Los brutales insultos que recibieron Pablo Iglesias e Irene Montero por unos macarras me han dejado muy irritado; estos “intelectuales” acompañaban a un violento con pedigrí que iba a ser juzgado por nueve meses de acoso contra la familia de esa gente, y para colmo se produjeron ¡en la puerta de un juzgado!, y con total impunidad. Ese mismo día, uno de los ministros extremistas del gobierno de Israel también amenazó “macarramente” al gobierno español, -Dañaremos a quien nos dañe-, dijo públicamente. Los políticos macarras también abundan en España, con un vocabulario lleno de sátiras de bar y argumentos chismosos, y con muchas amenazas, como buenos violentos. En general, a nivel planetario se va imponiendo en los últimos tiempos una brutalidad en el vocabulario, en las formas y en las acciones que asustan; Instituciones, medios de comunicación, partidos políticos, etc. se han ido incorporando a esta corriente que, por supuesto, acaba inundando nuestras calles y generando corrientes de pensamiento alineadas con la violencia: racismo y xenofobia, homofobia y misoginia.

Debemos tener una actitud vigilante y activista contra cualquier mensaje que huela a insulto, amenaza o a calumnia, porque tras ese mensaje siempre sobreviene el dolor de la violencia. No podemos permitir por acostumbramiento que haya partidos políticos, o gobiernos, o mindundis como los del otro día en la puerta de ese juzgado de Madrid, que usen la violencia en sus declaraciones y que no tengan una respuesta, una queja, una denuncia, porque cuando dejamos libre a los lobos acaban anhelando la sangre. La historia de Europa es un manual perfecto para comprender cómo el discurso violento descontrolado puede llegar a matar a millones de personas, y por desgracia la historia de Oriente Próximo también. Los que se juntan en torno a la organización planetaria “Macarras Sociedad Anónima”, y que se fragmentan en partidos políticos fascistas, en pseudo agrupaciones sindicales fanáticas, o en gobiernos nacionalistas intransigentes, necesitan de ciudadanos y ciudadanas acobardados, silenciosas, para poder sacar al monstruo que llevan dentro y que andaba disfrazado tras argumentos simplones. Seamos infranqueables al desánimo, no admitamos el más mínimo mensaje de terror, elijamos y votemos siempre cordialidad, respiremos ternura. Ante los macarras, ni un paso atrás.

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