El trabajo como afición

Francisco Macías Ponce · Empresario

R.M. | Actualizado 25.11.2008 - 12:47
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Hay emprendedores que nunca han pedido un céntimo a las administraciones públicas para poner en marcha un negocio. Y aun así han conseguido levantar un pequeño imperio. Digamos que pertenecen a una especie de empresarios tocados quizás por el Stajanovismo-viceversa, un movimiento soviético que propugnaba el aumento espectacular de la producción, aunque en este caso en el sistema occidental. Es el caso de Francisco Macías Ponce, un puebleño (de Puebla de Guzmán) que marchó a Valverde del Camino hace treinta años para trabajar en una granja avícola propiedad, como no podía ser de otra forma, de un tal Pedro 'el Pollo'.

Desde entonces ha llovido mucho y Francisco Macías ha trenzado un grupo de empresas muy serio basado en una importante ferretería, Plásticos Carrillo, perforaciones de pozos, licencia de taxi en Huelva y su pequeña joya emocional: la archiconocida Venta Vaquero, ubicada junto al cruce calañés en la Nacional 435. Allí trabajó muchos años de alquiler, quiso convertirla en un hostal y al final acabó comprándola hasta con el decorado al estilo 'Cuéntame', que exhibe sin complejos. Al fin y al cabo Don Antonio y los Alcántara podrían celebrar allí uno de sus eventos familiares. El ambiente lo tendrían asegurado.

Ahora, con 61 años, ha convertido el hostal en una pasión viajera. Sus tres hijos, a los que envió a Estados Unidos a formarse y espabilarse empresarialmente, se encargan de mantener el resto del negocio familiar.

El prefiere seguir trabajando allí. Dice que "el trabajo es salud" y confiesa no haber cogido casi ninguna baja laboral en su vida y asegura que no "tengo tiempo para irme de fiesta. Me divierto así".

Quizás por cruzarse en su vida una esposa del muy relevante pueblo de Paymogo acabó enamorado del gurumelo (en febrero), seta a la que saca todo su esplendor culinario y tiene en un altar gastronómico. Ponce fue el pionero de colocar al gurumelo en la carta de tapas de los bares hace más de 25 años. Lo prefiere sólo, sal y su propio jugo. Un manjar. Además tiene un truco para conservarlo todo el año. Les aseguro que no es nada fácil congelar un gurumelo. Pero no se pierdan el cordero, los salmonetes y los revoltillos. Podrían ser de 'estrella Michelín'.
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