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Gentes de aquí y de allá: Mariano Moreno Lozano, constructor y cantaor

  • Por Fernando Barranco Molina, académico de número de la Academia Iberoamericana de La Rábida. Profesor Honorario de la Universidad de Huelva

Gentes de aquí y de allá: Mariano Moreno Lozano, constructor y cantaor Gentes de aquí y de allá: Mariano Moreno Lozano, constructor y cantaor

Gentes de aquí y de allá: Mariano Moreno Lozano, constructor y cantaor / Fernando Barranco Molina (Huelva)

Es muy celebre el cante jondo de Martín de la Jara, un pueblo sevillano situado en el antiguo Camino Real de Sevilla a Málaga. Y es allí donde nacieron Mariano Moreno Lozano y sus siete hermanos. Será por eso que Mariano se aficionó desde pequeño al cante.

Mariano nació un día de San José en el año 1943 y con solo 6 años se vino a vivir al bonito pueblo onubense de Hinojos, ya que a su padre le ofrecieron un buen trabajo en la finca El Cortijillo y aquí que se vino con toda su familia. En Hinojos fue donde se formó, fue al colegio y se aficionó más al cante, ya que formó un coro con sus amigos. Su padre compró una casa en este pueblo y él, desde muy joven, se puso a trabajar con los albañiles. Su primer trabajo como aprendiz lo recuerda en la construcción de la Ermita de la Soledad y fue un alumno aventajado que pronto aprendió el oficio. Así empezó a hacer pequeñas obras hasta que le llegó el momento de hacer el servicio militar, que le tocó en el Regimiento sevillano de Soria 9. Pero se fue voluntario a la Línea de la Concepción a hacer guardias en la frontera con Gibraltar y allí lo destinaron a ser conductor de carros de combate, cosa que recuerda con cariño porque le gustó mucho eso de ir montado en semejantes vehículos.

Al terminar la mili, su hermano Antonio, diez años mayor que él, se vino a trabajar a Punta Umbría. Resulta que el secretario general del Ayuntamiento de Hinojos, don Manuel Muñiz, lo era también del de Punta Umbría y le dijo que en nuestro pueblo costero se estaba desarrollando una gran actividad en el mundo de la construcción y se edificaban grandes edificios. Así, Antonio se vino y tiró de su hermano Mariano, porque en Punta Umbría se ganaba mucho más que en Hinojos.

Mariano y Antonio empezaron a trabajar en el primer bloque de la Canaleta y ahí estuvieron hasta terminar todos los edificios. Luego pasaron a construir los chalecitos de Pinos del Mar, donde estuvieron desde el principio hasta el final. Y al terminar, los dos hermanos siguieron trabajando juntos construyendo muchas casas.

Aquí en Punta Umbría conoció a la mujer con la que se casó y con la que tuvo cinco hijas, a cada cual mejor. Yo solo conozco a dos: Mari Carmen, que es médico y fue durante una época la directora del Centro de Salud de Punta Umbría; y Rocío del Valle, que se llama así en recuerdo al pueblo donde vivió su infancia y juventud y que es una magnífica aparejadora y muy simpática y agradable. Pero Mariano me habla maravillas de todas, ¡qué suerte haber tenido cinco hijas y todas tan buenas!

Mariano empezó a construir por su cuenta muchas casas, chalets y edificios en la barriada de San Sebastián, en la calle Ancha o en la Ría, y todos ellos con una gran calidad. Recuerdo que el aparejador que estaba haciendo el edificio Cormorán, que era muy amigo mío y era de fuera, quiso ver cómo se construía aquí y me pidió que lo llevase a ver edificios en construcción. Y entre todos los que vio me dijo que quien mejor construía era Mariano Moreno, sin desmerecer a ninguno de los demás, pues le gustó mucho como construían todos. Punta Umbría, y eso lo digo yo, históricamente siempre ha tenido grandes albañiles.

Llegó el día en que Antonio se dedicara a hacer edificios por su cuenta y Mariano por la suya, pero el segundo se asoció con otro magnífico constructor que era y es José Antonio Muriel y fundaron una sociedad que llamaron Punta luz e hicieron grandes obras, entre las que cabe destacar el edificio Torre Umbría, al borde de la Ría.

Pero él es un hombre inquieto y durante cinco años quiso cambiar de aires y se fue a construir a la Costa del Sol, Manilva y Estepona, donde no le fue nada mal y pudo holgadamente pagar las carreras de sus cinco hijas, que estudiaban fuera. Allí construyó un hotel, chalets, viviendas adosadas y un total de 311 viviendas de un tirón. Todo esto fue entre 2004 y 2009, el tiempo que vivió en Málaga. Pero nunca dejó de venir todos los fines de semana a su Punta Umbría de su alma y a ver a sus niñas y a sus amigos de la Peña Flamenca, de la cual él había sido socio fundador.

Mariano canta muy bien, tiene una voz desgarradora que a mí, particularmente, me pone los pelos de punta cuando lo oigo cantar. Grabó un disco de fandangos de Huelva con la Peña Flamenca y además ha sido cantaor de saetas tanto en Punta Umbría como en Huelva, reuniendo a gran cantidad de personas entorno al lugar donde ya se sabía de antemano que Mariano iba a cantar.

Su Peña Flamenca es sagrada para él, por eso ha sido presidente durante seis años y ahora, en la actualidad, es el presidente de la junta gestora hasta que se convoquen nuevas elecciones. No hace mucho tiempo se le dio un homenaje en su Peña Cultural Flamenca y salió al escenario a cantar su hija Mari Carmen, que desde que tenía 7 años canta y baila en escenarios además de ser buena estudiante y estudiar la carrera de Medicina para ser la gran profesional que es hoy. Ese día se emocionó allí todo el mundo. A Mariano se le quiere mucho en Punta Umbría porque siempre ha sido un hombre de bien, un hombre sencillo, amable y cariñoso, en definitiva, un hombre bueno.

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