El zurriago
Paco Muñoz
No nos merecemos esto
La muerte nos ha atropellado y nos ha dejado sin palabras. Demasiada muerte. Antes o después todos los onubenses vamos a tener alguien cercano en quien concretar la pena, cuanto más cercano mayor será la devastación que sufriremos. Todo salió mal antes, tanto la suerte como la mecánica o circunstancia que provocara el suceso; algo mejor después, cuando la solidaridad de un pueblo pequeño, y las instituciones respondiendo con armonía y la preocupación de todo un país dejó salir la humanidad a borbotones; pero ahora toca el silencio, sin opinión ni atrevimiento, solo silencio, amplio y respetuoso. No hay más información, no tengo opinión, creo que poco podemos sumar porque eso sería especular; dejemos estar, esperar, respetar y, si acaso, llorar.
Dos de las personas que han fallecido en este accidente, las que me tocan más de cerca, gastaron parte de su vida denunciando otras tragedias, esas calamidades que sí exigen acción y compromiso, clamando justicia, liderando espacios de compromiso y de transformación.
Gritaron contra la pobreza heredada de nuestros hermanos del sur, contra la indolencia de una sociedad machista, contra el consumo desaforado que aniquila el planeta. Pero ahora, ellos y todos los demás, solo merecen silencio.
Desde el principio algunos han querido escribir al margen, sortear y abandonar la armonía para airear conspiraciones, poner en marcha esa política neofascista que persigue la demolición controlada de nuestro estado del bienestar, irrespetuosa, claro está, es su plan.
Pero ni siquiera ellos, los que buscan sangre cuando algo sale mal, merecen réplica; esperaremos a que el duelo arraigue y el silencio pase, a que las investigaciones aclaren y el reposo enseñe, a que nuestros vecinos reposen, y entonces sí, volverá el grito.
Y los que surfean en la desgracia, en cualquier desgracia, obtendrán su respuesta.
Hoy esta columna se acalla, espera que el dolor repose, reconoce la capacidad de esta sociedad para responder a la desgracia, para ofrecer vida cuando la muerte se desparrama; para ser solidaria, compasiva y amorosa.
Pero en silencio. Descansen en paz nuestros vecinos.
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