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Cortegana y el valor de su Semana Santa

CORTEGANA Y EL VALOR DE SU SEMANA SANTA CORTEGANA Y EL VALOR DE SU SEMANA SANTA

CORTEGANA Y EL VALOR DE SU SEMANA SANTA

La primera frase que el viajero puede leer, cuando llega a Cortegana, marca el eslogan turístico con que fue bautizada,Cortegana: un paraíso por descubrir. Un paraíso, creado por el mismísimo Dios, para mantener vivo el espíritu de Adán y Eva. Cuando la primavera serrana, establece como nadie, la madre naturaleza es imparable, el esplendor de su belleza. Siendo ese el instante, en que esta villa, abre de par en par, las puertas a su particular paraíso, y ofrecer la manzana del pecado cristiano, que todos los corteganeses muerden, para posteriormente y en pleno Domingo de Resurrección marcar las pautas cara al perdón anual, con el que el corteganés vive hasta la siguiente Semana Mayor. Un paraíso cristiano y de amor, llegada su Semana Santa, para revivir los versos del poema de Antonio Machado, que Joan Manuel Serrat, hizo popular en una de las marchas procesionales más hermosas y mundialmente conocidas de esta festividad cristiana: “¿Quien me presta una escalera / para subir al madero/ para quitarle los clavos/a Jesús el Nazareno?”. Un paraíso, el de Cortegana, que entre nubes celestiales camina durante siete intensos días por sus plazas y calles, para rezarle a su manera y con intenso amor a Jesús Nazareno y a su Sagrada Madre. Cuando suena en el eco de la tierra serrana, como banda sonora, el sonido de una marcha de nombre Pasan los Campanilleros.

Cortegana, y el valor por descubrir su Semana Santa, la que aglutina un total de 2.800 hermanos, que configuran el indiscutible ejercito oficial, que conlleva la suma total de todas y cada una de las hermandades de esta localidad serrana. Para revivir en Cortegana, el particular cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras, echa flores a Jesús de la Agonía. Porque, esa belleza y valor, se puede descubrir en la alegría infantil e inocente de los niños, en la matinal del Domingo de Ramos, que, es diferente a cualquier domingo del año. Jesús, alegre y feliz sonríe a los niños y sobre una borriquita, comienza a dar los primeros pasos de su Pasión y Muerte. Un domingo santo, para también clavar en nuestro personal campo visual al Señor de la Oración y mirar al cielo corteganés, cuando la tarde ya va cayendo, pareciendo sentir los pasos de una guardia romana que vienen a apresar a Jesús de Nazaret, guiados por Judas Iscariote. Y en esa oración, Cortegana, se rinde definitivamente a los pies de un hombre, que como bien pregonaba el periodista Carlos Herrera: “Jesús, ese humilde hombre, que mas de dos mil años después, sigue siendo la indiscutible figura central de la humanidad”. En un Domingo de Ramos, lleno de pasión y de flores, lleno de cirio procesional.

Un paraíso en Cortegana, y contemplar desde este lugar privilegiado la indiscutible belleza de María, reflejada en diversas advocaciones y con hermosos nombres (de la que ya escribí la pasada Semana Santa, en las páginas de este mismo diario). Y en todas ellas, encontrar la fortaleza del corazón de Madre, y a la vez, el insuperable dolor de ver a los pies de la cruz la muerte del Hijo Amado. Un paraíso, para sentir cada Miércoles Santo, la dolorosa flagelación del Hijo de Dios atado a una columna de mármol, en una humildad impecable, cuando el Camposanto corteganés se queda huérfano de su Cristo protector y guardián de las almas de los seres queridos, que ahora duermen en la eternidad, y seguir recordando, en su propia voz, “mi reino no es de este mundo”. Cortegana, en un paraíso por descubrir, dentro de la belleza de la primavera, cuando la alegría esta en las calles, atrás quedó el frío invierno, y todo se renueva y renace en la plenitud del hermoso regalo, que es la vida. Y en esa fortaleza cristiana, en la tarde del Jueves Santo, un pueblo entero se aglutina a las puertas de una ermita, que cada viernes es visitada, para visionar la que muchos consideran, la más impresionante talla de la Semana Santa de esta localidad serrana, bautizada con el nombre de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Señor de Cortegana.

La salida desde su ermita. La expresión de su impresionante rostro. La ubicación de sus manos, sobre la cruz, el dolor en la luz humana de sus ojos, cualquier mínimo detalle llega al corazón del buen cristiano. Para mirar al cielo. De un cielo purificador, y descubrir que Cortegana, sigue siendo sabia en el rezo de su particular Padrenuestro. Y componer unos versos que pueden así decir: “Por Dios/ que callen las cornetas/ va naciendo la tarde/ Que se silencien los tambores/ porque esta saliendo en Cortegana/ Jesús con la cruz a cuesta/ el Dios del amor y el perdón/ en esta villa serrana”.

Y es que esta Semana Santa, posee en el legado patrimonial y la fe heredada de generación en generación, dos de sus principales valores. Y así, en este paraíso llamado Cortegana, aún nos queda por descubrir, en plena madrugada santa, el recogimiento, la fe y el silencio, en una de las estaciones penitenciales, con mayor arraigo en esta villa serrana, la que protagoniza, con el sonido de los pasos de los hombres y mujeres que acompañan al Cristo de la Buena Muerte, el más impresionante (por su tamaño) crucificado corteganés y que fue restaurado de manera espectacular por el imaginero local, Miguel Ángel Pichel Rodríguez. En el, puede visionarse, la expresión de su rostro cuando ha expirado, y espera su resurrección. O la perfecta configuración de su figura. En una madrugada, donde Cortegana, queda hipnotizada por el amor cristiano. Un madrugada de nostalgias y recuerdos.

Y con los ecos de ese silencio, Cortegana, se prepara para visionar la salida más espectacular de su Semana Santa, donde hasta turistas de Sevilla, Badajoz, Huelva o Madrid, buscan un sitio privilegiado en la tarde del Viernes Santo, en los alrededores de la Iglesia de San Sebastián, para visionar la espectacular salida del Vera-Cruz, uno de los crucificados más hermosos de la provincia de Huelva y de grandísima devoción entre los corteganeses. Cortegana, paraíso por descubrir en una Semana de Pasión, donde su gastronomía tampoco podía faltar, con platos estrellas dentro de esta fiesta. Platos elaborados, con mimo, con amor y con pasión, en las cocinas de los hogares corteganeses.

Y con el sabor de esos platos, culminados por las tradicionales, torrijas o el exquisito arroz con leche, el brillo del hermano sol, se mantiene vivo y llegar con ello al Sábado Santo, y por tanto, ejecutar allí la estación penitencial del más sagrado y poderoso entierro que jamás nadie vivió, para posteriormente dormir la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, durante el resto del año, no en el camposanto de esta villa serrana, sino en la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, y allí, establecer la visita diaria, a un hombre, cuyo cuerpo yace sin vida física, pero que luce un brillante esplendor, en la eterna resurrección, para seguir guiando, paso a paso, nuestro caminar desde su propio reino.

Paraíso de esta localidad y su particular Semana Santa, y recuperar aquí, lo que tuve el honor de pregonar, en la Semana Santa corteganesa, el lejano marzo de 1999, “Cortegana, un año más, abre sus corazones, para recibir con gran entusiasmo, su Semana Santa. En esta fiesta se entremezclan las emociones muy difíciles de contener del pueblo llano, limpiando de pureza, como han demostrado a lo largo de los siglos los hombres y mujeres de Cortegana. A lo largo de siete intensos días, viviremos emborrachados de una olor diferente. De un amor sin límites y sin egoísmos. De un amor, con un solo destino, llamado, Jesús de Nazaret”.

Así es, Cortegana y el valor de su Semana Santa. Una Semana Santa, que hay que vivirla, para comprender el amor y la devoción, que los corteganeses sienten hacia ella. Merece la pena descubrirla. Vengan a Cortegana, háganlo. Porque el Hijo de Dios y de María, parece vivir de manera diferente, su Pasión y Muerte, en esta localidad serrana. Bendito, el paraíso por descubrir en Cortegana, y el de su particular Semana Santa. Vengan a Cortegana, para descubrir , desde otro prisma, el mensaje de Jesús de Nazaret al mundo. Sus palabras. Y su amor por la vida. Así es, Cortegana. Y así es, su bellísima Semana Santa.

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