Gafas de cerca
Tacho Rufino
Sin barra, ¿qué bar?
Como periodista, asiduo apasionado del noticiario cotidiano, cada mañana a través de los dispositivos cibernéticos de la moderna tecnología, me asomo a la palpitante actualidad nacional e internacional, para escudriñar los frenéticos acontecimientos que nos sobresaltan a diario y nos colman de incertidumbre. En estos días los sucesos se agolpan en interés y preocupación en el mundo, pero si nos ocupamos de nuestro entorno más cercano,,más nuestro, tenemos una muy seria problemática, de la que tal vez muchos no hayan advertido su gravedad y transcendencia. Una pregunta ha surgido en las últimas jornadas: ¿estamos perdiendo nuestras playas?
Huelva, viene padeciendo durante el actual gobierno de un ignominioso y humillante abandono, sin inversiones, carencias intolerables y numerosas obras por ejecutar vitales para su desarrollo y el progreso de su economía. En ese amplio capítulo las playas suponen un potencial turístico de primera magnitud en esta industria.
Y una pregunta se hacen muchos onubenses: “¿Estamos perdiendo nuestras playas? Y todo ello a tenor de los estragos que están provocando las danas, las borrascas y los temporales que han afectado a nuestro litoral con un avance amenazador del mar y una alarmante pérdida de arena que han afectado a Mazagón (con un socavón desde el 29 de octubre pasado), El Portíl, Isla Cristina y sobre todo Matalascañas, cuya catástrofe registra devastaciones impresionantes.
“Esto se veía venir”, es un clamor popular ante un problema que se remonta a muchos años atrás. Cuando los destrozos alcanzan la magnitud actual el Ayuntamiento de Almonte urge soluciones inmediatas mientras el Gobierno las plantea a más largo plazo, con el consiguiente escepticismo del consistorio almonteño, tras la experiencia de actuaciones anteriores que no fueron eficaces, exigiendo su alcalde “una respuesta clara que permita saber a que atenernos”. La confrontación la han avivado los socialistas (sanchistas) onubenses que han calificado al alcalde de “estorbo”. Tal calificación no es admisible dada la situación de la playa y no parece la actitud más oportuna cuando lo más coherente es exigir al ejecutivo soluciones que no sean, como hasta ahora, “pan para hoy y hambre para mañana”.
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