La tribuna

La lealtad y la traición

La lealtad y la traición
Rosell
Juan Carlos Rodríguez Ibarra
- Ex Presidente De La Junta De Andalucía

La negativa de Pedro Sánchez a seguir la política bélica de Donald Trump tiene sus riesgos. Puede beneficiarle o puede perjudicar los intereses de España, o puede ayudar o lastimar su liderazgo interno y externo. En cualquier caso, el presidente del Gobierno afirmó el pasado 6 de marzo que la lealtad con EEUU consiste en decir cuando se está equivocando.

Nunca estuve más de acuerdo con Sánchez. La lealtad, dentro del PSOE, también debería consistir en decir cuando se está equivocando. Y eso es lo que algunos tratamos de hacer: ser leales y advertir de los errores que se cometen gravemente en el liderazgo del PSOE. Si se acepta esa premisa –y yo la acepto– la deslealtad consiste en seguir a pies juntillas lo que se haga o se diga aunque vaya en contra de los principios que defendemos.

La discrepancia, desde esa lealtad definida por el presidente del Gobierno, tiene más valor cuando quien la práctica se arriesga a salir perjudicado por esa lealtad.

No creo que nadie ignore que algunos tendríamos una imagen mucho mejor entre la militancia si hubiéramos renunciado a ser leales desde la denuncia de la equivocación. Sabemos que adoptar esa posición nos trae antipatías en el seno de la organización. Cualquiera, dentro del PSOE, sabe que lejos de mí intención cualquier deseo de aspirar absolutamente a nada ni orgánicamente ni institucionalmente. Si no busco nada, si no aspiro a nada, ¿por qué creen algunos que digo lo que digo? ¿Qué beneficios obtengo por esta lealtad tan bien definida por Pedro Sánchez? ¿Hay alguien que crea que nuestro historial, si fuera acompañado de nuestro silencio o de la alabanza ciega, no se vería recompensado con el elogio y el respeto que merecemos por habérnoslo ganado en nuestros largos años de militancia? ¿Qué nos costaría aplaudir el desenfreno del PSOE en cualquier proceso electoral que tengamos que afrontar? Practicar el zapaterismo nos resultaría altamente rentable en aplausos militantes. ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué no dejar que el PSOE continúe su declive, perdiendo una elección tras otra y, lo que es peor, convirtiéndose en tercera fuerza política en determinados territorios, alejándonos de la posibilidad de ganar y gobernar en los mismos? ¿Qué se espera del PSOE en la Comunidad Autónoma Gallega? ¿Y qué se espera en el País Vasco? ¿Y qué futuro tenemos en el sitio en el que hace 147 años se fundó el PSOE, y en el que también somos la tercera fuerza política? ¿Cómo ha sido posible perder de la forma en que hemos perdido en Extremadura o en Aragón? ¿Qué nos espera en Castilla y León a pesar del esfuerzo de su buen candidato Carlos Martínez? ¿Y en Andalucía? ¿Cómo es posible que se siga insultando a quienes denunciamos esa catástrofe y no haya nadie que sepa decir algo más que injuriar a quienes denunciamos el mal camino que se sigue?

No resulta difícil entender nuestra arriesgada posición. Resulta mucho más difícil la posición silente de quienes ven y aplauden el deterioro electoral sin inmutarse con tal de no verse sometidos al veredicto de unas bases del partido cada vez más radicalizadas, hasta el punto de que podemos decir sin temor a equivocarnos que la posición del PSOE en el espectro sociológico se sitúa cada vez más alejada del centro izquierda y más próximo al espacio que ocupaba Podemos en 2015.

Nadie puede negarme el derecho a decir lo que pienso de una política que se aleja cada vez más de la igualdad. Podría aplaudir y vitorear al Gobierno y a cada uno de sus ministros. Sería recibido con todos los honores por los que hoy me insultan, algunos de los cuales doblaban el lomo a mi paso cuando ejercía poder orgánico e institucional. Podría hacerlo, pero aguanto mejor la traicionen de algunos de los que antes me adulaban antes que la traición a mí mismo.

El escritor Santiago Posteguillo afirma que en estos tiempos saber diferenciar entre quién te sigue por interés y quién te defiende por lealtad es esencial. Ya saben: la lealtad con Pedro Sánchez consiste en decir cuando se está equivocando.

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