El plagio exagerado de Bryce Echenique

Se lo condenó en 2009 por haber plagiado una quincena de artículos de opinión de una quincena de autores

Muere el escritor peruano Bryce Echenique a los 87 años

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique en una imagen de archivo de 2010. / D. S.
César Romero

10 de marzo 2026 - 19:18

Vaya por delante que lo de los premios literarios que se conceden a toda una obra, desde el afamado Nobel, que en realidad es a un libro, al menos conocido Nacional de las Letras apenas tiene importancia. Hay tantos premiados sin gran mérito que muchas veces es preferible quedarse con los no agraciados. Y eso sin recordar el denuedo de opositor a funcionario que algunos literatos pusieron para que se los concedieran (o el que algunos vivos ponen, también, en proclamar que no aceptarían estos honores, a buen seguro porque su vanidad es tan inmensa que se creen más que merecedores, aunque sepan que nunca los lograrán). Del premio Cervantes se suele decir que es el mayor galardón de las letras españolas, o hispanas, para que almas cogidas con papel de fumar no piensen que se está postergando a la literatura hispanoamericana, y desde que en 1976 abriera la lista de premiados Jorge Guillén se ha entregado a grandes de las letras, y a otros no tanto, y se ha dejado de conceder, ay, a otros muchos. Entre estos últimos, y con su muerte acaba la posibilidad de enmendar este error, se cuenta ya el peruano Alfredo Bryce Echenique.

A Bryce Echenique se lo condenó en 2009 por haber plagiado una quincena de artículos de opinión de una quincena de autores. Al principio negó los hechos, pero la verdad la aclaró un tribunal. Fue condenado, pagó su indemnización y, que se sepa, no volvió a delinquir. Sólo tres años después se le concedió el premio FIL, en Guadalajara (México), y la polvareda levantada fue inmensa. Tanto que, visto que en estos años se multiplicaron el imperio de lo políticamente correcto y la delicada finura de ciertas pieles, ningún jurado se atrevió a otorgarle el Cervantes. En su libro Mentideros de la memoria, el mexicano Gonzalo Celorio, último Cervantes, por cierto, hace un relato de lo acaecido cuando le dieron a Bryce el FIL y, con su prosa tipo comida de hospital (saludable, digerible, pero tan insípida que te deja con hambre, de literatura, aun antes de acabar su lectura), desde esa altura moral que algunos escritores que se ven a sí mismos como estatuas se gastan, en tan alto concepto se tienen, condena a Bryce Echenique por el plagio y le retira admiración y amistad. Es el signo de los tiempos: condenar a los ya sentenciados y, además, condenarlos por cualquiera de sus actos, aunque no tengan relación con los méritos por los que se los admira.

Se dirá que en el caso de Bryce Echenique su delito sí tiene que ver con su oficio. No hay mayor delito para un escritor que plagiar (bueno, sí: publicar bodrios). No es una diva folclórica que defraudó a Hacienda, ni un gran actor que le metió mano a cuanta entrepierna se puso a su alcance, a quienes se les retiran honores ganados con sus respectivas artes. No. Es un escritor al que se pilló en falta. Sí, plagió una quincena de artículos, pero ¿cuántos escritores en español pueden decir que escribieron al menos tres obras maestras y unas cuantas meritorias (también otros pastiches infumables, es cierto)? Un mundo para Julius, La vida exagerada de Martín Romaña y Permiso para vivir son tres libros que, tomados por separado, lo hubieran hecho merecedor de cualquier premio. Y en ellos no hay plagio. Como en el resto de obra narrativa. Si estos reconocimientos sirven para premiar el mérito, el peruano Bryce contaba con él desde hace medio siglo. Quien fue condenado por un error no contó con esta posible rehabilitación en la sociedad literaria. El miedo a ser señalados por saltarse a la torera una pena cumplida primó sobre cualquier otra razón. En tiempos más anecdóticos que inquisitoriales pocos destacan el raro metal, cuando se da, sobre la abundante escoria, pocos se atreven a elevar estatuas merecidas, no sea que luego la basura de las vidas de aquellos a quienes se las erigieron, como si alguna vida estuviera exenta de miserias, los alcance y lastre sus aspiraciones.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último