Entre El Rompido y la Patagonia

14 de enero 2026 - 03:07

Vamos por partes. Matalascañas, una playa de Huelva que ya casi no puede llamarse playa. Aquello era una duna. Interpusimos un urbanismo descontrolado y ahora la playa no puede regenerarse. Y desaparece. Estamos buscando culpables. Pero hay demasiados culpables durante demasiado tiempo. Esto mismo está ocurriendo en muchas otra playas. Lo sabemos. De hecho seguimos ejerciendo el mismo urbanismo irresponsable. Léase El Rompido.

Seguimos. Más lejos, la Patagonia, Argentina. Está ardiendo. Posiblemente de forma intencionada. Pura especulación. Previamente han cambiado la legislación y han recortado los fondos. El cóctel perfecto. El bosque ardiendo sin control. La gente encabronada porque la expulsan de su tierra. Pronto llegarán las constructoras. El presidente de Argentina, lo hemos visto, alardea de motosierra.

Más. Estamos en un jodido mundo en guerra. Y pese a todas esas guerras los desplazados climáticos superan ampliamente a otros desplazados: 1.700 millones en la última década. Y vamos en aumento. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) calcula que antes del 2030 unos 700 millones de personas se verán desplazados sólo en el continente africano por culpa de la escasez de agua.

Y lo peor de todo: el negacionismo climático. Porque en paralelo a las consecuencias evidentes del cambio climático nos estamos instalando en una suerte de realidad virtual, donde las cosas son como las quiera pensar cada uno. Todo es opinable. La ciencia es opinable. O peor: la ciencia es objeto de burla, de desprecio, de insultos. Si uno dice que los datos indican temperaturas cada vez más extremas alguien lo acusará de necio, de sanchista o de iletrado. O de todo a la vez. Incluidas amenazas de muerte.

No nos estamos enfrentando al cambio climático. Porque hay que enfrentarse a los negacionismos que afloran como setas.

Y así es complicado: las playas desaparecen, los bosques arden, las aguas se contaminan, pero ni siquiera tenemos el consenso necesario para hacer frente a todo eso. Así que, mientras discutimos sobre la evidencia, la evidencia terminará arrasándolo todo. Así están las cosas. O quizás no. .

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