Toros

¿Por qué al toreo se le llama 'el arte de Cúchares'?

  • Francisco Arjona 'Cúchares' fue un líder con visión transformadora del espectáculo taurino y gran capacidad lidiadora

  • Nació en Madrid y murió en La Habana cuando iba a torear

Curro Cúchares, en una fotografía de Jean Laurent, en 1858. Curro Cúchares, en una fotografía de Jean Laurent, en 1858.

Curro Cúchares, en una fotografía de Jean Laurent, en 1858. / Jean Laurent

El matador de toros Francisco Arjona Cúchares (Madrid, 20 de mayo de 1818-La Habana, 4 de diciembre de 1868), de quien se cumple el bicentenario de su nacimiento, ha sido uno de los maestros fundamentales de la tauromaquia. Su gran carisma y su apuesta por el espectáculo total le convirtieron en pieza clave de la transformación del toreo, entre otras cosas, alargando el trasteo de muleta que hasta su época consistía en la preparación del toro para la suerte suprema. Así, desde el siglo XIX, al igual que al rejoneo también se le denomina 'el arte de Marialba' por un noble portugués que fue decisivo para la evolución del arte ecuestre, al toreo a pie se le conoce también por 'el arte de Cúchares'. Su manera de concebir las suertes contrasta con la seriedad rondeña de quien fuera su maestro, Pedro Romero. De hecho, un tratadista afirmaba que utilizaba "triquiñuelas, trampitas y monerías".

Pero Cúchares debió ser un extraordinario lidiador, a tenor de un artículo que rescato de mi obra LA LIDIA, en el que –con la litografía correspondiente referida a una gesta–, se recoge:

Ingresó en 1831 en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, que mandó fundar Fernando VII

"Se trataba de un toro en extremo codicioso y vuelto de cuerna que se comía literalmente el trapo... A los primeros pases un girón de la muleta quedó entre las astas de la res. Cúchares, en vez de cambiar de defensa, la presentó al cornúpeta nuevamente... sembrado el suelo de encarnados retazos y sin más línea divisoria que un trozo del tamaño de un pañuelo de bolsillo, el hombre rindió al bruto sin engaño... Y no se negará que más de floreos y accesorios, propios de su carácter, el famoso Curro hizo alarde, con este motivo, de una serenidad olímpica y de un conocimiento privilegiado".

Cúchares fue bautizado el 20 de mayo de 1918 en Madrid, donde nació ocasionalmente, ya que su padre, el banderillero sevillano Manuel Arjona Costuras, toreaba durante esa temporada en la capital española. Ingresó en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla en 1831, que fundó Fernando VII, donde inmediatamente

Cúchares, en una gesta recogida por la revista 'La Lidia'. Cúchares, en una gesta recogida por la revista 'La Lidia'.

Cúchares, en una gesta recogida por la revista 'La Lidia'. / D.S.

destacó. También absorvió la técnica a través de familiares profesionales –tenía sangre de los Herrera (encabezados por Curro Guillén) y los Rodríguez (por Joaquín Rodríguez Costillares)–. Debutó en Sevilla el 26 de julio de 1833, con 15 años, ante un eral. Aquel día, su padrino, Fernández de las Rozes, le regaló un capote de seda y un verduguillo. Tras su paso por la Escuela de Sevilla ingresó en la cuadrilla de Juan León –en aquella época, para alcanzar el doctorado había que forjarse antes como banderillero–.

Cúchares alternó por primera vez en Madrid el 27 de abril de 1840 y tomó la alternativa el 6 de junio de 1842. En su trayectoria hay que destacar la competencia con El Chiclanero, quedando líder en solitario tras la muerte de este. Ambos diestros, distanciados entre otras cosas por una agria disputa por la antigüedad, sellaron la paz en el ruedo madrileño el 5 de octubre de 1846. Cúchares toreó su última corrida en Sevilla el 21 de junio de 1868 y concedió sendas alternativas a su hijo, que se anunciaba como Currito, y a su yerno, Antonio Sánchez El Tato. Los tres fueron hermanos mayores de la Hermandad de San Bernardo.

Fue hermano mayor de la Hermandad de San Bernardo, en cuya parroquia está enterrado

La generosidad de Cúchares le hizo llegar al final de sus días sin que le sobrara el dinero. Viajó a Cuba para cumplir seis ajustes en 1868. En el primero, el 29 de noviembre, ya no pudo hacer el paseíllo por el vómito negro, falleciendo el 4 de diciembre en La Habana. Al año siguiente, Frascuelo promovió la repatriación a España de sus restos, que fueron depositados el 11 de enero en la parroquia de San Bernardo, bajo el altar del Cristo de la Salud.

Así murió Cúchares, un líder que por su gran carisma, su visión transformadora del espectáculo taurino, su capacidad lidiadora y solventes panegiristas, quedó inmortalizado como el hacedor del arte del toreo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios