Gente de aquí y de allá Domingo Ávila, el alguacil

  • Nacido en Fuentes de Andalucía, sus restos reposan en la localidad donde ejerció su trabajo y dejó amigos

Domingo Ávila era conocido en Punta Umbría como 'El Alguacil.

Domingo Ávila era conocido en Punta Umbría como 'El Alguacil. / M. G. (Punta Umbría)

Cuando yo ingresé en los Servicios Técnicos del Ayuntamiento de Punta Umbría, este departamento solo lo formábamos cinco personas: mi inseparable compañero Manolo Leal, el gran aparejador José María González Azcona, María Dolores Jiménez Bravo y mi buena amiga y casi hermana Toñi Fortes. Y en otros servicios no crean ustedes que había muchos más, en total éramos poco más que una familia. Hoy, en el departamento que mejor conozco, hay más de treinta compañeros.

Pero había un funcionario que enseguida llamó mi atención y que no pertenecía directamente a ningún servicio, pero que tenía relación con todos. Bueno, en realidad dependía de Secretaría y esta persona era Domingo Ávila Fernández, más conocido por todos como Domingo El Alguacil. Aunque la figura de este funcionario depende oficialmente del señor alcalde, por operatividad es el secretario quien le da las órdenes, que no son otras que la entrega y reparto de documentación. Era un enlace entre el alcalde, los funcionarios y el resto de la población

Domingo era una persona exquisita, con una educación y un respeto con todo el mundo que se salía de lo común. Se notaba que antes había sido guardia civil. Era “fontaniego”, ya que había nacido en la localidad malagueña de Fuentes de Andalucía, y ese era su gentilicio. Eso fue en el año 1914. Su pueblo natal, pequeño pero precioso, está muy cerca del rio Genil y allí vivió dedicado al campo realizando las labores propias de un agricultor. Se trata de un pueblo famoso por sus garbanzos, pues siempre han sido muy apreciados por ser muy blandos y blancos. Aunque pasó malos momentos y tuvieron que plantar otro tipo, el garbanzo castellano y también el llamado mexicano.

No obstante, hoy el garbanzo blanco de Fuentes de Andalucía es muy cotizado y se vende en los mejores comercios de alimentación. Pero llegó la Guerra Civil y él, al igual que toda la juventud española, se marchó al frente y se rompieron todas las ilusiones. Mientras tanto, en su pueblo ocurrió un macabro hecho histórico del que ahora se está volviendo a hablar mucho tras haber permanecido silenciado durante 80 años. Se trata del conocido como el crimen del Aguaucho, que ahora se está investigando y se están haciendo excavaciones arqueológicas porque unas jovencitas fueron cruelmente arrojadas a un pozo.

Domingo estuvo deambulando por donde lo mandaban hasta que al terminar la contienda se fue a la academia de la Guardia Civil, donde estuvo hasta su jubilación activa en la población onubense de Ayamonte, donde nacieron sus tres hijas. Sus hijos habían nacido en otros destinos por los que pasó Domingo. Y de ahí pasó a “destinos civiles”. Le dieron a elegir varios lugares entre los cuales estaba el ayuntamiento de Punta Umbría, que fue el que eligió.

Domingo Ávila era conocido en Punta Umbría como 'El Alguacil. Domingo Ávila era conocido en Punta Umbría como 'El Alguacil.

Domingo Ávila era conocido en Punta Umbría como 'El Alguacil. / M. G. (Punta Umbría)

Así, en el año 1964, vino destinado a este pueblo donde fue muy bien recibido, pues todo el mundo sabe lo acogedora que es la gente de Punta Umbría. Un año antes este pueblo se había independizado de Cartaya y el ayuntamiento empezaba a funcionar. Solo diez años después llegué yo y enseguida hicimos una gran amistad. Como a él le gustaba mucho contar cosas y además sabía que yo era hijo de militar, pues me contaba mil y una batallitas.

Lo recuerdo perfectamente como un gran fumador, siempre con su cigarrillo en la boca, aunque él me decía que no era fumador, porque no se tragaba el humo. A mí me llamaba siempre, desde el primer día, “Don Fernando”, cosa que me producía gran sonrojo por el hecho de que una persona tan mayor me llamase así. Y es que él era todo un señor, educadísimo y respetuoso, y yo solo un jovencito que acababa de terminar mi carrera.

Y mira por donde, mi hermano menor conoce a una chica de la que se enamora y deciden casarse. Y esta novia de mi hermano Emilio resulta ser la hija más pequeña de Domingo, hermana de mis amigos Domingo, que fue delegado provincial de Agricultura y de Medio Ambiente; José Antonio, profesor en Punta Umbría; y Julián, funcionario de la Diputación Provincial de Huelva. A las hermanas no las conocía yo por aquel entonces, pero sí conocía a la madre de ellos y esposa de Domingo, que se iba a convertir en la suegra de mi hermano. Ella era Isabel, una gran señora muy amable y cariñosa con la que llegué a tener mucha amistad y a la que todo el pueblo respetaba y quería. Domingo y yo ya nos teníamos mucho cariño, pero a partir de aquel momento se acrecentó porque indirectamente nos íbamos a convertir en familia.

Domingo se puso enfermo y murió al finalizar el año 1992. Fue el 29 de diciembre y en el día de su entierro le presté con gran honor mi último servicio. Resulta que en el servicio municipal de enterramientos le habían asignado un nicho bajo y sombrío. Pero él, de broma, siempre decía que por favor lo enterrasen en un nicho bien soleado. Me lo dijo uno de sus hijos y entonces yo le dije al enterrador que esperase un momento que yo iba a hacer una gestión. Entonces, enseguida hice una llamada al compañero que llevaba el Negociado de Cementerio y, tras contarle el deseo del compañero difunto, accedió y Domingo por fin pudo descansar en paz en un nicho alto y soleado como quería. Él, que tantos favores hizo en vida, se merecía este último.

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