¿Nevará este año en La Sierra?: Estos son los datos históricos de los registros de nieve en Huelva
El registro más gélido rozó los 10 grados a finales de enero de 2005
Los registros de Eloy García y la investigación de la Asociación Lieva arrojan un estudio singular
Llega la fase más gélida del invierno a la Sierra onubense. El clima influye en la actividad humana y agrícola, en el dinamismo social y laboral, en las relaciones humanas. En esta época del año, dicen algunos, “se congelan hasta las ideas”. Y, en lo climatológico, se suscita siempre la misma pregunta: “¿nevará este año en La Sierra?”. Se trata de un fenómeno que no suele presentarse en la zona con asiduidad, pero que siempre revolotea el noticiario y las emociones.
Para hacernos una idea de las probabilidades y las sensaciones de las nevadas en la comarca, hay que ser rigurosos, dejar a un lado los deseos y fijarnos en los datos. Una fuente fiable puede ser la de Eloy García Peña, que gestiona desde hace treinta y cinco años una modesta estación de mediciones climáticas en la aldea de Las Chinas, donde reside. Este paradisíaco rincón que comparten Galaroza y La Nava es lugar propicio para realizar este seguimiento, al participar de buena parte de los condicionantes geográficos, ambientales y climáticos del conjunto del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Además, hace pocos meses recibió la noticia de que su estación meteorológica está homologada y registrada por la Aemet con el número 4516E, como agente colaborador, por lo que los datos que aporta son ya oficiales.
Eloy ha recogido datos de mucho interés. En lo más reciente, las esperadas precipitaciones heladas de principios de este año, afirma que la temperatura más baja registrada fue de -3, 2 grados, parecida a la que se observó en algunos años de nieves, pero lejos del registro más gélido en la zona, que alcanzó los -9,6 el 28 de enero de 2005.
En cuanto a las precipitaciones de nieve más copiosas, destacan las del 17 de febrero de 1991, con 25 litros por metro cuadrado, la de 10 de enero de 2010, con 21,5 litros, o la de 27 de febrero de 2005, con 17 litros. Sin embargo, estos últimos días, no ha llegado a caer más que aguanieve el día 7 y, eso sí, las temperaturas en su franja alta han sido bajas, no llegando ninguna jornada a los dos dígitos. Lo que sí se han podido apreciar son muchas ‘pelonas’, heladas que son habituales en la zona. Tanto es así, que se producen a menudo, incluso, "rociadas veraniegas, ya que en meses estivales llegamos a tener temperaturas mínimas muy bajas, de hasta 3,8°, afirma Eloy.
Puede resultar paradójico que, en 2021, el paso de la recordada borrasca ‘Filomena’ no dejase un récord de precipitaciones blancas, pero, como indica este experto, “a veces depende mucho del estado del suelo y de si ha llovido antes o después de la nevada; el frío que haga durante la misma será clave para ver si cuaja con capa visible e incluso para su espesor y altura”.
Con sus registros y sus conocimientos, indica que ha habido nevadas en la Sierra, o que, como le gusta decir, “la nieve cubrió suelo”, los años 1944, 1954, 1971, 1991, 2003, 2005, 2006, 2010, 2013 y 2021. A estas pruebas técnicas añade este cachonero su experiencia en medio de la nieve en diversos pueblos de la comarca, como aquella vez, en 1991, en que “tuvieron que sacar mi vehículo remolcado con un tractor en Valdelarco”, o cuando en 2005 midió personalmente 42 cms. de espesor en la carretera Cortegana-Las Veredas y hasta 65 cm. En el Cerro de San Cristóbal.
Investigación sobre las nevadas en La Sierra
Eloy es miembro de la Asociación Cultural Lieva, con la que ha desarrollado diversos análisis de este tipo y de otros ámbitos patrimoniales en los últimos años. Por ello, a sus datos hay que sumar los de la investigación histórica que ha realizado esta entidad en la hemeroteca y en otras fuentes documentales. De esta forma, se puede conocer la nevada que se produjo en la Sierra de Aracena el 27 de diciembre de 1926, a través de la publicación obtenida del diario La Vanguardia, o la del 8 de febrero de 1930 con la página que apareció en ABC.
No se han consolidado fenómenos recurrentes en el tiempo, como prueba el que tan solo en dos ocasiones se hayan producido durante dos años consecutivos, en 1974-1975 y en 2005-2006. Tampoco dentro de una anualidad se han reiterado caídas de copos en más de una ocasión, salvo en 1974, en marzo y abril, o en 1983, aunque en esta ocasión apenas cuajó el segundo día que nevó.
Resulta muy interesante acudir a otras fuentes, como las fotografías, ya que en el archivo de Lieva hay ejemplos de estos acontecimientos que pueden catalogarse como históricos. Destaca la de 1954, en que las y los serranos salieron a disfrutar de unos momentos de diversión. Pueblos blancos cuyas calles y edificios apenas se destacan en el blanco y negro de la fotografía de la época, reuniones que subían a los oteros y cerros más altos para ver las espléndidas panorámicas e incluso personas recatadas disfrutando de bolas y muñecos. También se atesora una fotografía de un encinar nevado que en el reverso lleva escrito “Minas de Cala”, y que fue adquirida en un mercadillo de antigüedades.
Pero la joya más singular encontrada en el archivo de Lieva hasta el momento está contenida en un libro de cuentas de la gestión de fincas del siglo XIX que ha aportado Manolo Sánchez, colaborador habitual de la entidad. Entre magnitudes económicas que reflejan jornales, ventas de castañas o cómo va la montanera, se incluyen algunos detalles como recetas tradicionales o sucesos cotidianos. En una de sus páginas, se recoge que el miércoles 6 de febrero de 1907 se produjo una gran “nevada” que sorprendió a propios y extraños en el término municipal de La Nava. Estuvo nevando durante más de veinticuatro horas, y la nieve llegó a tres cuartas de altura. Fue “la más grande que an conocido los nacidos”, y produjo daños en olivares y encinares, llegando a calcularse en “500 duros de pérdidas”.
Este gran suceso fue recordado con motivo de la nevada del 8 de febrero de 1930 cuatro días más tarde en ABC, que calificó sus resultados como “productora de grandes pérdidas en edificios y arbolado”.
Los efectos no siempre han sido bien recibidos. Más allá de lo novedoso del fenómeno y de la chavalería que sale a elaborar bolas y muñecos, el impacto en diversos momentos ha provocado carreteras cortadas, congelación de tuberías, clases escolares, eventos y actividades económicas suspendidas, suministro eléctrico caído, daños en fincas y tareas agrícolas o circulación impedida por las empinadas calles de los pueblos serranos. En la que tuvo lugar el 17 de febrero de 1991, numerosos pueblos quedaron incomunicados por la nieve y en algunas localidades hubo que improvisar refugios temporales para los viajeros que allí se encontraban. En Higuera de la Sierra, por ejemplo, hubo que habilitar la residencia de ancianos y el convento de religiosas para que abrieran durante toda la noche para dar albergue y comida a diversas familias que habían quedado retenidas.
En lo positivo, se ha aludido recurrentemente a la aportación de aguas a manantiales y pantanos en épocas de sequía, e incluso algún corresponsal ha aludido al viejo refrán agrícola “una nevada, una estercada”, en relación a los beneficios que la nieve pueda representar para el mejor abonado y desarrollo de las cosechas.
Este breve recorrido investigador resalta datos de interés para las nevadas serranas, que no se prevé lleguen este año, al menos de momento. En todo caso, hasta bien entrado febrero no se puede descartar su presencia, sobre todo teniendo en cuenta que durante ese mes se han producido un buen número de nevadas a lo largo de la historia en la comarca.
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