Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Rota, Spain

Llegar al pueblo gaditano menos gaditano tenía mucho de 'Show de Truman', de escenario increíble

Si has veraneado de pequeño en aquella Rota, es difícil odiar al yanqui al modo en que suele hacerlo cierta izquierda clerical española, ese sustitutivo de los sermoneadores con sotana, siempre prestos a la práctica del adagio "públicas virtudes, vicios privados" (por cierto, muy propio también de la derecha clerical. Coincidencias). Llegar a Rota suponía desplazarse apenas cien de kilómetros, y un mundo entero sin embargo. En una España setentera que no acababa de sacudirse el miedo cerval a la autoridad, llegar al pueblo gaditano menos gaditano tenía mucho de Show de Truman, de escenario increíble: latas Cherry Coke; gorras con el anagrama de los Nets, balones tricolor de baloncesto, coches interminables empanelados en madera, mujeres descalzas en shorts vaqueros, soldados haciendo riffs por Jimi Hendrix con sus Fender en el interior de destartalados chalés con barbacoa, sectas que te invitaban a merendar, discos de Frank Zappa, raquetas Wilson metálicas, broncas de soldados beodos que acababan lanzados por un gorila de la pick-up en una camioneta, prósperos puticlubes que no daban abasto cuando arribaban el Saratoga o el Nimitz, kétchup y mostaza, enormes pizzas. Orgásmico. Nada de eso, ni similar, había por aquella España en la que el cadáver del dictador aún podía revolverse.

Ustedes dirán que la propia líder regional de Podemos, Teresa Rodríguez, es de Rota y sin embargo tiene gran callo en manifestarse frente a la verja del origen de todos esos males imperialistas, la base militar americana. Es una cuestión generacional. Rodríguez no vivió, por edad, aquella Rota en que los americanos vivían en el pueblo, antes de que la crisis del petróleo y los preludios de islamismo armado recluyeran a los soldados y sus familias en la propia base. Allí se acabaron las ferias "de los americanos", con chicas de camisetas mojadas que caían a una piscina si atinabas con la bola en una diana, o Pontiacs que podías destrozar con una machota durante unos minutos por un módico precio. Allí se comenzó a reducir el consumo de esos soldados y funcionarios en el pueblo, y, ay, el trabajo de cientos y cientos de roteños dentro y fuera de la verja. En esa época en que los americanos redujeron el contingente de sus tropas radicalmente, Rodríguez -valga ella como referente- no habría nacido. No lo vamos a negar, de EEUU nos llegó buena parte de la modernidad y la cultura que quien suscribe valora como un tesoro vital. Por eso, miren qué subjetivo, desde aquí deseamos que hoy elijan a un presidente que les venga bien. O si puede ser, una presidenta.

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