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Melchor Mendoza Silgado, inglés y puntaumbrieño

  • Continúa con el proyecto de realizar una residencia de mayores en Punta Umbría

Melchor Mendoza Silgado. Melchor Mendoza Silgado.

Melchor Mendoza Silgado. / M. G.

Estaba yo en mi despacho de los Servicios Técnicos Municipales cuando me anunciaron que tenía una visita. “Que pase”, dije, y apareció un señor al que yo no conocía. Hablaba chapurreando nuestro idioma. Le pregunté que si era inglés y me dijo muy enérgicamente que no, que era puntaumbrieño. Vino a plantearme una cuestión en la que yo poco podía hacer.

Él era un hombre muy preocupado por los mayores del pueblo y quería que se construyese una residencia digna para ellos. Así fue como conocí a Melchor y como empezó nuestra amistad. Le indiqué a quién podría visitar, tras lo cual salí con él a la puerta para despedirlo. Y efectivamente comprobé que tenía aparcado su vehículo con el volante a la derecha. Era un coche británico.

Luego nos veíamos solo por la calle y nos saludábamos alguna que otra vez. Me contaba cosas de su infancia en Punta Umbría y por qué se fue. Era muy ameno con lo que me relataba, pero siempre se mostraba muy preocupado por los mayores. Tanto es así que publicó un libro que tituló Raíces de Punta Umbría, en el que hace un breve retrato poético de los mayores que él conoció, personas que nacieron casi todas a finales del siglo XIX o principios del siglo XX.

Algunos de ellos los tengo en mi memoria porque yo también los conocí, como el ‘Señó Antonio’, Antonio Rey María, Diego González Padilla, Francisco Camacho, Antonio Nevado, Francisco Sevidanes, José Palmás, doña Victoria López y otros muchos. Y para sorpresa mía, en la contraportada aparece una fotografía de este que les escribe hoy. Y debajo de la imagen esta frase inmerecida pero que me demuestra su amistad y cariño y que dice: “Dedicado a Fernando Barranco Molina, un hombre digno de nuestro pueblo”.

Melchor me contaba que sus padres eran de Lepe y que los primeros años de su vida los vivió en El Portil, para más tarde venir a Punta Umbría. De pequeño fue al colegio de ‘La Cabrita’, pero muy poco tiempo porque el maestro decía que era muy travieso y no lo quería en clase (él me asegura que eso no era cierto). El caso es que desde pequeño se iba a sentarse a la muralla de la ría a hablar con los rederos y con los marineros, toda gente mayor de la que aprendió mucho de la vida. Melchor sufría mucho al verlos trabajar y remar contra corriente porque los veía sufrir y no podía ayudarlos porque era simplemente un niño. Eso lo marcó de por vida y así sigue, con ese amor y ese cariño a todos los mayores de este pueblo, porque a todos los vio sufrir.

Y por fin le llegó la hora de trabajar, porque se hizo mayor. Tuvo que dejar sus caminatas por la playa, que tanto le gustaban y que le inspiraron años más tarde para escribir un libro titulado La Conchenita de Punta Umbría, con recuerdos de su infancia. Se fue a vivir y a buscar trabajo a Inglaterra, con sus ansias de libertad, y allí se quedó durante 37 años. Él recuerda, igual que yo, que en aquellos tiempos visitábamos un rincón del gran parque situado en el centro de Londres, el Hyde Park Córner, donde quien quisiera decir algo en contra del gobierno o protestar por algo, solo tenía que subirse en una banqueta y, megáfono en mano, gritar y decir lo que le venía en gana. Aquello en España era impensable.

Aprendió inglés y trabajó en diversas actividades y lugares como en la casa Ford, en la construcción de los túneles del metro londinense y también como cerrajero con la Policía, porque era muy habilidoso. Aprendió muchos oficios y como buen trabajador, rápido y amable, ganó dinerito. Y para colmo de la buena suerte, conoció a una mujer maravillosa con la que se casó y con la que tuvo dos hijos que a su vez le dieron cuatro nietos. Cuando pudieron se vinieron a vivir a Punta Umbría, pues siempre fue su ilusión. Ya hace más de 50 años que se casó y a su esposa tengo el gusto de conocerla porque les gusta mucho salir a pasear juntos y cada vez que nos vemos nos paramos a charlar un poco.

Él siempre me cuenta los avances que va consiguiendo en pro de la construcción de esa tan anhelada residencia de mayores. Lo último que me dijo es que tuvo una entrevista con la consejera de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía, quien tuvo muy buenas palabras con él y le ofreció todo su apoyo. Ojalá que lo consiga, por el bien de nuestros mayores y porque es un sueño que por su tesón debe ser compensado.

También publicó otro libro que tituló El sueño del lepero, igualmente relacionado con sus recuerdos infantiles y que, como todo lo que se publica sobre Punta Umbría, Huelva y su provincia, ocupa un lugar preferente en mi biblioteca particular.

Melchor es un gran enamorado de su Punta Umbría, de sus paisajes, de su playa, de sus dunas, de la laguna de El Portil, donde tanto jugó de pequeño. Es un hombre bueno e incansable que seguro que conseguirá el sueño de su vida porque está dedicado en cuerpo y alma a luchar por los mayores. No deja de preocuparse por ellos y es por eso que estoy seguro de que pronto será una realidad esa residencia.

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