Citas con la historia

El Papa en El Rocío, un antes y un después

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Los participantes en la mesa redonda con miembros de la junta de la Matriz. Los participantes en la mesa redonda con miembros de la junta de la Matriz.

Los participantes en la mesa redonda con miembros de la junta de la Matriz. / M. G. (Almonte)

La visita de San Juan Pablo II al santuario del Rocío es el recuerdo con el que la Hermandad Matriz inició el ciclo de mesas redondas Cita con la historia, aniversario del Rocío.

Eduardo J. Sugrañes, jefe de sección de Huelva Información y cronista de aquel acontecimiento, autor del libro Los inolvidables días de Huelva, recordó como moderador e introducción a la mesa redonda, la importancia de los actos que se celebran en la Diócesis de Huelva entorno al V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América, que llevan a convertirla en la Capital espiritual del 92.

Los Congresos Mariano y Mariológico Internacionales, “sirvieron para poner de nuevo a Huelva en la mirada del mundo y para demostrar que cuando se quieren hacer grandes cosas esta provincia tiene capacidad para ello”, dijo. Una antesala que preparó la visita del Papa San Juan Pablo II.

De aquella tarde del 14 de junio de 1993 destacó la presencia del papa por las arenas, el silencio en la oración y sus palabras desde el balcón de las marismas, en la que evocó a que “todo el mundo sea rociero”.Juan Ignacio Reales, presidente de la Hermandad Matriz, aseguró que “25 años después aún no somos consciente de la importancia de la visita de un papa al Rocío y más todavía siendo San Juan Pablo II”.

“Su presencia y su mensaje espiritual constituyen un punto de inflexión en la devoción rociera”, a la vez que señaló que es el acontecimiento más importante de su historia. Un mensaje espiritual para los rocieros “lleno de actualidad”.

Aprovechó el acto para reconocer la labor de Juan Mairena Valdayo, coordinador general de los congresos y de la visita apostólica al Rocío. Resaltó que “es la persona que por su gestión consiguió al final que el papa viniera al Rocío, pues no estaba claro incluso cuando se aprobó el viaje a Huelva”.

Es más, señaló que “la insistencia de Juan Mairena ante el cardenal Carlos Amigo y su gestión personal fueron claves para que San Juan Pablo II viniera a El Rocío”, señaló Reales.

Igualmente, hubo un recuerdo póstumo para Ángel Díaz de la Serna, presidente de la Hermandad Matriz, clave también en la organización de la visita en El Rocío.

Francisco Martín, párroco de Almonte, glosó el mensaje espiritual de San Juan Pablo II, recordando primero su participación como diácono en la Eucaristía en Huelva donde pudo percibir del papa “una santidad y sencillez que contagiaba a todos”. Calificó las palabras de San Juan Pablo II a los rocieros de “una actualidad tremenda, nos sirve hoy para el programa de vida espiritual de todas las hermandades”, que invita a más formación, participación en la liturgia, en la caridad y en una auténtica devoción a María.

Asistió Diego Capado, el párroco de Almonte que recibió al Papa en El Rocío. “Vivimos un momento único”, dijo, en el que queda “sobre cogido por su santidad y su mensaje”, recordando los piropos de “bellísima que reiteradamente le dedicó a la Virgen”.

Las palabras a los rocieros le sirvieron a lo largo de estos años para hablar del mensaje del San Juan Pablo II en muchas de sus homilías, “porque marcó momento trascendentales”. Así aludió a su invitación “a evangelizar a Europa y es cuando se crea el camino rociero europeo desde Bruselas”.

Manuel Ángel López, entonces diputado de protocolo de la Hermandad Matriz, volvió a mostrar el gozo que a todos le supuso la presencia del Papa. Recordó los intensos días de preparativos, ante la llegada de una figura como la suya, al ser jefe de Estado y por la seguridad que llevaba. “Una visita –dijo- que rubrica la fuerza devocional del Rocío”.

Habló de las curiosidades del montaje del altar: la Virgen se había quedado en el mismo sitio desde la procesión del Lunes de Pentecostés, o sea más baja y cercana. Lucía el traje de los Montpensier, adornada por vez primera con piñas de claveles, más serio de lo habitual, así como con flores en sus andas; y delante de Ella se colocó un hermoso tabernáculo de la parroquia de la Asunción.

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