El Pocito del Rocío, del agua imprescindible al símbolo devocional

A las puertas del Santuario, un rincón discreto ayuda a entender los orígenes de El Rocío antiguo

La Virgen del Rocío llevará en su manto el nombre de las 45 víctimas de Adamuz

Una mujer coge agua en El Pocito.
Una mujer coge agua en El Pocito. / M.G.

A las puertas del Santuario de Nuestra Señora del Rocío, como parte natural de esa estampa, hay un elemento que quizá hoy muchos ven sin detenerse y que, sin embargo, ayuda a entender cómo fue la aldea durante siglos. Se trata del Pocito del Rocío, un rincón sencillo, integrado en el paisaje cotidiano de este enclave, pero cargado de significado histórico y simbólico.

Su origen se vincula a la consolidación de la ermita en época medieval, cuando la presencia de un punto de agua era una necesidad básica. En un enclave aislado, rodeado de marisma y sin infraestructuras, disponer de agua junto al templo no era un detalle menor, sino un elemento imprescindible para la vida cotidiana y para quienes acudían hasta este lugar sagrado.

Aunque no existe una fecha exacta que permita situar la construcción del pocito, la tradición y la lógica histórica lo relacionan con los primeros momentos de organización del entorno del Santuario. La primera ermita de la Virgen se levanta aproximadamente entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV, y desde entonces la existencia de un punto de agua cercano resulta coherente con las necesidades de un espacio que comenzaba a atraer peregrinos y a generar una vida en torno a la devoción.

Imgen de 1953.
Imgen de 1953. / M.G.

Durante siglos, El Rocío careció de red de abastecimiento de agua corriente, que no llegaría hasta bien entrado el siglo XX. Hasta entonces, la aldea dependía de pozos y aljibes para cubrir una necesidad tan elemental como el agua. En ese contexto, el Pocito fue, durante generaciones, un lugar al que acudían vecinos y peregrinos para abastecerse y también como punto de encuentro, un espacio compartido en El Rocío más primitivo.

Con la llegada del agua corriente y el crecimiento urbano de la aldea, el Pocito perdió su función práctica. Sin embargo, lejos de desaparecer, quedó integrado como símbolo de El Rocío antiguo, formando parte de esa mirada que aún hoy se dirige al Santuario y que conecta presente y pasado, necesidad y memoria.

El Pocito.
El Pocito. / M.G.

Esa dimensión simbólica se ha transmitido también a través de la cultura popular. Apareciendo este lugar recogido en sevillanas y coplas rocieras, como las conocidas letras del ilustre rociero Muñoz y Pabón: “Pocito del Rocío, siempre manando. Lo mismo que la Virgen, siempre escuchando. Rocío hermoso, cuando la Virgen sale, rebosa el pozo…”. Una forma sencilla y directa de expresar el sentido que este rincón ha tenido para generaciones de rocieros.

El Pocito del Rocío es, en definitiva, uno de esos pequeños rincones que ayudan a explicar El Rocío desde lo cotidiano. Un elemento discreto, heredero de la necesidad y convertido con el tiempo en símbolo, que recuerda que la historia del Rocío también se escribe en los detalles.

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