La Merced acoge un Vía Crucis histórico con El Descendimiento

Es la primera vez que la remodelada plaza es el principal escenario de uno de los momentos más esperados por todos los cofrades onubenses

El Descendimiento mira al cielo en un Vía Crucis histórico

El Descendimiento, en Vía Crucis.
El Descendimiento, en Vía Crucis. / Josué Correa

El Cristo del Descendimiento realizó este lunes el Vía Crucis oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva, una cita que ya forma parte de los libros de historia de la Semana Santa onubense. Quince estaciones para recorrer la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, en un escenario inédito: la Catedral de La Merced, desde la que partió por primera vez este ejercicio público de fe.

Apenas habían pasado unos minutos de las 20.00 cuando las puertas de la Catedral se abrieron. El Cristo del Descendimiento cruzó el umbral en medio de un silencio denso, roto únicamente por el murmullo del viento y los sones solemnes del Coral Liceo de Música de Moguer, que acompañaban de solemnidad la escena con la que cada año de alguna forma se anuncia que ya queda menos para la Semana Santa. La amenaza de lluvia, que había mantenido en vilo a la hermandad durante toda los últimos días, quedó finalmente en nada. El cielo respetó el momento.

El Cristo descendiendo por la plaza de La Merced.
El Cristo descendiendo por la plaza de La Merced. / Josué Correa

En una Plaza de La Merced remodelada, amplia y aún por estrenar para un acto de estas características, el viento apagaba por momentos las velas mientras el Cristo se detenía para escuchar la primera estación. Poncio Pilato sentenciaba a muerte a Jesús, y la plaza, pese a su amplitud, se recogía en torno a la imagen con un respeto absoluto.

Apenas unos metros más adelante, tuvo lugar la segunda estación, Jesús tomando el camino del Gólgota. El rezo del Ave María puso voz a una escena que avanzaba lentamente, estación a estación, con un ritmo pausado, casi pedagógico, permitiendo que cada pasaje calara entre los presentes.

Las velas de los cirios resistieron ante el viento en la plaza.
Las velas de los cirios resistieron ante el viento en la plaza. / Josué Correa

El Cristo, portado en todo momento en los hombros de los cargadores de la Hermandad, fue avanzando y deteniéndose una y otra vez para escuchar cada lectura. Jesús cayó por primera vez al enfilar la zona más alejada de la Catedral. Cerca del paso de peatones que conecta la plaza con la calle Vázquez Limón, Simón de Cirene ayudó a Jesús a llevar la cruz, tal y como reza la Biblia.

El Vía Crucis comenzó entonces el giro de regreso. La plaza se fue cerrando poco a poco mientras el Cristo del Descendimiento completaba su camino hacia el Calvario. La Crucifixión, la Muerte y el Descendimiento se sucedieron con solemnidad hasta llegar al entierro del Señor, representado al pie de las escaleras de la Catedral, con la Plaza de La Merced como testigo y marco definitivo. Tras esto, tuvo lugar una última estación, la de Cristo resucitado, en la que la vida supera a la muerte poniendo fin al Vía Crucis.

Desde allí, el Cristo inició el regreso a la parroquia Mayor de San Pedro, desandando el camino recorrido el pasado sábado. Un regreso sereno, sin prisas, con la sensación compartida de haber vivido una jornada histórica, soñando ya, como tantas veces ocurre en la Semana Santa, con el próximo Viernes Santo.

El Cristo, bajo la luna de Huelva.
El Cristo, bajo la luna de Huelva. / Josué Correa

Cada una de las quince estaciones estuvo representada por, al menos, una hermandad de Huelva, en un ejercicio de comunión cofrade. El Descendimiento, designado por tercera vez para presidir el Vía Crucis —y tras no poder hacerlo en 2013 por la lluvia—, pudo finalmente completar un rezo largamente esperado.

Esta vez, el cielo concedió la tregua. Y Huelva respondió con silencio, respeto y memoria.

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