II Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz AndajazzCrítica musical cine

Jazz e inspiración

El onubense Pablo Báez al contrabajo, durante su actuación del jueves. El onubense Pablo Báez al contrabajo, durante su actuación del jueves.

El onubense Pablo Báez al contrabajo, durante su actuación del jueves. / josué correa

Un observador poco atento podría aplicar en Huelva la frase de Leonard Feather ("España es un desierto para el jazz") pero no por falta de músicos locales, que los hay y muchos, sino por falta de escenarios. La escasez de iniciativa privada y las ordenanzas locales, que a menudo criminalizan la música en directo y la gravan con impuestos inexplicables, hacen que el jazz brille por su ausencia en la noche de Huelva.

En este orden de cosas, ese observador despistado podría sorprenderse de encontrar sobre las tablas del Gran Teatro a un músico de la talla del contrabajista Pablo Báez, onubense de nacimiento, a quien su calidad ha llevado por toda Europa acompañando a grandes músicos del flamenco y del jazz (Jorge Pardo, Perico Sambeat, Rubem Dantas, Jerry González…) y que ahora regresa a Huelva con un proyecto original, con composiciones propias que aparecerán próximamente en su primer disco como líder, El testigo.

Aunque Báez juega en casa, sabe que por estas tablas del Gran Teatro han pasado grandes de jazz (Chick Corea, Andrea Motis, Dizzy Gillespie...) y que el desafío es grande. Por eso, presenta un concierto jazzístico al cien por cien (aunque con algún invitado flamenco, como el guitarrista Angelito o el percusionista Vicente Redondo) y, aunque no es la presentación oficial, ofrece temas de su próximo disco, un álbum grabado en acústico fuera del estudio, una propuesta que suena a jazz moderno, híbrido, en el que el músico se reconoce el sonido natural del instrumento. Para afianzar esta propuesta, y a modo de desafío añadido (el jazz es riesgo), los músicos tocan sin amplificadores ni ningún tipo de enchufe.

Con este planteamiento, el concierto comienza con un solo de contrabajo, un fraseo místico que da pie un tema (Coe), delicioso, intimista, que define lo que será el concierto: un jazz de sensaciones y sentimientos. Como instrumentista, Báez lleva con su contrabajo el peso de todos los temas. Es un líder y arrastra al grupo, lo sostiene con su ritmo, sus walking bass y sus frases; como compositor, nos presenta un repertorio enorme en el que, en lugar de recurrir a fuegos artificiales, opta por la sensibilidad y la inspiración, con armonías acertadas, con alguna balada tocada con el arco (Oda, dedicada a su padre), con guiños a Huelva (My Werba, en la que había que encontrar la melodía de Mi Huelva tiene una ría), con interesantes arreglos sobre temas como Woody Woodpecker, con algún blues, con improvisaciones inesperadas, como la intervención del guitarrista Angelito al que Pablo acompaña improvisando con el contrabajo.

Pero no todo es inspiración esta noche. El escenario del Gran Teatro, vacío de amplificadores y tecnología, parece desnudo, especialmente por la deficiente iluminación. A esto hay que unir la dificultad añadida de que, por problemas de agenda, los músicos apenas han ensayado con anterioridad. Juanma Nieto a la batería está muy acertado durante todo el concierto y los músicos que le acompañan (Fernando Brox a la flauta y Juan Calero al saxo), buscados para la ocasión con apenas tiempo para ensayar, demuestran, como Báez, esa profesionalidad que hace válida la máxima del jazz de que la improvisación y la experiencia hacen la magia, de que el jazz es la música del momento y mañana sonará diferente. El resultado es coherente y mantiene hipnotizado al público durante todo el concierto. Y lo mejor es que está ocurriendo en Huelva.

El concierto termina con el tema que da título al primer disco de Pablo Báez, El testigo, una composición inspirada en la figura del Niño Miguel. Habrá que esperar al próximo concierto del Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz, que será el 20 de abril con el quinteto del también onubense Daniel Cano.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios