La historia de un contrabandista en tierras arochenas

  • Expedi Vázquez presenta 'Estraperlo', obra en la que identifica a los protagonistas reales de esta actividad, muchas de ellas mujeres.

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El contrabando siempre ha sido un tema tabú. A día de hoy, sin embargo, hay contrabandistas que ya no tienen las reticencias de antaño para hablar, y lo han hecho a modo de novela. El serrano Expedi Vázquez, vecino de Aroche, ha presentado recientemente en su pueblo su nuevo libro, Estraperlo, toda una obra de memoria oral en torno al contrabando y la frontera entre Aroche y la vecina Portugal.

Se trata de un trabajo de años realizado por el autor y que ahora da sus frutos al dar a conocer qué hacía el contrabandista y como desarrollaba su labor. En una obra compuesta por diecisiete capítulos -acompañados de una introducción y explicaciones para entender mejor el relato con un amplio glosario, lenguaje y localizaciones geográficas del entorno con fincas y parajes específicos- Vázquez relata el gran número de personas que se dedicaban al contrabando en Aroche, incluidas bastantes mujeres, dato que ha sorprendido a muchos.

Tantas personas se dedicaban a la actividad del contrabando que había suficiente café para los pueblos serranos junto a la frontera, y eso obligaba a su vez a venderlo también fuera de la comarca, principalmente al sur de Extremadura. Muchas de las personas dedicadas entonces al contrabando solo tenían esa dedicación, tanto para su consumo propio como para la venta y ganancia de la familia.

Un conjunto de interesantes historias desconocidas que ahora ven la luz con ejemplos y protagonistas reales. El libro recoge toda esta realidad y vida del contrabandista en la posguerra, con dificultades económicas y laborales.

Expedi Vázquez explica que el contrabando provocó varios fallecidos en Aroche y el entorno, ya que era una práctica que tenía muchos riesgos, pese a no ser considerado un robo aunque sí era ilegal y estaba muy perseguido. Además había fugitivos que se mezclaban en el camino, si bien existía una complicidad máxima entre ellos e incluso se ayudaban.

La novela tiene mucho ritmo en su narración, y la mayoría de personajes son reales y otros ficticios, aunque basados en experiencias que ocurrieron y que son conocidas mediante transmisión oral. No existen fechas, aunque el hilo conductor se desarrolla en un contexto claro y llega hasta nuestros días como la vida de algunos contrabandistas reales. Otras poblaciones como Rosal de la Frontera y la Cuenca Minera también tienen su protagonismo y aparecen en esta obra literaria.

El relato se basa en la dureza existente en el contrabando que realizaban en aquellos años. Según cuenta Estraperlo, había que cruzar la raya hacia Portugal por la frontera, y por la noche se realizaba la vuelta hacia Aroche o el pueblo de origen del contrabandista con máximo peligro a ser descubierto. La vestimenta de la persona que ejercía la labor era diferente, compuesta por pocos elementos. Como monedero, según refleja la novela, usaban una caña que siempre portaban en la mano: esta era impermeable, no pesaba y si aparecía la Guardia Civil podía ser lanzada y recogida otro día.

Algunos se aventuraban a cruzar la frontera andando, otros en burro, en pareja o bien en solitario. Los contrabandistas eran personas muy inteligentes por la capacidad de observación y fruto de la necesaria supervivencia, vivencias reflejadas en esta obra de las memorias de un contrabandista en Aroche.

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