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La Cantonera

¡Cofrades... a la calle!

Pedro Cintado García.

Pedro Cintado García.

Permitidme esta forma de expresión a modo de grito desesperado, ya conocido por muchos de ustedes de modo simpático, porque de esa forma deseo sacar toda la furia interior contenida en mí durante estos dos largos años. Y más ahora que parece que volvemos a la normalidad. Una normalidad real que los cofrades asumimos con sus anomalías propias, como las inclemencias meteorológicas que parecen amenazar los desfiles procesionales de este año y cuyos riesgos darán más de un dolor de cabeza a algunas juntas de gobierno de hermandades a las que, en su decisiones finales, les pesará los dos e incluso tres años anteriores sin salir.

Los cofrades, desde un primer momento, ante la situación provocada por la pandemia, hemos sido responsables, muy responsables e incluso diría que demasiado responsables, en algunas ocasiones. De tal forma que hemos sido uno de los últimos movimientos sociales en incorporarnos a la nueva normalidad. Hemos asumido, sin rechistar, que no podíamos realizar nuestras manifestaciones públicas de fe, mientras que notábamos que la norma era más permisiva con otros colectivos sociales que parecían tener muchos más derechos y pocos deberes.

Fuimos los más solidarios, los primeros en reaccionar ante la gravedad sanitaria de la pandemia y demostramos nuestra demostrada eficacia, mientras que la pesada maquinaria gubernamental tardaba en arrancar. Los sanitarios tuvieron que acudir al voluntariado donde, una vez más, las hermandades encabezaron acertadas medidas para solventar las necesidades más urgentes.

A la misma vez que mejoraban las condiciones sanitarias de la población debido a la eficacia de los profesionales, el porcentaje de vacunados e incluso la percepción mental de la gravedad de la pandemia, hemos visto cómo se han ido incorporando a la vida social actividades públicas numerosas. De tal modo, hemos podido asistir a las más variadas manifestaciones reivindicativas sociales. Lo mismo ha ocurrido con la asistencia a los campos de fútbol, mítines políticos, compras de Navidad en grandes centros comerciales, comidas de empresa, cabalgatas de Reyes, carnavales, cines, teatros con aforos completos… Todo ello sin tener en cuenta (como si no importara) la incidencia de casos en cada momento y con unas medidas preventivas cuestionables en su ejecución.

Ahora, aunque seamos de los últimos en incorporarse, venimos con una fuerza tal que no hay quien nos pare. No entendemos motivo ético alguno para quedarnos en casa; al contrario, ha llegado el momento de reflejar en la calle todas las vivencias de años anteriores.

De esta forma, los pequeños de la casa que sufrieron ese confinamiento tan horroroso, tan grande como la bastilla que han tenido que sacar de sus túnicas, volverán a acercarse a Jesús, entrando triunfalmente por las calles de Huelva.

Nuestros ancianos que tanto sufrieron esta pandemia volverán a asomarse a la baranda del Asilo y, aunque al mirar a su lado, les falten algunos compañeros de hogar, de los que ni siquiera se pudieron despedir, siempre tendrán al que nunca les abandona: su Cristo Cautivo.

El Señor de Pasión, volverá a cargar nuestra Cruz con el dolor más grande soportado por nuestras penalidades pasadas pero este año, al fin, con mayor majestuosidad y porte, si cabe.

Y el Señor de la Victoria, volverá a visitar las instalaciones de urgencias sanitarias, mientras que en señal de agradecimiento se encenderán las sirenas de sus ambulancias, porque esos soldados, héroes de la salud, nunca olvidarán que cuando nadie tenía capacidad para ayudarles, allí estaban las hermandades cediendo sus instalaciones para lavar sus equipos infectados, confeccionando mascarillas e incluso batas sanitarias para su protección personal.

Sin lugar a dudas, nos hemos ganado a pulso esta Semana Santa en la calle y con todo su esplendor se la deseamos mostrar a los onubenses como recitaba nuestro pregonero Jesús Flichi: "¡Abre Huelva tus ventanas! / ¡Abre Huelva tus balcones! / Que el sol de esta primavera / disipe los nubarrones, / que tuvieron confinadas / todas nuestras ilusiones".

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