Documentos históricos de la provincia

La repoblación forestal de Doñana

  • En 1953, Franco supervisó las labores de plantación de 10 millones de eucaliptos y 45 millones de pinos que pretendía convertir unos terrenos arenosos en una zona de alto valor forestal

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Civilizaciones como los tartesos, etruscos, fenicios o griegos han ido dejando su huella y su rastro, en forma de vestigios, de su presencia en Doñana. Todos, sin excepción, trataron de configurar y modelar el paisaje donde se asentaron sus gentes, si bien hasta entonces siempre fue la naturaleza quien dibujó su propia impronta con paisajes de dunas, lagunas y senderos verdes que, por suerte, se mantenían vírgenes de todo atisbo de mano humana.

El gran cambio documentado que la mano del hombre produjo en su flora fue la repoblación forestal que en 1953 sufrió el perímetro del entonces conocido como Coto de Doñana a manos del régimen franquista. Una medida que hizo peligrar todo el ecosistema del lugar, debido a la enorme plantación de eucaliptos que pusieron en jaque los recursos hídricos subterráneos de los que gozaba la zona.

El ingeniero de Montes, Manuel Martín Bolaños, jugó un papel fundamental a la hora de la 'repoblación' que sufrió Doñana a principios de la década de los 50. Sobre sus espaldas había recaído el diseño de un mapa forestal de toda la provincia de Huelva, cuyo resultado final fue fruto de cerca de 20 años de trabajo desarrollados a lo largo de las décadas del 30 al 50, y cuyo documento primigenio obra en manos del Centro de Investigaciones y Documentación del Eucalipto, fundado por la Universidad de Huelva y el grupo ENCE.

Con este currículo, cuando se delineó y se acordó el plan de reforestación, el más importante que en aquel entonces se había llevado a cabo en toda Europa, confiaron la compra de dichas semillas al posiblemente mayor experto en la provincia sobre temas forestales. En la pródiga carrera de Bolaños, había traído muestras de eucaliptos australianos, con los que confeccionó un pequeño herbario mono-genérico de los que obtuvo un contingente de semillas con identificación segura. De esta manera, de aquellos tres lotes de miles semillas que Bolaños consiguió confeccionar, uno fue a parar a manos de Gaspar de la Lama, jefe regional de Andalucía Occidental en el Patrimonio Forestal del Estado, quien ordenó que se procediera a sembrar una red de arboretos de eucaliptos por las provincias de Huelva, Sevilla, Badajoz y Cáceres. Ni que decir tiene que gran parte de aquella 'materia prima' destinada a Huelva fue a parar directamente al extrarradio del entonces Coto de Doñana. Allí el Servicio de Explotación y Mejora de las Zonas Áridas del Sureste Español, dirigido entonces por el ingeniero de Montes Antonio López, se encargaría de gestionar y coordinar la vasta labor de plantación en la que trabajarían un millar de jornaleros.

La elección de pinos y eucaliptos para la reforestación produjo en 1952 un fuerte choque de ideales, sobre todo por la elección de estos últimos; al estar considerados como 'vampiros' hídricos y no aptos para colonizar una zona de alto valor ecológico. Por un lado, se encontraba el régimen, que abogaba por hacen rentables las tierras "por el bien del pueblo" y ante la necesidad de dar provecho a una zona considerada en aquel entonces como árida y desértica.

Para más inri, Europa aún no había posado sus ojos en la reserva onubense e indudablemente no dotaba de millones a ningún plan de conservación. Bajo los únicos criterios de rentabilidad económica, la repoblación propuesta por el Estado tenía como fin que la madera que produjesen los árboles sirviera de pasto a las entrañas de la Empresa Nacional de Celulosas (ENCE).

En el otro lado de la balanza se posicionaron los ecologistas, que defendían a ultranza la necesidad de perpetuar para las generaciones futuras este espacio único por su riqueza paisajística y biológica. No obstante, aunque sin el potencial organizativo y el fuerte respaldo social que en nuestro días se le procesa a los movimientos 'verdes', estos fueron en cierto modo capaces de 'ralentizar' los proyectos de plantación de eucaliptos. En retrospectiva, muchos consideran ahora que la 'reforestación' planeada por el régimen tuvo una lectura positiva, en tanto en cuanto que estas denuncias supusieron el acicate e impulso mediático que precisaba la zona para que en el mundo conociese esta riqueza natural, a la vez que se concienciaba en la necesidad de abordar planes de protección.

En la cascada de estudios que se producirían sobre el paraje natural, en el 52 aparecerían las primeras publicaciones sobre las aves que surcan Doñana y el profesor y ornitólogo Francisco Bernis y José A. Valverde desarrollaría un informe en el que demuestra la importancia que a efectos cinegéticos posee el enclave onubense. Precisamente este documento se revelaría de capital importancia para que el Gobierno franquista no destinara la zona a las plantaciones de cultivos o a sus incipientes planes de reforestación. Bernis y Valverde, junto con Mauricio González-Gordon, llevarían a cabo unos estudios enormemente reveladores, en los cuales se trazaba una 'hoja de ruta' de los trabajos que precisaban acometerse en la zona para perpetuar la riqueza de esta fauna, sobre cuyas directrices se cimentarían la SEO (Sociedad Española de Ornitología), que sería fundada dos años más tarde, en 1954.

A pesar de las voces en contra de los ecologistas, el plan de 'reforestación' seguiría su curso con leves retoques fruto del tesón invertido por estas ONG. No obstante, la plantación, aunque con matices, se mostraría imparable.

Con objeto de conocer sobre el terreno estos trabajos, el 18 de abril de 1953 el Caudillo aprovechó una visita a Sevilla para desplazarse hasta Doñana. Acompañado por Gaspar de la Lama, Franco fue informando del estado de los trabajos de repoblación, los cuales contaban con una superficie de 31.000 hectáreas sobre las que hasta entonces se habían plantado 10 millones de eucaliptos y 45 millones de pinos, con la declarada intención de convertir unos terrenos arenosos y de marismas en una zona de alto 'valor' forestal.

En estas labores, al servicio del Patrimonio Forestal, trabajarían un millar de jornaleros que se hospedaban a lo largo de diez poblados distribuidos por las zonas del Parque y que "contaban con sus respectivas capillas y escuelas".

La visita del jefe del Estado, Francisco Franco, recogía la visita a estas 'urbes' rurales de 'Cabezudos', 'Bodegones' y 'Corchuelo'. Las crónicas del régimen ensalzaban el valor social de la iniciativa, debido al millar de puestos de trabajos creados y una zona que "rentaría un mínimo de treinta millones de pesetas".

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