introspectivas: música y músicos

La sonoridad percutida de Miguel Lozano

Existen en muchos lugares músicos que pasan desapercibidos y que son piezas fundamentales de los proyectos en los que se embarcan. Y músicos que no saben lo que tocan y se venden mejor que un coche nuevo. Afortunadamente, Miguel Lozano, o Miguel el Batería, como lo conocemos muchos de sus amigos y los buenos músicos de Huelva, pertenece por derecho propio a ese rango de profesionales en los que se puede confiar plenamente, pero que quizás no tengan un reconocimiento popular inmenso. Tampoco creemos que le haga falta, ya que es que es un enorme conocedor del mundo de la percusión y un músico con letras mayúsculas. Sus comienzos tuvieron lugar en la Peña Flamenca Las Colonias, donde con tan solo once años tuvo su primer contacto directo con la música rasgueando una vieja guitarra herencia de su padre, que le prometió comprarle otra si evolucionaba.

Tras experimentar con coros y comparsas, conoció a un grupo de amigos ilusionados por emprender un proyecto lleno de inquietudes musicales. Estos hoy día son músicos de primer nivel como Miguel Bermúdez, José Domingo Arroyo, Juan José Quintero y Carlos Anselmo Mora. Con dieciséis años comenzaron todos ellos en el proyecto Paraíso Show, el cual le marcó un antes y un después. Pero en las continuas giras, sus tendencias instrumentales giraron como de la noche al día y se inclinaron a otros elementos constitutivos de la música, afianzando aún más el orden intelectual y la seriación, es decir el ritmo.

Con un bombo, platillos y una caja descubrió una habilidad baterística que le hacía crecer en valores, aportándole una gran plenitud e integración musical que le fascinaba. Tal fue ese impacto que ingresó en el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, donde finalizó en 2007 con la licenciatura en percusión y matrícula de honor con el primer premio de actividad académica dirigida por los catedráticos Pedro Vicedo, José Tur y Pedro Luis Benítez.

En la actualidad ejerce como profesor de percusión clásica, latina, batería y cajón flamenco en la escuela municipal de música y danza de Aljaraque. A la vez imparte clases en la escuela de música moderna Yamaha y realiza trabajos como músico de sesión, compositor, grabaciones, arreglos y producciones de discos. Ha participado en infinidad de giras con multitud de artistas, bandas y grupos de todos los estilos y estéticas, pasando del pop al flamenco, y de los sones cubanos a la música clásica. Los últimos conciertos como batería en los que ha llevado su conocimiento y buen trabajo ha sido con Onuba, Senderos, El Patio, Fernando Romero, y finalmente con Och8 Vientos, una banda revolucionaria que piensa que tiene una proyección musical espectacular, que está dando y que va a dar mucho que hablar en el próximo año y que las editoriales y casas discográficas no cesan de solicitarles.

Cree que aunque suene a tópico, la famosa crisis a hecho que compositores, artistas, músicos y productores estén a la expectativa y guarden en un cajón muchos de sus costosos proyectos, ya que no es momento de vender música. Asume que la sociedad tiene prioridades de supervivencias más importantes a las que atender. El ciudadano necesita llegar a fin de mes, con los recortes de los sueldos se hace notar en la actualidad musical un claro descenso de ventas en discos y conciertos. El empresario a la hora de contratar un espectáculo, suele estudiar cuidadosamente si va a llenar el espacio donde se celebrará y decidir si es rentable, lo que implica tener un buen número de seguidores fieles.

Concibe que en lo que concierne a Huelva en su concepto cultural y dada la importancia que se le da al folklore, fiestas, romerías y demás manifestaciones similares, existe una clara inclinación hacia el mundo flamenco, aunque afortunadamente, ahora parece que el público se está abriendo mucho más a otras tendencias y estilos musicales como el jazz, pop, rock, funk, salsa, etc.

En cuanto a las posibles soluciones para solucionar el estado actual de la música hay una palabra muy significativa que inconscientemente con el tiempo nos demuestra que nadie es más que nadie, que lo que importa es la iniciativa, las ideas, habilidades, recursos, creación, y proyección de tus sueños. Se trata de la igualdad. Aún así, y saliendo un poco de lo filosófico, una buena idea sería regularizar la música. Prevalecen artistas que tuvieron un golpe de suerte y están en lo mas alto viviendo del cuento, otros que se lo merecen por logros conseguidos y algunos que por no tener nombre y con un talento que muchos quisieran tener, están abajo sin ser reconocidos como lo que son, auténticos genios. Ese es el lado oscuro.

Miguel se muestra partidario de llevar a cabo una especie de código del artista, haría pruebas de canto, de afinación, de ejecución instrumental, de danza, con un baremo estableciendo a unos sueldos dependiendo del talento del artista, además de una acreditación para realizar su trabajo en determinados espacios y niveles musicales. Eso haría que fueran aún más estudiosos, habría una cierta competitividad y nos daría el lugar adecuado a todos. Reivindicaría como avances para el desarrollo cultural y musical de nuestra provincia el dar más oportunidades a gente con ganas de hacer música y artistas noveles con talento.

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