A falta de pan...¡ni tortas!

Talavante, en una sus faenas de la tarde. Talavante, en una sus faenas de la tarde.

Talavante, en una sus faenas de la tarde. / Alberto Domínguez

Talavante tiró al charco dos faenas que tuvieron el suficiente calado como para procurarle trofeos. Los habría conseguido si la espada, esa cruz que acarrea en los últimos tiempos el pacense, no se lo hubiese llevado lo llevó todo por delante. Sustituto de Manzanares, a Talavante le correspondió el mejor lote de cuvillos de toda la tarde. Al menos los suyos se movieron con más ansia que el resto, apuntando también en ese moverse al torete con pinta de novillote que entre pecho y espalda le endosó el ganadero a la corrida de ayer para abrirle a Roca Rey el camino de la primera, y única, oreja de la tarde.

Pues eso, que cuando no faltó toro, faltó acierto torero. Lo dicho, ni pan, ni tortas.

Como puede observarse, hasta esta altura de la crónica no ha llegado ni una palabrita de Morante. Hacerlo en la justicia debida debe pasar por explicar que ninguno de los dos cuvillos de su lote le dejaron hacer nada que potenciara las evidentes ganas con las que llegó desde el hotel. Lo del sevillano fue de silencio. Sin maestrante... solo silencio.

Ni su lote hizo ruido. Paraditos, sin motor el primero, tan sólo le dejó enseñarle el camino con tan extrema suavidad que ni el capote pareció arrugarse una mijita. A Morante se le espera en Huelva desde hace tiempo y desde luego, para los creyentes de su religión morantista, la espera debe seguir justificándose porque el de La Puebla no tuvo ayer toros donde trazar ese toreo que tanto llega a quien cree, y también a quien no cree y empieza creer. Como además Jose Antonio no es torero de cansar ni de cansarse, cuando adivinó que las posibilidades de su lote estaba bajo mínimos, abrevió.

Aceptable presencia del encierro de Cuvillo a excepción ese tercero, demasiado chico

Lo hizo ante el que abrió plaza cuando el animal se plantó después de segundo muletazo, y lo remató de la misma forma cuando al cuarto, un toro bien hecho y con sus kilos, le faltó la raza y el empuje con los que buscar una muleta que intentaba cuajar toreo. De ahí, a pasar a quitarle las moscas al bicho, fue visto y no visto. Con cierto empaque, eso sí. Dos cuvillos negados justifican a un Morante, que otro año más, se quedó sin argumentos ante La Merced.

Roca, quien venia de una severa voltereta el día anterior en el Puerto, no quiso quitarse de Huelva y a la postre fue el único en tocar pelo.

Talavante se llega el mejor lote pero no justifica con la espada dos buenas faenas

Fue ese tercer acto de la tarde un ejercicio de paciencia por parte de un público que pasó del llanto por la ínfima presencia de la cucarachilla que salió por toriles a rebozarse de alegría porque el peruano iba metiendo en la muleta el genio y temperamento del bichillo que a poco que le moviera la muleta se iba detrás de ella con casta en un embestida mas rebrincada que otra cosa, con un cabeceo molesto en los primeros compases de un trasteo que dominaba el torero.

Tras la cuarta serie con la diestra, la muleta y el animal se entendieron en el tiempo y a Roca Rey le salió el toreo mas sabroso de toda la corrida. Argumento sobrado para que después de esas manoletinas y la estocada que llegó certera, el palco le entregara la primera, y única oreja de un festejo del que desde luego se esperaba mucho más.

La faena de Roca Rey al tercero le deja al peruano el unico trofeo de la tarde

El sexto, más rematado en todo, no le dejó a Roca Rey emplearse en una faena con la continuidad precisa como para hacerla valer en el tendido. Una embestida áspera y muy poca clase dejó el intento en voluntad torera, que esta vez la espada no arrimó al éxito sino al silencio.

En cuanto a lo que pudo ser y no fue, se quedan esos dos trasteos de un Talavante que le echó raza a su primero, un toro con motor y genio al que el torero le tapó los defectos hasta pulir una embestida que terminó franca y transmitiendo a la muleta. En cuatro series de planta muy quieta y corriendo la mano sin que los pitones tropezaran la tela, Talavante cinceló lo de mas valor artístico hasta ese momento. Lástima que se enredara con la espada y del clamor al silencio solo quedo un paso. Todo eso en un toro al que Trujillo, esta vez a toro pasado, dejó los palos clavados y le hicieron salir a saludar al tercio. El hombre no quería pero el matador le dijo que si, y salió.

Parecido panorama planteó la faena de Talavante al quinto de la tarde, otro toro con posibilidades de ser cómplice de triunfo. Con menos clase en su embestida, el de cuvillo le permitió a Talavante correr la mano izquierda con buen trazo y mando. Tan fiel fue al argumento de su primero que también esta vez la espada le negó el pan y la sal de un triunfo, que por posibilidades y realidad, tuvo por momentos en su mano.

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