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La comunicación como vía a la felicidad

  • La periodista Elisa Macías defiende en su libro 'Educación positiva' el fomento del entusiasmo personal

Elisa Macías se dirige al público durante la presentación de su novela ayer tarde en la librería La dama culta. Elisa Macías se dirige al público durante la presentación de su novela ayer tarde en la librería La dama culta.

Elisa Macías se dirige al público durante la presentación de su novela ayer tarde en la librería La dama culta. / alberto domínguez

Genial, fantástico, estupendo, maravilloso. Sólo con leerlas y decirlas en voz alta, el cerebro las procesa y provoca una reacción química en el cuerpo que se traduce en sensaciones positivas. No es retórica. Esa percepción física está científicamente demostrada. Como el efecto contrario que producen términos como crisis u horroroso. Son palabras de "alta o baja vibración", aclara la periodista y escritora Elisa Macías, que se queda con las buenas, faltaría más. Invita a utilizarlas, a emplearlas para sustituir las de connotaciones negativas y promover así una nueva mirada a la vida, también a través del lenguaje cotidiano.

El Diccionario de palabras positivas es sólo uno de los apartados del anexo de ejercicios prácticos que deja Elisa en su libro Educación positiva (Círculo Rojo Libros), presentado en la tarde de ayer en Huelva, en la librería La dama culta. Es una novela corta, con un personaje central, una profesora de un instituto cualquiera, a la que sus clases de oratoria le llevan a distintas situaciones. Se puede leer como una obra más de narrativa, asegura su autora. Pero también de un modo más pausado, mirando entre líneas, descubriendo después, en ese epílogo que acompaña el relato principal, una serie de propuestas prácticas que van a decir mucho de cada lector y de quienes le acompañen en su experimento con esta "novela-juego", concebida en principio como un manual para hablar en público a usar en las aulas y en cualquier ámbito profesional o social.

Quienes acudieron ayer al acto de presentación les tocó hacer lo propio ante el resto del público. Y hablando "en camello". Sí, no es ninguna broma y tampoco una estupidez. Así, moviendo la mandíbula y la lengua de un lado a otro, intentando pronunciar su propio nombre, quien más y quien menos se atrevió a mostrarse en público, a compartir unas risas y a perder el miedo social.

Elisa Macías impartía clases de comunicación en un instituto, como parte del proyecto Prensa en la escuela, cuando descubrió los temores de los adolescentes a hablar en público, a comunicarse con sus compañeros. Sólo hacer un examen oral o exponer un trabajo ante el resto de pupitres en el aula genera en cualquier alumno más estrés y miedo que al propio suspenso en sí y al fracaso como estudiante. Por eso se planteó llevar el trabajo que desarrolló con ellos a este libro, ficción y reflejo de realidad, al mismo tiempo, que trata mucho de perder el miedo. Miedo a ser, a querer ser, a sentir, a expresarse y a mostrarse. También a descubrirse, a desnudar emociones ante los demás. A comunicarse. A hablar, simplemente.

En un mundo tan competitivo, hay miedo al error. Más grave todavía: miedo a que cualquier paso que se dé pueda llevar a la equivocación, asegura, por la inseguridad alimentada por una falsa concepción del éxito.

"Triunfar en la vida, alcanzar el éxito -apunta Elisa Macías- es hacer lo que realmente se quiere hacer, estar en paz consigo mismo". Tiene mucho que ver lo que habla con lo que se ve cada día en las aulas con los más jóvenes, que tratan de encauzar su vida profesional y laboral posterior a través de sus estudios.

Hay que recuperar, defiende la escritora, el entusiasmo. Y proclamar así la identidad. "Tan válido es quien pinta un cuadro como quien arregla un enchufe o es fontanero. A lo mejor alguien no vale para las matemáticas pero sí para componer música o para reparar coches". Es la parte en la que entra, en el plano educativo, la estimulación, "despertar lo que motiva a una persona". Porque, lamenta, se insiste en lo que se falla, en corregir lo que se hace mal, pero, pide, "vamos a centrarnos en lo que hacemos bien". "No hay dones o talentos de primera categoría. Todos son igual de válidos. Hay que encontrar eso que nos gusta hacer y nos motiva".

Es el camino que marca Educación positiva, el mensaje que lanza, más allá de la juventud y de las aulas. Una tarea que se alcanza también con ese manejo diferente del lenguaje a todos los ámbitos sociales, en un mundo quizá más deshumanizado, en el que hay una clara tendencia a perder la comunicación directa y reemplazarla por la virtual.

La periodista gaditana (de San Roque) Elisa Macías, apoyada por su socio y pareja, el isleño (de Pozo del Camino) Mateo Zamorano, insiste por eso en la comunicación positiva, en la educación, en la risa, en la inteligencia emocional. En esas herramientas que llevan a responder la pregunta elemental: ¿Para qué estamos aquí? "Para ser felices y hacer felices a los demás".

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