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Gente de aquí y allá: Miguel González López, Miguelito 'el cordonero'

  • Por Fernando Barranco Molina, académico de número de la Academia Iberoamericana de La Rábida y profesor honorario de la Universidad de Huelva

Miguelito 'el cordonero'.

Miguelito 'el cordonero'. / M. G. (Huelva)

Es el último cordonero de la historia de Punta Umbría y de todo el golfo de Cádiz. Tiene 75 años y aún sigue en activo, dedicándose al oficio que empezó a aprender en la ría cuando solo tenía siete años. Miguel nació aquí en este pueblo marinero el 26 de febrero de 1947, en un conocidísimo chalet de la calle Ancha llamado Villa Antoñita. Sus padres, leperos, vinieron a esta localidad a buscar una vida mejor. Y la hallaron.

Son seis hermanos, dos de ellos gemelos, y siempre estuvieron juntos. Miguel solo fue al colegio durante un mes en toda su vida, pues enseguida se puso a trabajar en las faenas de la mar. Hizo de todo desde bien pequeño. Primero se puso a hacer redes, su padre le enseñó cuando todavía eran de algodón, también limpiaba los fondos de las lanchas de su abuela cuando llegaban a la orilla después de faenar.

Su trabajo siempre lo desarrolló en la arena de nuestra ría. Aprendió mucho y bien los oficios de redero y cordonero, porque Miguel es una persona muy lista y con su inteligencia innata, sin colegio ni nadie que le enseñara, aprendió a leer y a escribir. Incluso hoy presume de que cuando sus hijas utilizan las calculadoras para hacer algunas operaciones, él les da el resultado sin usar ni siquiera lápiz y papel, sino de cabeza, haciendo mentalmente las cuentas y sorprendiendo a todos.

Conoció a Flor, su esposa que, siendo lepera, llegó a Punta Umbría cuando solo tenía 14 años. Miguelito, que era como se le llamaba y se le sigue llamando, seguía trabajando y con 18 años se independizó y se puso a trabajar por su cuenta dando a su vez mucho trabajo a gente del pueblo. La verdad es que más de medio pueblo trabajaba con él, porque el llevaba trabajo a las casas de los puntaumbrieños que lo necesitaban. Así que en muchas casas realizaban redes los padres, las madres y los hijos. E incluso, curiosamente, también a los presos de la cárcel de Huelva les llevaba trabajo y cuando le avisaban él iba a recogerlo y a pagarles. Y los presos estaban muy agradecidos porque, aparte de ganar un dinerito, su condena se reducía porque cada día trabajado valía por dos. Cuando Miguel tenía 24 años y Flor solo 20 se casaron. Era el año 1971 y hace solo unos días han cumplido 50 años de casados y sus cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, les prepararon una sorpresa para celebrar sus bodas de oro.

Miguel sigue trabajando con la misma ilusión de toda la vida y, cuando decía al principio que era el único cordonero del golfo de Cádiz, lo decía porque él trabaja para todos los barcos del litoral portugués. Me cuenta que cree que en el Puerto de Santa María hay otro señor que también es cordonero, pero sin duda no tiene la cantidad de trabajo que tiene él. Y es que Miguel tiene encargos de una empresa de efectos navales de Huelva que se los compra para enviarlos a China.

Recuerda con nostalgia la gran cantidad de barcos que existían en nuestro puerto, principalmente de arrastre o de “pareja”, como se le llama por aquí, y que eran unos 120. Muchos eran de Marruecos y aunque ahora solo quedan 3 hubo una época en que había más de 200. Él también tiene en su propiedad una traíña, otras dos embarcaciones de almejas, y tiene trabajando con él a unas veinte personas. Es decir, que ha dado mucho trabajo durante toda su vida y sigue dándolo, algo de lo que se siente muy orgulloso y feliz.

Miguelito el cordonero presume de hacer todo de forma artesanal y con materiales reciclados, toneladas y toneladas que le llegan de los desguaces de otros barcos mercantes o de la armada española. Pero también le da pena que su oficio desparezca con él. Por eso propone dar clases gratis a los jóvenes de Punta Umbría si el ayuntamiento le pone los medios necesarios. Me insiste en que escriba esto por si alguna autoridad local llegase a leer esta breve semblanza que estoy haciendo del último cordonero de Punta Umbría.

Además, me cuenta muchas anécdotas de su vida profesional. Por ejemplo, me habla de redes que arregló a algunos barcos porque su propietario le decía que no pescaba nada o muy poco sin saber por qué sería, mientras que otros barcos que pescaban en el mismo caladero venían a puerto cargados de pescados. Entonces Miguel le decía que eso era por culpa de las redes, que se las dejara y, tras repararlas y devolvérselas, el propietario, asombrado, le preguntaba que qué les había hecho porque ahora volvía súper cargado de pescado, como nunca en su vida. Así es él, todo un artista en su oficio.

Miguel González López es muy querido en Punta Umbría porque, aparte de ser un buen hombre y muy cariñoso con todos sus vecinos, ha colaborado y colabora con todas las cosas del pueblo. Por ejemplo, fue hermano mayor de la Hermandad de la Santa Cruz, de gran arraigo en la localidad. Y llegó a serlo porque en la subasta de la vara pujó más que nadie en aquella ocasión para lograrlo. Pero además también ha colaborado muchas veces con el resto de las hermandades del pueblo. También fue presidente de la Peña Cultural y Flamenca, haciendo una gran labor y trabajando por esta institución desinteresadamente. Y es que es un puntaumbrieño de pro que lleva a su pueblo en su corazón. Por todos estos motivos lo he querido traer hoy a este espacio, porque se lo merece con creces.

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