Economía

Karim agua la fiesta para el sector hostelero

  • Moderado optimismo y gran incertidumbre en la apertura perimetral de los municipios de la Costa occidental, ya que algunos establecimientos tienen un 70% de clientela llegada de fuera

Plato dispuesto en la barra para ser servido en una de las mesas de El Rinconcito de Silvia, restaurante en el núcleo costero cartayero. Plato dispuesto en la barra para ser servido en una de las mesas de El Rinconcito de Silvia, restaurante en el núcleo costero cartayero.

Plato dispuesto en la barra para ser servido en una de las mesas de El Rinconcito de Silvia, restaurante en el núcleo costero cartayero. / Jordi Landero

El temporal Karim, que azota en las últimas horas la Península Ibérica, y cuyos primeros efectos como las fuertes rachas de viento se dejaron notar ya ayer sábado en la provincia de Huelva, ha frustrado en parte las expectativas que tenían los empresarios hosteleros de la costa occidental en este fin de semana, el primero después de la apertura perimetral de prácticamente todos sus municipios.

El sector vive con “moderado optimismo” y con “mucha incertidumbre” la relajación de las medidas que, contra la expansión del coronavirus, se ha producido en las dos últimas semanas como consecuencia de la bajada de la tasa de incidencia en relación a los contagios.

Moderado optimismo porque tanto la reapertura de la actividad no esencial cuando han bajado de mil casos por cada cien mil habitantes, como la supresión del cierre perimetral al bajar de los quinientos casos por cada cien mil habitantes, les ha permitido en primer lugar reabrir sus negocios, y posteriormente la posibilidad de recibir clientes provenientes de otros municipios. Con la salvedad de Isla Cristina, que actualmente es la única gran localidad de la comarca que mantiene cerrado su perímetro.

Incertidumbre porque la mayoría de los empresarios consultados por Huelva Información se muestran convencidos de que la nueva relajación de las restricciones podría conllevar en el medio plazo otro aumento de casos, y como consecuencia de ello, el regreso del endurecimiento de las medidas, que supondría prácticamente “la puntilla” a la ya delicada situación en la que se encuentran.

Para ellos, según coinciden muchos en afirmar, lo peor no es cerrar durante un tiempo determinado, sino la intermitencia continuada de cierres y aperturas, lo que es “muy complicado de gestionar” por los “enormes gastos” que conlleva cada levantada de persiana, y sobre todo por la gestión de los empleados que requieren para sus establecimientos en circunstancias tan inciertas.

El optimismo es mayor en la hostelería, y más en aquellos enclaves costeros cuyos establecimientos dependen en mayor medida del cliente foráneo. Es el caso de Punta Umbría, El Rompido (Cartaya), La Antilla (Lepe) o Isla Canela (Ayamonte), donde algunos empresarios hosteleros confiesan a esta redacción que este segmento puede llegar a suponer hasta el 70% de su facturación, e incluso más durante los fines de semana en determinados establecimientos.

Mesas vacías, a la espera de clientes, en un establecimiento de la calle Ancha de Punta Umbría. Mesas vacías, a la espera de clientes, en un establecimiento de la calle Ancha de Punta Umbría.

Mesas vacías, a la espera de clientes, en un establecimiento de la calle Ancha de Punta Umbría. / Jordi Landero

A ello se suman las consecuentes pérdidas económicas que supone cada día que están cerrados. Tanto por lo que dejan de ingresar, como por los gastos que tienen que seguir soportando, especialmente en materia de suministros e impuestos “sin recibir a cambio prácticamente ayudas directas y reales”, como lamentan todos.

En este punto, José Casado, propietario del Bar Capitán de Punta Umbría, afirma que se les ha puesto “en el punto de mira”, al ser el sector “más castigado” por las restricciones para hacer frente a la pandemia. “Se está cargando sobre nosotros casi toda la responsabilidad de lo que está pasando, cuando frenar esto es cosa de todos”, y “cuando los números demuestran que en la hostelería se producen los mínimos contagios”.

A pesar de ello, confiesa, desde el punto de vista sanitario, las restricciones “están bien” porque con ellas “bajan los contagios”. Y añade: “Me dicen que tengo que cerrar un mes porque la situación así lo requiere, lo entiendo y cierro. Lo que no entiendo es por qué nosotros sí, y otros sectores no”.

Casado, que levantó la persiana de su bar cuando hace una semana se pudo reiniciar la actividad no esencial en Punta Umbría, ve ahora “con buenos ojos” la reciente apertura perimetral, porque asegura que el mes que ha estado cerrado le ha costado 5.555 euros.

De cara a esta nueva etapa, que inicia con “ilusión”, este viernes dio de alta a sus 12 empleados, que van a trabajar por el momento de forma alterna, seis un día y seis otro, lo cual “es una muestra de que tengo esperanzas, a pesar de tanta incertidumbre”, concluye.

Pendientes de la evolución

Otro de los iconos de la gastronomía puntaumbrieña es el restaurante Camarón, que por el momento sigue cerrado y que, según su propietaria, Mar Carmen Franco, va a seguir así “por lo menos” hasta el puente del Día de Andalucía, “en espera de que la situación pueda mejorar un poco más”. “Una reapertura supone para nosotros un coste enorme”, a lo que se une “la incertidumbre de no saber cómo va a evolucionar la situación, ya que la tasa de incidencia lo mismo sube que baja”.

Para Franco, “una de las cosas más complicadas es la gestión de los empleados que están en ERTE”, ya que “no podemos sacarlos sin saber qué va a pasar en unas semanas porque no podrían volver a recibir dicha prestación hasta seis meses después de salir”. El restaurante Camarón cuenta actualmente con cuatro empleados “cobrando, pero de vacaciones”, y con una decena acogidos a ERTE.

El establecimiento puntaumbrieño lleva actualmente cerrado 45 días, y “aunque parece que la situación epidemiológica evoluciona ahora favorablemente –concluye Franco– corremos el riesgo de una nueva recaída en Semana Santa si se abre todo, si se produce mucho trasiego de gente entre provincias o comunidades, y si nos relajamos como pasó en Navidad”.

El Rompido se ha convertido en los últimos años en uno de los principales destinos gastronómicos de la costa onubense, al que acuden numerosos onubenses de toda la provincia para disfrutar de sus delicias culinarias.

De ahí que los hosteleros de este enclave se muestren estos días quizá un poco más optimistas que los anteriores. Es el caso de Eloy Burgos, de la Abacería La Choza, para quien la apertura perimetral de Cartaya es “muy positiva”, sobre todo “después de tantos meses de cierres y aperturas intermitentes”. “Cada reapertura conlleva muchos gastos para nosotros”, añade, al tiempo que asegura que “para tener un negocio hay que ser optimistas y espero que ésta sea ya la definitiva.

Varias personas disfrutan pese al frío de las vistas en la terraza del restaurante Pura Vida, en Punta. Varias personas disfrutan pese al frío de las vistas en la terraza del restaurante Pura Vida, en Punta.

Varias personas disfrutan pese al frío de las vistas en la terraza del restaurante Pura Vida, en Punta. / Jordi Landero

En su caso, quizá no sea de los más afectados por el cierre perimetral que acaba de concluir, ya que “tenemos muchos clientes locales”. No obstante, “se echa mucho de menos a los que vienen de fuera, especialmente durante los fines de semana”.

El último cierre le ha supuesto un coste de unos 7.000 euros, ya que “a las facturas, autónomos, impuestos, suministros, alquileres y hasta incluso género tirado a la basura que hemos tenido que seguir pagando, se suma lo que hemos dejado de ingresar”. Antes de la pandemia, la plantilla de este establecimiento estaba integrada por una media de seis personas, y ahora está de cuatro.

Como el anterior, Silvia Flores, propietaria de El Rinconcito de Silvia, también se muestra “muy optimista”. Y es que, asegura, el 70% de su clientela es de fuera de Cartaya “y eso se va a notar”, ya que “por esa regla de tres, nuestro negocio se ha reducido en un 70%, y consecuentemente nuestra plantilla, que normalmente está formada por una decena de personas, y ahora por 4 ó 5”.

Pese a reconocer que para su negocio las restricciones no son buenas en el corto plazo, se muestra convencida de que “desde el punto de vista sanitario sí han sido buenas”, que “es positivo para salir definitivamente cuanto antes de esta situación”.

Los empresarios están temerosos ante una posible nueva ola si la gente se relaja demasiado

El Rinconcito de Silvia reabrió sus puertas este viernes “con mucha ilusión ante esta nueva etapa”, que, según su propietaria, “creemos va a ser mejor, ya que la gente ha salido más concienciada de la tercera ola porque prácticamente todos hemos visto esta vez los efectos del virus mucho más de cerca. ¿Quién no ha tenido en las últimas semanas algún familiar, conocido o vecino contagiado”, se pregunta para concluir.

En parecida situación se encuentra Jaime Valenciano, del histórico restaurante rompiero Rincón de Pescadores, donde la mayoría de la clientela también procede de fuera de Cartaya. En este sentido, la apertura perimetral “nos va a venir muy bien, sobre todo los fines de semana”.

Asegura que el último cierre de su establecimiento “lo hemos llevado muy mal porque no hay ayudas reales para el sector, y porque las facturas y los impuestos hemos tenido que seguir pagándolos”, a lo que añade “lo complicado de gestionar en estos tiempos el tema de los trabajadores por la dificultad de compaginar la intermitencia de cierres y aperturas con los ERTE”.

Además, para Valenciano el futuro sigue siendo “muy incierto, porque esto no ha acabado. Vamos a abrir y me temo que tendremos que volver a cerrar porque la cosa se complique. Es por ello que apela a la “responsabilidad de toda la sociedad para que esto mejore y podemos salir de esta situación”.

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