Mostra de Venecia

'El exorcista', ese terrorífico ensayo sobre el enigma de la fe

  • El documental 'Leap of faith', presentado en la Mostra de Venecia, analiza las claves estéticas y filosóficas de la icónica película

Primer plano de la mirada de Linda Blair, la actriz que dio vida a la niña poseída por el Maligno. Primer plano de la mirada de Linda Blair, la actriz que dio vida a la niña poseída por el Maligno.

Primer plano de la mirada de Linda Blair, la actriz que dio vida a la niña poseída por el Maligno. / D. S.

El exorcista (1974) no es una simple película de terror sino que esconde un ensayo sobre el enigma de la fe. Esta es la convicción del Alexandre O. Philippe, que ha presentado este miércoles en la Mostra de Venecia el documental Leap of faith. En él, a través de un diálogo con el director de la película, William Friedkin, se analizan los planteamientos artísticos y filosóficos que inspiraron ese clásico del escalofrío en la espina dorsal.

"No quería hacer una película de terror", dice Friedkin en el documental antes de añadir: "Se trata de una historia sobre el misterio de la fe, sobre el bien y el mal, y sobre los sacrificios que conlleva elegir". El objetivo de Philippe era entrar en los "inexplorados abismos de la imaginación" de ese autor que llevó al cine la historia de una niña poseída por el Maligno.

Entre los referentes de Friedkin estaban Ordet, de Dreyer y La consagración de la primavera de Ígor Stravinski, sobre todo por el ritmo narrativo. El director explica además que rodó abandonándose a la espontaneidad: "No creo en la segunda toma, por ello quise seguir esa teoría de Fritz Lang de que había que grabar la seguridad de un sonámbulo".

William Friedkin, a la izquierda, durante el rodaje de la película en 1973. William Friedkin, a la izquierda, durante el rodaje de la película en 1973.

William Friedkin, a la izquierda, durante el rodaje de la película en 1973. / Efe / Mostra de Venecia

El exorcista es, además, un ejemplo de imágenes subliminales, a las que se recurrió para aumentar su dramatismo, y también todo un "laboratorio de música experimental", pues los gritos de cerdos o el desquiciante aleteo de una mosca contribuyen a generar tensión. 

El sonido fue una obsesión para Friedkin, aficionado desde niño a los dramas radiofónicos. Para la voz del diablo, que habla por boca de la niña, buscó una voz neutra, que no fuera ni de hombre ni de mujer; al final fue la de Mercedes McCambridge, una actriz que pasó varios días comiendo huevo crudo, fumando y bebiendo alcohol. En cuanto a la banda sonora, el director tenía que claro que debía ser como "una mano fría sobre la nuca del espectador". Tras varios intentos con órganos, al final llegó el emblemático tema de Mike Oldfield.

El icónico plano de la llegada del padre Karras al domicilio azotado por la presencia del Mal. El icónico plano de la llegada del padre Karras al domicilio azotado por la presencia del Mal.

El icónico plano de la llegada del padre Karras al domicilio azotado por la presencia del Mal. / D. S.

La película, por lo demás, está llena de guiños a la historia del arte. La imagen del padre Karras llegando en una fría noche, con un sombrero e iluminado únicamente por la luz que sale de la ventana de la habitación de la niña poseída es una alusión directa a El imperio de las luces de Magritte. Otras escenas están inspiradas en el claroscuro de Caravaggio, la prodigiosa luz de Rembrandt y el realismo de Henri Cartier-Bresson.

El resultado fue una de las películas de terror más memorables de la historia del cine. Friedkin, ante la cámara, considera que tras siglos de filosofía y de grandes pensadores, desde Grecia a Stephen Hawking, el mundo sigue envuelto en innumerables misterios. Y por eso, dice, asusta tanto la pregunta que sigue lanzando El exorcista a cada nuevo espectador que se asoma a esta historia: "¿Existen estos fenómenos en la vida real?".

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