Valverde del Camino

Historia, cultura y solidaridad en la Velá de Santa Ana

  • La asociación homenajea este año a Juan Vázquez Méndez, muy conocido en la localidad

Varias generaciones de valverdeños acompañan a la imagen de Santa Ana. Varias generaciones de valverdeños acompañan a la imagen de Santa Ana.

Varias generaciones de valverdeños acompañan a la imagen de Santa Ana. / Javier Monterroso (Valverde)

Más de 400 años de historia le otorgan el título de tradición festiva más longeva de Valverde del Camino. Quien intente alguna comparación con la Feria de Agosto, yerra. La Velá de Santa Ana fue su origen. Le dio forma, le dio vida. Nació en La Charca como exposición ganadera y siglos más tarde continúa pintando de rojo el calendario veraniego valverdeño en un escenario de época.

La calle Santa Ana, el Barrio de Santa Ana, cuenta los años por cada Velá. Allí conviven las niñas del convento y las ancianas de la residencia de las Hermanas de la Cruz. La talla de la Santa no podía descansar en un espacio con más amor. Su legado, su fisonomía y sus expresiones hacen de éste uno de los rincones donde los vecinos pueden renacer.

La ‘feria chica’, como casi todos la apodan, rinde tributo cada año a una persona singular. Esta edición, el elegido por la asociación es Juan Vázquez Méndez. Un hombre de bien. Así hay que decirlo. Su éxito como empresario no ha sido un obstáculo para mirar por el prisma del necesitado. Su mecenazgo en la construcción de la residencia, su impulso a Proyecto Hombre Valverde o su colaboración con Apamys y Cáritas le hacen merecedor de cualquier homenaje. Su obra es inmensa; su recuerdo será infinito.

Las fiestas en honor a Santa Ana en Valverde del Camino se han concentrado en el último fin de semana. Desde el primer triduo hasta la procesión, pasando por el pregón, obra del exalcalde Manolo Cayuela. Le gusta la historia y disfrutar de las tradiciones. Por ello, su discurso fue una exaltación de esta seña de identidad valverdeña. Un recorrido por el contexto en el que nació esta fiesta y el devenir que le ha traído hasta nuestros días.

El resto de las celebraciones se reparten por las calles adyacentes. Atracciones infantiles, puestos ambulantes, un tren turístico, una caseta de convivencia y un mercado medieval se dan la mano en sólo unos metros. Los que separan el Estadio Nuevo Alkali de la Plaza de la Charca. En este último emplazamiento, la artesanía se muestra como fiel reflejo del Medievo. Pasacalles, espectáculos cetreros, personajes alegóricos, teatro o circo han completado una programación envuelta de cultura.

No ha faltado la música. Ni en las noches de verbena ni por las calles de la procesión. El sábado amanecía con las notas de la Banda del Tirachinos en la tradicional diana y el domingo se despedía con los sones de los músicos municipales por el recorrido habitual de Santa Ana. Sobre su trono, entre flores y a hombros de los valverdeños. Una imagen que se repite cada julio con el ocaso del sol.

La devoción a la madre de María, el baile de las ancianas al llegar el Tirachinos, los artículos con aroma medieval o la ilusión de los más pequeños al cruzar el alumbrado son algunas de las estampas que adornarán la próxima edición de la revista Raíces, que edita la Asociación Velá de Santa Ana y que alcanzará el año próximo su vigésimo tercera publicación.

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