Coronación canónica El Obispo de Huelva, José Vilaplana, preside el acto

Aracena corona a María Santísima del Mayor Dolor

  • Tres mil personas ocuparon el escenario situado a las puertas de la Asunción · Es la segunda imagen mariana coronada en la Sierra junto a la Reina de los Ángeles

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Aracena coronó ayer a su patrona, María Santísima del Mayor Dolor, en un acto histórico, inolvidable, sentido, emotivo, recordado, religioso, mariano y a la altura de la ciudad. Entre la luz y la oscuridad, cuando el reloj marcaba justa y casualmente las nueve y once minutos de la noche, como si fuera el undécimo día del noveno mes del año, el obispo de Huelva José Vilaplana subía al paso procesional de la Virgen para colocarle la corona con meticulosa orfebrería en las sienes de la preciada imagen. Seguidamente, el hermano mayor, Carlos García, ajustaba bien la corona para la posterior procesión que bendecirá las calles del pueblo. Ambos contemplaban fijamente, a la Virgen ante la atenta mirada de unas 3.000 personas.

La localidad llevaba días oliendo y sintiendo de forma distinta frente a la rutina diaria que no deja respirar a los mortales. La cuenta atrás era inevitable y desde muy temprano ante un sol radiante y el frescor natural de la Sierra en un mes sinónimo del fin estival y a las puertas de un otoño tan rico en la zona, todos los caminos iban al mismo sitio. Un marco incomparable. El barrio antiguo e histórico de la Plaza Alta con acompañantes de excepción; el Cabildo Viejo (sede actual del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche y antiguo consistorio aracenense) junto a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, engalanada para la ocasión. Bonitas colgaduras de color rojizo se deslizaban por los catedralicios muros del templo con mensajes marianos tiernos, misericordiosos o comprensivos bajo la presidencia de la única protagonista de la tarde.

A las puertas de la Asunción en dirección a un lejano, pero visible Castillo, se situaba un escenario de grandes dimensiones con tres plataformas diferenciadas; a la izquierda una coral foránea de finas y elegantes voces, a la derecha la Banda Municipal de Música de Aracena y en el centro el altar mayor con el paso de la patrona, la corona como mejor testigo, el obispo onubense, el cura párroco, Longinos Abengózar, y varios acólitos, curas y presbíteros de otras parroquias de la comunidad cristiana.

Banderas por los rincones, flores en cada espacio, colgaduras y exornos propios de un acto de este calibre. Todo listo. De testigo, unas 3.000 miradas para juzgar un acontecimiento inolvidable.

Todos los caminos hacia la Plaza Alta: Francisco Rincón, Valle, Rosario Cañizares, Colón, Jesús María o Virgen del Mayor Dolor. Varios puntos previos al gran acto. El primero, la llegada de numerosos curiosos y visitantes. El lugar era el recinto ferial de agosto como aparcamiento de vehículos. El entorno de la Gruta de las Maravillas, en el barrio de San Pedro, el lugar perfecto para el recibimiento de tantos bien avenidos con un catering y convivencia mariana. Desde allí hasta Santa Catalina, próximo al recinto central, desplazamientos en autobús para evitar pérdidas y cansancio. Un gran dispositivo acompañado de varios policías locales y los miembros de la Cruz Roja de Aracena.

Pasadas las seis y media de la tarde llegaba a Santa Catalina el obispo de Huelva José Vilaplana Blasco, que fue recibido por toda la comunidad religiosa aracenense, de mano de la junta de gobierno de la Santa Vera Cruz, consejo de hermandades y cofradías compuesto por tres representantes de cada corporación y muchas personas vinculadas al sentir mariano y religioso de la geografía onubense en mayor medida. Tras rendir culto en el interior del templo, partía todo el cortejo en dirección a la Plaza Alta, y al llegar al recinto era recibido por una multitud que veía como todos pasaban por el centro del altar principal del acto o escenario de excepción. Pasaban los minutos y la hora marcada de las ocho de la tarde se aproximaba a la vez que se alejaba el calor con el final de la tarde.

Y finalmente, el solemne pontificial de la coronación canónica de Nuestra Señora del Mayor Dolor, patrona de Aracena, daba comienzo. El cuidado protocolo religioso poseía sus correspondientes homilías, lecturas bíblicas, salmos responsoriales, oraciones, ofrendas, acción de gracias, ritos, y cantos. Además, la participación de la Banda Municipal del Música de Aracena y de una coral con actuaciones instrumentales y orales respectivamente de gran calidad.

El momento más esperado, sin duda alguna, cuando el obispo onubense colocaba en las sienes de la imagen mariana la corona de oro para -de forma oficial- coronar a la Madre de los aracenenses, tras la liturgia de la coronación por el secretario canciller del Obispado de Huelva Manuel Carrasco Terriza y la homilía del señor Obispo. El máximo pontífice roció con agua bendita la corona portada por tres niñas y un niño, quienes representaban a los barrios históricos de Aracena. Tras el ritual de la colocación de la corona, la segunda imagen mariana coronada en la Sierra tras la Reina de los Ángeles en Alájar.

Tras la larga e intensa misa llegaba otro momento, no menos esperado, la procesión de la Virgen en su paso por las calles de la ciudad recorriendo lugares nunca vistos en la tarde de Jueves Santo. Además asistiendo como ya hiciera en andas durante los meses de julio y agosto todos los barrios de Aracena. El paso fue levantado a las 22:55 de la noche bajo la voz y el aliento de las tres cuadrillas de costaleros por el obispo, quien cogía el llamador donado por todo el cuerpo de costaleros y realizado por el artista local Pepe Antonio Márquez. Tras despejar un poco la parte de la plaza en dirección a la cuesta empedrá o calle Francisco Rincón, comenzó del recorrido, era el inicio de una larga procesión que al cierre de esta edición permanecía con normalidad por el casco urbano cebollero, con las correspondientes representaciones venidas de toda la provincia e incluso geografía nacional como de Alcázar de San Juan de Ciudad Real, ya que la entrada estaba prevista en torno a las ocho de la mañana en la Iglesia Prioral del Castillo con los primeros rayos de luz en un 11 de septiembre del 2010 para la historia.

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