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Cultura

"Mi objetivo era sumergirme en la cultura andaluza"

A pesar de haber trabajado con grandes nombres como Gaultier, Dior o Vuitton, sus miras siempre estuvieron puestas en Andalucía y, más concretamente, en Sevilla. Nicolás Vaudelet, francés nacido en Bretaña, no sólo ha logrado ese empeño de vivir en la ciudad de la Torre del Oro sino que, más allá, desde el Sur ha conseguido rendir a sus pies a los grandes expertos del diseño español. Responsable de las colecciones de la firma El Caballo, Vaudelet acaba de premiar tres camisetas con mensajes de solidaridad a beneficio de la Fundación Ayúdales a Vivir y bajo el proyecto "Lancia think´in".

-Es curioso que, desde algo tan aparentemente superficial como la moda, se apoyen mensajes de tanto calado social, ¿verdad?

-Indiscutiblemente, al tratarse de un mundo muy mediático, y con mucho tirón de prensa, constituye una plataforma desde la que se puede ayudar a la gente.

-Hablando de este sector, en nuestro país ha entrado usted en él por la puerta grande… ¿Cómo lo lleva después de su galardón en Cibeles?

-Ahora estoy más estresado todavía (risas). El público tendrá más expectativas en lo que vaya a presentar en Septiembre y yo trabajo el doble para que salga bien. Eso no significa que no me encuentre contento y feliz por mi empresa, mi equipo… y por mí, claro (risas).

-¿Imaginaba que, gran parte de todo aquello con lo que soñaba, se haría realidad?

-No. Todo ha sido muy rápido. Me centro en el día a día y no pienso en eso. Cada mañana es una responsabilidad mayor. Sabía a lo que venía pero no pensaba que podría dedicarme a mi profesión desde Sevilla. Mi objetivo era lograr calidad de vida y sumergirme en la cultura andaluza.

-Y ya ve… ¡famoso y todo!

-Bueno, la gente me confunde todavía con David Delfín… (risas). No busco fama, sino estar bien.

-¿Cuál sería el concepto con el que profesionalmente le gustaría ser identificado? ¿Qué espíritu refleja en sus colecciones?

-Quiero algo elegante, femenino y fácil de llevar. Me gusta que usen para describirme el término "comercial". Por eso no suelo presentar conjuntos de noche, sino siluetas para una jornada cotidiana.

-¿No le preocupa la crítica?

-Estoy un poco sensible todavía. Tengo que endurecerme aunque también reconozco que, hasta el momento, he tenido suerte.

-A propósito, ¿de quién se viste usted?

-Pues tengo camisas de El Caballo y pantalones vaqueros vintage. También suelo usar polos con el emblema de la Banda de las Tres Caídas (risas)…

-¿Perdón? ¿Podría explicar esto un poco mejor?

-Verás, estoy aprendiendo a tocar la corneta en esa formación y, su jefe, tiene una tienda en la que vende ese tipo de prendas…

-Participa, deduzco, en la Semana Santa, ¿no?

-Pues sí, la próxima será la tercera vez que salga de nazareno en el Valle.

-¡Qué barbaridad! ¿Alguna pasión confesable más?

-Bailo (risas). Desde luego, lo hacía más en París, donde asistí a clases ocho años. Pero, ¡no soy bailarín profesional!, ¿eh? (risas) Conozco el compás de la seguiriya, el fandango… Algunos opinan que sé más de esta tierra que gente de aquí (risas).

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