Que sea de Huelva

Cuatro generaciones poniendo sonido al campo onubense

  • La empresa de Valverde del Camino ‘Cencerros Bermejo’ es la única en Andalucía que elabora artesanalmente estos utensilios para los animales

Imagen histórica de trabajos con cencerros. Imagen histórica de trabajos con cencerros.

Imagen histórica de trabajos con cencerros. / H. Información (Huelva)

Uno de los sonidos más característicos del campo onubense lo llevan en el cuello ovejas, vacas y cabras desde tiempos inmemoriales. Campanas y cencerros han permitido identificar a los animales en las vastas extensiones de terreno. Unos utensilios artenasales que tienen su origen en el siglo XIX en Valverde del Camino. “Fue mi bisabuelo, en 1870, cuando creó la fábrica que perdura actualmente”, explica José María Bermejo, único trabajador a nivel andaluz de esta artesanía, tras cuatro generaciones con su empresa Cencerros Bermejo. “Entonces había seis o siete empresas, pero solo queda la nuestra”, confiesa, dando muestra de la importancia de este sector en Valverde. Y es que como reconoce Bermejo, “los trabajos artesanales son muy laboriosos y, aunque sigue habiendo demanda, no es lo mismo que décadas atrás”.

El abanico de cencerros, campanas y campanillas alberga hasta 16 modelos que van desde la campanilla hurona de apenas dos centímetros de tamaño y que se empleaba años atrás para los hurones utilizados en cacerías hasta la más grande, de unos 30 centímetros, que portan los cabestros que salen en las plazas para retirar a los toros a los toriles.

Para la fabricación de estos cencerros se emplea una chapa de hierro que se moldea “a golpe de martillo”. Una vez que se ha dado la forma y el tamaño deseados, se cubre de barro y “se le mete el cobre”. Esto se hace en un horno, que alcanza los 1300 grados de temperatura, lo que hace que el cobre se funda y se incruste en la pieza. Cuando se creó la fábrica de Cencerros Bermejo el horno era de carbón, pero “actualmente es de gasóil, es lo único que ha cambiado en cuatro generaciones, lo demás es todo igual”, explica orgulloso el artesano. De ahí, se lleva rodando a una pila de agua lo que al enfriarse hace que se solidifique y aporte el color y la fuerza deseadas. “Un cencerro es como un instrumento que, una vez fabricado hay que afinar”, asegura José María Bermejo. Esto se hace templándolo con un martillo y un yunque. “Aunque el que lo fabrica le da el sonido que considera mejor, luego es cada comprador el que lo adapta al sonido particular que desea”.

Bermejo ha ampliado el catálogo de productos que creó su bisabuelo fabricando collares de cuero, principalmente, para los perros. Cacerías, romerías y monterías son los principales escenarios en los que recrearse con estos objetos que aportan un sonido tradicional al campo onubense.

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