puede viajar en el tiempo y el espacio, uniendo Sevilla y Bollullos a través de hierro, tradiciones y vino.
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