Errores

30 de diciembre 2025 - 03:07

He cometido muchos errores en mi vida, pero ninguno me ha costado 4 millones de euros. Estos días no me quito de la cabeza a los chavales que conformaban la Comisión de Fiestas de Villamanín, León, y que han tenido la mala suerte de que les tocara el Gordo de Navidad. Estos chicos –el mayor no supera los 25 años y hay varios menores en el grupo– olvidaron consignar 50 participaciones de las 450 que vendieron, por lo que hay más ganadores de los que oficialmente están registrados, un desfase que supone que, en caso de no llegar a un acuerdo, tendrían que asumir esos 4 millones de euros que faltan del premio, más dinero del que podrían ganar legalmente en toda su vida.

Las interpretaciones de lo ocurrido son tan dispares como corazones hay en el mundo. Para algunos, es un error sin mala fe de un grupo de jóvenes que se mueve por su pueblo. El objetivo de la Comisión era organizar fiestas y eventos para dar vida a su pueblo y a los de alrededor, que sufren el castigo de la despoblación. El dinero recaudado con la venta de papeletas iba para financiar estas actividades. Para otros, son unos caraduras que querían quedarse con los 250 euros de venta de las 50 papeletas malditas.

Por mi trabajo, estoy en contacto con muchos jóvenes cada día y me inclino más por el error sin mala fe. Sin embargo, no me llevo a engaño porque conozco a algunos que también serían perfectamente capaces de hacer la travesura de los 250 euros para el bolsillo. Y sí, digo travesura a propósito, porque cualquier adulto funcional que haya trabajado alguna vez en su vida sabe que, siendo dinero, no es dinero. No lo es como para que el castigo valga 4 millones. No hay proporcionalidad alguna entre el crimen y la condena.

La mayor parte del pueblo ha accedido al acuerdo y repartirán el premio entre todos. Los chicos han renunciado a las suyas y las han aportado al común. Pero mi mente no se aparta de los que se plantean denunciar, en cómo hay que ser para estar dispuesto a arruinarle la vida a un grupo de chavales en lugar de asumir una rebaja en el premio. Un dinero caído del cielo, que no existiría si estos chicos no se hubieran movido y hubieran corrido el riesgo.

Sin embargo, la peor pérdida no es la económica: es la humana. ¿Seguirán atreviéndose a organizar algo después de esto? ¿Se moverán por los demás después de la reacción de algunos de los vecinos? Ojalá que sí, ojalá pesen más los buenos que los malos porque ahora y siempre el mundo necesita gente valiente que dé un paso adelante, a pesar de los riesgos y las dificultades.

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