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Las 'colás' vuelven a destapar el embrujo de la seguidilla alosnera

  • Con menos cruces de lo habitual este año, la fiesta vuelve con más fuerza que nunca y la cuna del fandango brilla durante las madrugadas de los dos primeros domingos de mayo, con motivo de la Cruz Grande y la Cruz Chica

  • Las Cruces de Mayo en la capital

Varias parejas bailan en una 'colá' de Alosno, en la madrugada de este domingo

Varias parejas bailan en una 'colá' de Alosno, en la madrugada de este domingo / Jordi Landero (Alosno)

La localidad andevaleña de Alosno ha vivido este fin de semana con intensidad el segundo de su festividad de las Cruces de Mayo. Concretamente en la madrugada del sábado al domingo, la cuna del fandango ha vivido en compañía de numerosos visitantes y con un gran ambiente en sus empedradas calles la conocida como Cruz Chica -la Grande fue el fin de semana anterior-.

Todo ello a pesar de que en esta ocasión, debido a la incertidumbre previa por la pandemia, los alosneros han instalado cuatro cruces menos de lo habitual respecto a las ocho que normalmente salpican el casco urbano de la localidad.

Pero según explicó los días previos el alcalde del municipio, Juan Capela, "para los alosneros esta es una de las fiestas más importantes" ya que el mes de mayo es para la localidad "una explosión de sentimientos, alegría y color". Además, añadió, es también una fiesta "especial" y "muy diferente" al resto de Cruces de Mayo de la provincia de Huelva "por las características y el contexto en el que se desarrolla", que "no han variado absolutamente con el paso de los siglos".

De esta forma, y respetando la tradición, miles de personas han disfrutado a lo largo de los dos pasados fines de semana de una de las celebraciones mejor conservadas de la provincia onubense, para lo cual sólo han tenido que cumplir dos requisitos: entregarse al embrujo del baile de las conocidas seguidillas alosneras, y dejar tras ello la conocida perrilla pa la luz, destinada a sufragar parte de los gastos de la profusa decoración de la colá.

Las mujeres acompañan con panderetas, palillos, palmas y voces Las mujeres acompañan con panderetas, palillos, palmas y voces

Las mujeres acompañan con panderetas, palillos, palmas y voces / Jordi Landero (Alosno)

La fiesta en el municipio que lleva a gala ser la patria chica del cantaor Paco Toronjo, se inicia con la apertura, pasada la media noche, de las colás, espacios donde se instalan las cruces, donde están las mujeres y donde se canta y baila.

Poco antes, la plaza de la Constitución se convierte en el punto de encuentro de las reuniones de hombres, que guitarra en mano afinan sus voces con las bebidas que portan en artesanos canastos de caña, dispuestos a iniciar la fiesta recorriendo las 'colás', donde van sacando a bailar a las mujeres hasta el alba.

Esta festividad es una de las tradiciones populares mejor conservadas no sólo de Alosno, sino de toda la provincia, lo que le ha valido para estar incluida en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía, a estar inscrita en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz por su valor patrimonial y cultural, y a ser una de las Siete Maravillas de la Provincia de Huelva. Es una fiesta que ha llegado a nuestros días por transmisión oral.

De forma paralela, y también con las calles alosneras como escenario, comienzan a escucharse los primeros compases de guitarra y las primeras voces, rotas y desgarradas pero dulces y melódicas, de los valientes que se arrancan con los primeros fandangos alosneros. Pequeñas piezas musicales, también transmitidas de padres a hijos, que cuentan viejas historias del pueblo, sobre todo de amores y desamores, y de exaltación de la amistad.

La Cruz preside siempre la 'colá' La Cruz preside siempre la 'colá'

La Cruz preside siempre la 'colá' / Jordi Landero (Alosno)

En las colás también comienzan a oírse las voces de las mujeres entonando las primeras seguidillas alosneras al compás de las palmas, los palillos y las panderetas que ellas mismas hacen sonar acompasadamente. Es el momento en que los hombres, acompañados de sus guitarras y canastos con bebidas, empiezan a visitar estos espacios.

En la profusa ornamentación de las colás llevan ya más de un mes trabajando las mujeres de Alosno, auténticas protagonistas de la fiesta, que forman asociaciones o grupos de amigas para 'colgar' la cruz, una tradición que viene repitiéndose año tras año desde hace siglos y que se transmite de madres a hijas y de abuelas a nietas.

En cada colá, ricamente ornamentada, la cruz preside un espacio en el que la mujer alosnera es la protagonista. Es la que espera sentada la llegada de las reuniones de mozos, que las invitan a bailar la seguidilla alosnera (una variación de la sevillana pero de sólo tres secuencias), tras lo cual él dará a ella una limosna. Se trata de la conocida como perrilla pa la luz, que ésta posteriormente entrega a la mujer de más edad y que antiguamente servía para pagar el combustible para iluminar la 'colá'. La mujer se sienta de nuevo en espera de que otro hombre la saque a bailar.

Una pequeña aprende la tradición en la Cruz de la Calle Real Una pequeña aprende la tradición en la Cruz de la Calle Real

Una pequeña aprende la tradición en la Cruz de la Calle Real / Jordi Landero (Alosno)

Cuando una reunión de mozos llega a una colá se queda en el espacio de entrada y aquel que desea bailar se acerca por el pasillo a la mujer elegida, invitándola, situándose ambos en el llano o zona central. Ella no podrá negarse a bailar. Todos cantan seguidillas para que las parejas bailen. Los hombres de la reunión acompañan con sus guitarras y las mujeres con panderetas, palillos y palmas.

Las Cruces de Alosno se instalan en casas, portales, garajes, trasteros o locales, los cuales se transforman en colás por aquello de que históricamente eran instaladas en los llamados coladeros, o lugares por los que se accedía al corral de la casa sin tener que pasar por ella.

La música y el baile en las 'colás' alosneras concluye coincidiendo con la salida del sol La música y el baile en las 'colás' alosneras concluye coincidiendo con la salida del sol

La música y el baile en las 'colás' alosneras concluye coincidiendo con la salida del sol / Jordi Landero (Alosno)

Entre los objetos más usados para su decoración destacan cuadros, espejos, colchas, flores artificiales, y las propias cruces, que suelen medir aproximadamente un metro y que tienen formas y características distintas en cada caso, las hay cubiertas con tisú de plata, de ramos y hojas plateadas, de madera labrada, policromadas o ramificadas a base de ramas y flores.

Las colás parecen recrear antiguos salones de baile y su decoración es básicamente la misma todos los años, cambiando en algunos casos solo pequeños detalles. Lo primero que llama la atención es el techo, todo cubierto por un paño de croché o bordado que se realiza en Alosno de manera artesanal y que se conoce como cielo de cortadillo del que sobresalen las bombillas que, sencillamente, cuelgan del cable. Las paredes están también cubiertas de cortinas blancas de encaje, frecuentemente sobre fondo rosa, y que se adornan con doseles que caen del techo y que resaltan la Cruz. Otros elementos que cuelgan de las paredes son cornucopias y otros espejos; grabados con vistosos marcos y cuadros con motivos florales, mujeres o ángeles; guirnaldas y ramilletes de flores artificiales; y lazos.

Las mujeres, según su edad y estado civil, ocupan un lugar predeterminado en la 'colá' Las mujeres, según su edad y estado civil, ocupan un lugar predeterminado en la 'colá'

Las mujeres, según su edad y estado civil, ocupan un lugar predeterminado en la 'colá' / Jordi Landero (Alosno)

En el interior de la colá la mujer, ataviada con su mejor traje de flamenca, gala o mantilla, se dispone sentada en bancos de madera y sillas o escaños, en forma de U. La cruz queda al fondo, dejando la apertura hacia el exterior. Las mujeres, según su edad y estado civil se distribuyen en lugares predeterminados: casadas y mujeres mayores bajo la cruz, niñas y adolescentes a la izquierda, y 'mozas casaderas' a la derecha. La U se cierra con bancos y sillas para los visitantes, dejando un pequeño pasillo para acceder al llano.

La alegría, el colorido y los sonidos del cante, y los sensuales movimientos del baile, son embriagadores a medida que pasan las horas, y no pararán hasta el alba, cuando coincidiendo con la salida del sol, los hombres y las mujeres se unen de nuevo para tomar chocolate con churros antes de irse a descansar.

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