Cuando lo más europeo era ver culebrones mexicanos por la mañana
Hace 40 años se estrenaban en la televisión en España, en TVE, las emisiones matinales
Desde Nueva York... Jesús Hermida
"El sol sale para todos"
Antes de que España ingresara en la Comunidad Económica Europea, lo que ahora llamamo UE, tan desamparada por los vaivenes geoestratégicos, la televisión por las mañañans era solo agüilla blanquecina, interferencias hertzianas ante el vacío total. Como mucho al filo del mediodía aparecía la carta de ajuste básica, la llamada manta, con su pitido insufrible, para anunciar esa orfandad de emisiones que para las generaciones actuales audiovisuales, tan estimuladas cada instante, percibirían como un apocalipsis de apagón como el del otro día. Hasta el 13 de enero de 1986 TVE, la única , arrancaba a las tres de la tarde, después del llamado Programa regional simultáneo, para nosotros, Telesur. Y por entonces el magacín Hoy mismo, con Joaquín Petit, que comenzaba a la una de la tarde. Cuarenta años atrás las mañanas eran solo para la radio, para Luis del Olmo y para un recién llegado a esa franja, Iñaki Gabilondo.
El primer gobierno de Felipe González, que había aparcado las licencias privadas de televisión, tenía frenado el eje por TVE, reconvertida herramienta del franquismo (en la tele culminar la transición costó algo más) con la que se quería mantener ese control tan influyente. Controlar la tele era asegurarse, como se dice ahora, el relato. Un tic de control político que siguen arrrastrando todas nuestras cadenas públicas desde el pecado original franquista.
Pero en un país recién incorporado a la CEE no quedaba decoroso ese cerrojo televisivo. País Vasco (ETB, desde 1982) y Cataluña (TV3, desde 1983) fueron las primeras comunidades autonómas en seguir su camino audiovisual (Galicía, con TVG lo haría en 1985) y se rompió así el monopolio de RTVE, que terminaría de desatarse a nivel nacional en 1989, año en que nació también Canal Sur. Con las pioneras autonómicas tuteladas por sus respectivos gobiernos se vino abajo el proyecto de un tercer canal, el de proximidad, que se había planeado para aumentar la oferta de TVE. Ante ese nuevo panorama de canales el director general de RTVE, José María Calviño, amplió los horarios de la Primera Cadena. Ya dejó de producirse la interrupción en la sobremesa, en 1983.
Con la incorporación a la CEE y a la espera de dar vía libre a los obligados proyectos privados, TVE dio imagen de esa ‘europeización’ ampliando su horario a primera hora de la mañana. Una ‘modernidad’ que nos equiparaba a los países de nuestro entorno. Comenzar las emisiones del primer canal a las siete y media de la mañana era una manera de hacer más visible esa entrada. La medida ampliaba los contenidos a 1.500 horas anuales, un problema para un ente público que generaba sabrosos beneficios (cómo cambió el cuento). Para inaugurar ese obligado horario matinal se buscó una fórmula fácil y relativamente barata.
La redacción del llamado Telediario 4, el de medianoche de la Segunda Cadena, pasó al matinal. Era el equipo de Felipe Mellizo, el primero en presentar un informativo sin corbata. Todo un revolucionario. A su lado estaba Sandra Sutherland, que se convirtió en la chica matinal del Telediario junto a Carlos Múgica Goñi, que terminaría de actor en series. Sutherland se jubiló hace dos años.
El informativo copaba la mayor parte del espacio despertador llamado Buenos días. Como conductor estaba el almeriense, José Antonio Martínez Soler, émulo de esos presentadores británicos, franceses de un horario que en Europa era ya una costumbre junto a Leonor García, que procedía del informativo Telecentro. Al Buenos días le sucedía el aerobic de Eva Nasarre, Puesta a punto, que pasaba así desde las tardes del UHF.
Tras reposiciones de programas de la noche, la estrella del mediodía, para generar nuevos hábitos, era la pomposa Dinastía, rival de Dallas. Los Carrington aparecían a las 11:30, dando aires de prime time. Franja que se pensaba para jubilados y amas de casa. Tras Dinastía y a la espera de las desconexiones regionales se ofrecía en rodillo las emisiones del teletexto (se llamaba “Telecinco”), una cutrez que ahora abochornaría.
Pero de toda esta nueva oferta lo que caló de verdad fue la historia de Mariana, la protagonista de Los ricos también lloran. Los españoles descubrieron las bondades europeas junto a los culebrones hispanoamericanaos y el primero en llegar fue esta historia de la mexicana Televisa de 1979. Había existido una tácita prohibición de no adquirir telenovelas porque se suponían una competencia desleal para los actores españoles. Pero eran tan baratos y generaban tanta audiencia fiel que se instalaron de inmediato. En TVE, en las autonómicas y en las privadas.
Con Los ricos también lloran la gente quedó asombrada por los acentos, la ropa hortera, los decorados de cartón. La audiencia se quedó enganchada a Mariana Villarreal (y su amor, Luis Alberto) para untar sus lágrimas en el mollete. A las nueve y media en 1986 media España, que podían ser nueve, diez, millones de espectadores, desayunaba con culebrón mientras Europa nos inyectaba millones para quitarnos la caspa.
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