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El capitán Andrews y Punta Umbría

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Punta Umbría tuvo que ser otra vez, igual que ya sucediera el 30 de abril de 1944 cuando llegó a nuestra costa el cadáver de William Martin, más conocido como El hombre que nunca existió, aquella persona que después de muerto salvó miles de vidas gracias a la Inteligencia británica y que fue rescatado de las aguas de Punta Umbría en el lugar conocido como La Mata Negra en la playa de La Bota por el pescador puntaumbrieño José Antonio Rey María. Muchos años antes, otro marinero puntaumbrieño llamado Rafael Infante que a bordo de su pequeña embarcación llamada La Cinta un día de final de verano de 1892, vio aparecer un pequeño bote de poco más de cuatro metros de eslora y con vela latina, con un solo tripulante que venía nada más y nada menos que de atravesar el Océano Atlántico.

Se trataba del capitán William Albert Andrews, que había salido desde Nueva Jersey el 20 de julio de 1892 y tardó 68 días en llegar a nuestra costa. Su intención era llegar a Palos de la Frontera de donde 400 años antes había salido Cristóbal Colón y donde se iba a celebrar el día 12 de Octubre el Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, igual que en la capital, también era motivo de innumerables festejos con tal acontecimiento.

El puntaumbrieño Rafael Infante lo acompañó a la barra de Huelva para que fuese recibido como se merecía después de tamaña proeza.

Pero es que otro puntaumbrieño, Antonio Macías Zumel, gran amigo y con quien tuve una magnífica y entrañable amistad, también fue partícipe de otro rescate en los años cuarenta del pasado siglo, en la playa de Punta Umbría cuando vio caer en los arenales cerca de las últimas viviendas conocidas como Las tres Marías, una avioneta que se quedó sin combustible y se clavó sobre las dunas y dio una voltereta y él bueno de Antonio ayudó al piloto para que pudiese salir con gran dificultad. Casualmente se llamaba también William, y ya van tres.

Mi buen amigo Alberto Casas, capitán también de la Marina Mercante que tuve el honor y el privilegio que fuese él quien escribió el prologo del último libro que escribí junto a otro buen amigo, Pepe Bacedoni, es un gran erudito y perfecto conocedor de los mares, sabe perfectamente lo que es navegar por el Océano Atlántico en las condiciones que lo hizo Andrews y el mérito que tiene, por eso él le dedica cada vez que puede palabras de elogio en sus escritos a la vez que reivindica para él un reconocimiento al que me adhiero plenamente.

Tradicionalmente en Punta Umbría le hemos puesto nombres a las calles de peces, de aves, de embarcaciones, de palabras marineras, hasta que desde hace unos años al Ayuntamiento le dio por poner nombre a personas y familias de la localidad, pero pocas si exceptuamos la plaza que bautizamos con el nombre de Al Bakri, a ese geógrafo nacido en Punta Umbría y que hoy la NASA ha llamado con su nombre un cráter en la Luna junto al Mar de la Tranquilidad, o a algunos alcaldes, pero a pocos hechos históricos o personas que han hecho historia relevante como Rafael Infante, José Antonio Rey María, Antonio Macías Zumel, William Martin o el capitán Andrews.

Pero seguimos con William Albert Andrews. Cuando el puntaumbrieño Infante lo llevó a Huelva, el recibimiento fue apoteósico y fue conducido hasta el Gobierno Civil de la provincia donde hasta hace solo unos meses yo he tenido mi despacho profesional en la calle Palacio. Andrews fue alojado en el lujoso Hotel Colón que solo unos años antes fue inaugurado. El navegante Andrews fue acompañado casi todo el tiempo que estuvo en Huelva por otro William, en este caso el célebre, querido y admirado Sundheim, ese alemán afincado en Huelva al que tanto le debe España en general y la provincia de Huelva y Punta Umbría en particular, al que tuve el honor de proponer que una avenida de Punta Umbría llevase su nombre y que fue aceptada la propuesta por la Corporación municipal por unanimidad.

William Andrews era veterano de la guerra de Secesión norteamericana, muchas veces condecorado. Navegó en solitario y todos los navíos que lo vieron le ofrecieron ayuda pensando que iba a la deriva. Hay una anécdota curiosa que le sucedió con el poeta nicaragüense Rubén Darío que viajaba a bordo del gran Veracruz y todos los pasajeros miraban desde la cubierta al navegante solitario a bordo de su cascarón. Se acercaron a socorrerlo, él dijo que iba haciendo el mismo viaje que Colón pero al revés y que no necesitaba ayuda, les tiró hacia la cubierta unas crónicas que había escrito para que fuesen publicadas por el Boston Herald y el New York World. Él además de vez en cuando lanzaba al mar botellas con mensajes contando sus experiencias, entre ellas que había perdido treinta kilos de peso corporal.

Ya en aquella época William Andrews consiguió tener un sponsor y por eso su pequeño barquito le llamó Sapolio que era la marca de un jabón muy de moda en aquellos tiempos y que hizo una campaña publicitaria tremenda en todos los medios que tenía al alcance. Dicha marca de jabones y productos de limpieza aún existe en la actualidad.

El tiempo que William vivió en Huelva, estuvo lleno de anécdotas y vivencias, durante ese tiempo fue un onubense más, recorría las calles de la ciudad saludando a unos y a otros siempre acompañado de William Sundheim que también lo llevó a Punta Umbría donde Sundheim tenía su vivienda, no olvidemos que este financiero alemán fue el primer veraneante que tubo Punta Umbría en su historia y que fue él quien trajo a la colonia inglesa de las minas de Riotinto a veranear a este paraíso de la naturaleza.

Andrews se casó y quiso repetir el viaje transoceánico con su esposa para enseñarle y que conociese nuestra tierra en su luna de miel, pero no llegaron a terminarlo porque desaparecieron bajo las aguas que hasta aquí le traían.

El capitán Andrews, bien merece, insisto, como dice mi buen amigo y gran navegante el capitán Casas, un reconocimiento a esta gran historia donde nuestra tierra onubense fue protagonista.

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