Vía Crucis Oficial El centro, un punto de encuentro con Jesús

  • El Señor de la Expiración, en el paso del Corpus de esta hermandad, preside el vía crucis del Consejo y congrega a un buen número de cofrades de la capital

El Señor de la Expiración ante la Iglesia de San Francisco. El Señor de la Expiración ante la Iglesia de San Francisco.

El Señor de la Expiración ante la Iglesia de San Francisco. / Josué Correa (Huelva)

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La Cuaresma de este 2019 dio este lunes un paso decisivo con la celebración del vía crucis oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías que tuvo como titular al Señor de la Expiración y que se celebró en la Plaza de la Constitución.Se trató de un acto piadoso perfectamente organizado por la Hermandad de San Francisco que vive este año, la celebración de sus 125 años de existencia. Tal y como indicó el obispo de la Diócesis, José Viaplana, “habéis convertido el centro de la ciudad en un punto de encuentro con Jesús, en un oasis de paz”.

Intensa fue la tarde que acabaría, como ya se ha comentado, en la Plaza de la Constitución, un enclave que se llenó de devoción y Padrenuestros que acompañaron el rezo de las quince estaciones del vía crucis.Las puertas de la Capilla de Esperanza Coronada se abrieron a las 19:30 teniendo como primer punto de destino, el convento de las Hermanas de la Cruz. El Señor fue precedido por una larga comitiva abierta por la cruz de guía de la Esperanza a la que seguían miembros del grupo joven de la hermandad y el cuerpo de hermanos con cirios que avanzaron en fila de tres.

Tras el estandarte de la hermandad, los representantes de las distintas hermandades de penitencia por orden de salida procesional en Semana Santa. Antes del paso del Señor, iban situados miembros del Consejo de Hermandades y la presidencia con el alcalde Gabriel Cruz, el hermano mayor, Alfonso Díaz; el presidente del Consejo de Hermandades, Antonio González; el delegado diocesano Emilio Rodríguez y el pregonero de este año Manuel Jesús Rodríguez.

Tanto Alfonso Díaz, como Gabriel Cruz y Antonio González se introdujeron en el interior del convento de la Plaza Niña cuando la presidencia llegó a su altura. Las religiosas entonaron, en canto, el famoso poema de Santa Teresa de Jesús que tiene como comienzo:“No me mueve mi Dios para quererte...”La comitiva alcanzó la Gran Vía a la altura del Tartessos para adentrarse por San Salvador. En todo momento, el recorrido fue seguido por un nutrido número de personas que volvieron darse cita de manera más numerosa, ante las puertas del templo de San Francisco. Fue ahí donde el obispo Vilaplana se incorporó a la comitiva y donde se rezó la primera de las quince estaciones del vía crucis.

La Plaza del Ayuntamiento estaba a oscuras a excepción del alumbrado de la fachada del Ayuntamiento. En su perímetro se situaron 14 representaciones de hermandades de especial vinculacion con la Esperanza y que ostentaban sus cruces de guía. En la acera del Deutsche Bank se situó una tarima en el que tres hermanos:Alfonso Varela, Rafael Román y Aurora Lérida fueron leyendo el texto de las estaciones. Junto a ellos se situaron Opus Vocis y el órgano de David López que fueron los encargados de la parte musical, tal y como lo había hecho el trío de capilla del Liceo de Moguer durante el recorrido.

La bella imagen del Señor de la Expiración fue portada por 32 hombres en el paso del Corpus. El recorrido por la Plaza de la Constitución dio comienzo en la calle Arcipreste González García para coger la plaza por el lateral de Hacienda y de este modo, recorrer todo ese perímetro hasta llegar finalmente a Miguel Redondo por donde la comitiva inició el camino de regreso a la capilla.Antes de la conclusión definitiva del acto, José Vilaplana subió al estrado para dirigir unas palabras a los asistentes. Agradeció a la Esperanza el haber convertido el centro de la capital “en un punto de encuentro con Jesús; en un oasis de paz”.

El obispo de Huelva conminó a los allí presentes a seguir ayudando a los necesitados porque eso se lo hacemos al Señor mismo. Asimismo se congratuló d que tras su muerte, “nos dio su Espíritu para que nos ayude y que podamos ser sus testigos en este mundo”.

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