La última ilusión

06 de enero 2026 - 03:07

Qué tal? ¿Cómo te has portado este año? ¿Mucho carbón? Mira que te avisamos con tiempo, ¡los Reyes Magos están siempre atentos! Aunque seguro que también habrá caído algún que otro regalito, porque los Reyes saben que lo intentas, que te esfuerzas en ser bueno, con tus fallitos, como todos.

La mañana del día de Reyes siempre ha sido de mis favoritas del año. La ilusión de compartir, de disfrutar, de visitar a los abuelos y comer roscón de reyes, el dulce más especial del año, y no admito discusiones al respecto. A la vida sólo le pido que no al roscón no le pase como a la pobre torrija, que ha sido desposeída de su esencia semanasantera y convertida en postre de restaurante. Me sigue pareciendo mágico que, pudiendo repetir la receta del roscón en cualquier momento del año, respetemos la tradición de hacerlo sólo estos días de enero. Las tradiciones son importantes, porque de alguna manera transmiten nuestra identidad, nuestra esencia, nuestros valores.

Poner agua a los camellos, que los pobres se cansan mucho en esta noche tan especial, y leche con galletas a sus Majestades; los zapatos bajo el árbol; ir a dormir temprano… ¡Y no se te ocurra despertarte o se esfumará la magia! En mi casa siempre había también algo de carbón dulce, una costumbre que se está perdiendo y me parece un signo de los tiempos, porque antes no te traumatizabas porque te recordaran que eras falible, que eras humano, ni porque comieras azúcar. Ahora… Ahora es otra historia, no sé si mejor o peor, simplemente otra historia.

El mundo ha cambiado mucho desde que éramos pequeños, y sin embargo la inocencia del día de Reyes permanece como un faro de esperanza que resiste el embate del viento de los tiempos. No está incólume, los daños son visibles en la forma en la que nos expresamos con mucho menos cuidado que antes delante de los niños, incluso en televisión. Su propia ingenuidad natural les protege, afortunadamente, pero no nos exime de responsabilidad.

Vivimos en un mundo tan descreído que es un acto de justicia conservar la ilusión de los Reyes para los más pequeños de la casa. Se lo debemos. Nuestros mayores depositaron en nosotros un legado que, en su mayor parte, no estamos siendo capaces de conservar. El día de Reyes puede ser una de las últimas herencias que aún no hemos corrompido, despilfarrado o pervertido. Porque no sé vosotros pero yo heredé de un mundo anterior valores como el honor o la lealtad, la amistad pura y desinteresada y la ilusión del amor verdadero, pero no veo nada de eso en los valores que estamos transmitiendo a nuestros niños. Así que, por lo menos, conservemos esto. Feliz día de Reyes a todos. Espero que hayáis sido buenos.

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