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  • El bordador Manuel Solano muestra su satisfacción por el trabajo realizado. Juan Robles asegura que ahora en el palio mejora su visión

Aspecto del manto de la Virgen del Amor ya puesto en su paso de palio. Aspecto del manto de la Virgen del Amor ya puesto en su paso de palio.

Aspecto del manto de la Virgen del Amor ya puesto en su paso de palio. / Josué Correa

El bordador del manto de la Virgen del Amor Manuel Solano se encuentra bastante satisfecho por el trabajo realizado, “porque la gente está muy contenta con el trabajo hecho y así nos lo ha manifestado”.

Juan Robles, autor del diseño del manto asegura que ha quedado “inmejorable”, dice que “confiaba en Manolo Solano, pero además ha sacado el triple del buen aspecto que tuviera que tener, es un profesional del diez; no solo ha cumplido con el diseño sino que le ha sacado un gran partido a todo”.

Un trabajo que ha salido del taller de Manuel Solano en Morón de la Frontera (Sevilla), en el que han trabajado hasta 15 personas. Después de tres año de dedicación y de muchas visitas al taller de los hermanos de las Tres Caídas, ahora era verlo “en su sitio, en Huelva”, “sentir el impacto que la obra iba a tener y lo ha conseguido”, dice el bordador.

Como señala Manuel Solano, para su taller es una gran oportunidad hacer un trabajo como este porque “un manto no se hace cada año”. Se trata de un “trabajo de más envergadura” que al final tiene al taller pendiente de esta pieza durante tres años, aunque en este tiempo no dejaron de atender a otros encargos, pero el manto fue el que marcó la actividad bordadora.

Manuel Solano reconoce que dedicaron mucho más tiempo de lo que tenían previsto. “Nos ha superado el tiempo, era mucho más de lo que te podías imaginar”. Ocurre que se han volcado de una manera especial con el encargo, con muchos detalles, con trabajos en el mismo tejido, flores, hojas...

El manto es una alarde de buen hacer artesanal y se han empleado en el mismo todas las técnicas tradicionales de realce, están todos los de puntos del bordado, hay bastante hojillas, mucha cartulina. Son todo técnicas de gran calidad que llevan bastante dedicación porque se utilizó un oro muy fino.

Tras su exposición en el Ayuntamiento quedaba verlo colocado en el paso y eso ocurrió ayer, porque se trata de un diseño radial y los bordados deben caer en las tirantas del colero y los canelones en la parte lisa para que todo se vea bien y luzca. Juan Robles asegura tras verlo colocado en el colero, ajustados los radios sobre los que tiene que ir, “el manto en el paso ofrece un mejor aspecto y el diseño cumple su misión”.

El diseño es radial o en abanico, confluyen sus nervios de forma apuntada sobre las sienes de la Virgen, en disminución desde la cola hasta la zona más alta, con lo que el manto podría portarse también sin toca. Los once nervios que conforman el bordado del manto podrían clasificarse en tres tipos, en función de su volumen, su simbología, su posición y su tamaño.

El nervio central es el eje fundamental que vertebra el diseño del manto. Es el que más piezas bordadas contiene y el más destacado por su anchura e importancia visual, además de por su altura, que sobrepasa los hombros de la Virgen. De él nacen, además, diversos elementos que se integran en otros seis nervios. Partiendo desde su base encontramos una pieza simétrica, a modo de nudo, donde se unen diferentes hojarascas que desarrollan el dibujo de manera ascendente y perimetral a la cola del manto.

En esta base se encuentra la primera de las doce coronas repartidas por todo el manto , y a ambos lados aparecen dos piezas muy singulares, dos pasa-cintas en color rojo, que también se observan la bambalina del palio, enmarcando las pinturas.

Las coronas que acompañan a las ramas de palma, símbolo de triunfo, representan las virtudes de la Madre del Señor. Doce gracias que María demostró durante su vida: la humildad, la fe, la obediencia, la caridad, la sabiduría, la piedad, la paciencia y fortaleza ante el dolor, la pobreza llevada con dignidad, la esperanza, el amor ardiente a Dios, la modestia y la pureza virginal de María. Estas doces virtudes fueron descritas y recopiladas de las Escrituras por Su Santidad Pablo VI en su exhortación apostólica Marialis Cultus para la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen.

La cola del manto acaba en pico, con una cartela en la que se podrá leer “Yo soy la Madre del Amor Hermoso”, frase que aparece en el Libro del Eclesiástico del Antiguo Testamento, capítulo 24, versículo 18. Remata el manto una cenefa bordada, prescindiendo de encaje dorado.

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