El cautivo

Penitencia bajo el sol abrasador

  • El calor marcó el recorrido de los de la Hispanidad y su entrañable visita a los ancianos en el asilo

HUBO quien añoró ayer el clima mucho más incierto del año pasado. El sol calentaba la plaza de la Misericordia mucho antes de que la cruz de guía de la Hermandad de Penitencia del Santo Cristo Cautivo y María Santísima Madre de la Misericordia asomase por el dintel de la puerta de la capilla, tras la que esperaban cientos de incondicionales de la cofradía de la Hispanidad, una de las que imprimen color de barrio a la jornada de Lunes Santo de la Semana Santa de Huelva.

Ya dispuestos en el exterior, parte de los 400 nazarenos que acompañan los dos pasos de esta hermandad, 35 más que el año pasado, tras una cuidada organización previa en el interior de la parroquia del Pilar imprescindible para que el cortejo fluya a lo largo del extenso recorrido que afronta en su estación de penitencia.

Mientras los hermanos ultimaban los preparativos para la salida y con la entrega de insignias, el capataz del paso de misterio del Cautivo, José Antonio Vargas, repitió una ceremonia con la que cada año, desde el Lunes Santo de 1986, la imagen del Señor del célebre escultor ayamontino Antonio León Ortega encara su camino. La primera levantá, la que indicó el arranque de la procesión de ayer desde la Hispanidad, la cedió a una conocida vecina del barrio llamada Julia, que fue la encargada de dar el golpe con uno de los llamadores más característicos de la Semana Santa onubense: un martillo de plata en forma de ancla con el escudo del Recreativo de Huelva.

"Sin correr, siempre de frente -ordenó Vargas-, vamos con el rey de la Hispanidad a la calle". Y así lo hicieron los costaleros del Cautivo, de estreno de su nueva parihuela en su paso y cíngulo, que en una sola chicotá recorrieron la plaza seguidos por los sones de la banda de la Virgen de la Salud.

Acto seguido se produjo la levantá de la Virgen de la Misericordia, que siguió los pasos de su hijo hasta alcanzar una de las citas más esperadas de la jornada: la visita a los ancianos del Asilo Santa Teresa Jornet, un momento que volvió a conmover a quienes acompañaban a los titulares de la hermandad. Allí, Mario Garrido y Andrés El Lepe interpretaron saetas alusivas a la tradicional parada del Cautivo en el asilo tras los que la concurrencia prorrumpió en aplausos.

Antes de seguir su camino hacia la carrera oficial, una de las hermanas del asilo, que por primera vez vivió ayer el vínculo con la cofradía de la Hispanidad, realizó la levantá del Cristo, mientras que la de la Virgen de la Misericordia -que se despidió de los ancianos con los sones de Rocío y Costalero interpretados por la Banda Municipal de Villalba-, corrió a cargo del0 obispo de Huelva, José Vilaplana, que acompañó a la madre superiora en la entrega de la ofrenda floral que ya es tradición.

Con el mismo orden y esplendor con el que habían recorrido su camino hasta el centro, la hermandad alcanzó la carrera oficial con absoluta puntualidad y ya aliviados de la canícula que les acompañó en la primera parte de su estación de penitencia.

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