Hermandad de la Buena Muerte de Huelva 2019 Inicio del Jueves Santo desde las Agustinas

  • La hermandad pide una hora de moratoria ante las inclemencias meteorológicas

El Cristo de la Buena Muerte. El Cristo de la Buena Muerte.

El Cristo de la Buena Muerte. / Canterla (Huelva)

Tras agotar la hora de moratoria la Hermandad de la Buena Muerte inició su caminar por las calles del centro de Huelva, iniciando las salidas procesionales del Jueves Santo. A las ocho y veinte de la tarde la cruz de guía, seguida por el cortejo de penitentes, que salió del colegio Santa María de Gracia, llegó a las puertas de la Iglesia conventual de las Madres Agustinas en la calle Tres de Agosto, donde el paso del Cristo se disponía a abandonar el templo.

La cruz de guía fue avanzando en una calle llena de gente abriendo la comitiva de penitentes, mientras los costaleros sacaban de rodillas el paso del Cristo de la iglesia, que fue recibido con aplausos por las personas allí congregados. Una vez fuera, en la rampa, se elevó lentamente la Cruz, que previamente tuvo que bajarse para poder pasar por la puerta.

A los sones de la Banda de Cornetas y Tambores Cristo de la Expiración y entre una nube de incienso, el paso de caoba, con un monte clásico de claveles rojos, se dirigió hacia la Plaza de las Monjas para continuar por la calle Vázquez López, en lugar de su recorrido habitual por Pérez Carasa, Miguel Redondo, La Paz, Murillo y Gobernador Alonso, donde la Cruz de Guía tuvo que dejar pasar a la Hermandad de la Misericordia.

Procesión de la Hermandad de la Buena Muerte 2019 / TERE LOJO

Faltaban cinco minutos para las nueve de la noche cuando el paso de palió atravesó el dintel de las puertas de la iglesia. Llevaba un lazo negro por dos hermanos de la cofradía y por la madre del director espiritual y vicario para la celebración de la Fe, Emilio Rodríguez, quien fue presidiendo el paso de la Virgen.

Nuestra Madre de la Consolación lució el restaurado aro de estrellas, en el que se ha recuperado el dibujo original de Manuel Seco Velasco, y el rostrillo, de lamé de plata, con un toque agustiniano, donado por Concepción Fuentes. En su mano, la titular de la cofradía llevaba un pañuelo que perteneció a la madre del padre Emilio.

Entre los estrenos, dos faroles de la canasta. También se recuperó la colocación del sudario de la cruz del palio, recordando una estampa de los años ochenta. Para el exorno floral se utilizaron doce tipos de flores, de tonalidades malva, morado y rosa.

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