Una novela sorprendente en blanco y negro
'El rastro de su voz', de Antonio J. Sánchez
El rastro de su voz, del novelista y periodista onubense Antonio J. Sánchez es una Novela. Con mayúsculas. Y conste que escribo este comentario sin más vinculación con el autor que el hecho de haber sido entrevistado por el mismo en el canal de televisión donde trabaja, y sin más dotes que las que me da mi propia experiencia como escritor y, sobre todo, como lector empedernido desde hace más de 30 años. Seré razonablemente breve para no invitar al desánimo de la lectura. Como consideración preliminar, hay que decir que el autor asume el sorprendente riesgo en un autor novel de narrar en primera persona en lugar de hacerlo desde la posición de narrador omnisciente. Ello enriquece la novela a la vez que dificulta el trabajo del autor obligado a contemplar los hechos y personajes desde la perspectiva de su protagonista, Martín, ubicado en su adolescencia y primera juventud. El rastro de su voz es una novela extensa, de más de 500 páginas, en la que me ha llamado poderosamente la atención -y me ha cautivado- su tono de prosa sostenida, difícil de conseguir porque exige un mismo estado de ánimo cada vez que se escribe, y sobre todo sus descripciones ambientales, que alcanzan el grado de poéticas y que provocan la percepción sensorial de ver la novela en blanco y negro y todo ello revela un autor de muchas, muchísimas lecturas, que a su vez esconde a un lector que fagocita cuanto lee hasta obtener una voz propia, con un manejo admirable y envidiable del castellano.
Las novelas se valoran por lo que cuentan, y en mi caso, sobre todo, por cómo se cuenta. Sobre el contenido, la sinopsis impresa en el libro sólo nos menciona el disco que da nombre a la novela entregado a Martin por su madre antes de la muerte y pretendido por un coleccionista de objetos únicos como justificante de la historia, y el propio autor ha hablado de que se trata de una novela gótica, pero no creo que pueda encerrarse en una sola etiqueta: hay trazas de costumbrismo deudoras de Pérez Galdós propias del ambiente que relata en una de las décadas de nuestros años de plomo, cuando este país vivía en blanco y negro; pero hay trazas sin duda de las mejores novelas picarescas clásicas en castellano, responsables de un humor muy peculiar y con un punto canalla al gusto de El Buscón de Quevedo, y también como el autor admite hay una poderosa presencia de Edgar Allan Poe en la creación de escenarios emocionales que permiten manejar el suspense como trampa para que el lector no pierda el interés y demande de forma compulsiva leer más y más páginas: y no solo del Poe autor, sino incluso del Poe persona, de la vida de Poe y hasta me atrevería a decir que del Poe personaje, aunque ignoro si el autor ha leído The Poe Shadow -desconozco si hay publicación en castellano- por la duplicidad de protagonistas con el mismo nombre. También hay trazas del cine de los años 50, y del género negro clásico, habiéndose confesado el propio autor deudor de Raymond Chandler lo que deja su impronta de ironía y sarcasmo, de la novela fantástica próxima al terror de clásicos como Lovecraft u otros y sospecho que de la narrativa realista norteamericana -con presencia de algunas de las leyendas raciales del Sur- de las últimas cinco décadas del Siglo XX.
Pero como dije, me seduce El rastro de su voz más que por la historia en sí misma por su calidad narrativa. Como toda obra, una vez publicada deja de pertenecer a su autor y pertenece a los lectores y admite diversos niveles de lectura: desde la pura lectura de entretenimiento y aventura hasta la lectura más profunda, sumergiéndose en esos años de la España profunda encerrados poéticamente entre las dos grandes nevadas del siglo pasado en Huelva, periodo respecto del cual hay que destacar el presumible ingente trabajo de documentación e investigación del autor. Antonio J. Sánchez pisa varios terrenos y asume algunos riesgos comprometidos (entre ellos, la complejidad en espiral cuasi cinematográfica de la trama, que parece invitar a una relectura de algún capítulo anterior para no perder el hilo y para que el lector se sitúe ante una dimensión fantástica o de realismo mágico que puede desconcertar, pero que finalmente no es sino hiperrealismo al estilo de la pintura del maestro Antonio López), pero se desenvuelve con comodidad en esa mezcla personal de géneros y con maestría en la descripción física y emocional de algunas situaciones, como la del internado de niños abandonados en la parte más gótica de su novela. Y es un autor rotundo en la construcción de personajes, tanto de los principales como de los secundarios teniendo una fina intuición y habilidad sobrada para plasmar el lado oscuro que todos llevamos dentro. También es fundamental en la valoración de una novela la calidad de sus diálogos y ahí el autor sencillamente lo borda con su trabajo artesanal y supera, con mucho, a la mayoría de novelas que he leído en los últimos diez años: desde Shakespeare esa capacidad introspectiva en los personajes es un continuo ejercicio de psicología que no permite errores si se quiere dar una imagen fiel y crear personajes coherentes y creíbles. Finalmente, hay que decir que la novela se ambienta, fundamentalmente, en Huelva, y parcialmente en otras ciudades, pero eso no debe engañarnos: no se trata de una novela localista en el sentido chovinista de la palabra tan propio de estos lares, lo que le restaría ambición y proyección: podría estar ambientada en cualquier otro lugar y eso le dota de la proyección de universalidad propia de la Literatura de verdad, de la narrativa llamada a sobrevivir y traspasar fronteras y que debe revolverse incómoda ante la pretensión de llegar sólo a un público geográficamente predeterminado.
Podría decir muchas más cosas de El rastro de su voz. Pero este medio impide mayor extensión. Para terminar, solamente desear que esta novela, narrativa pura y dura, un placer para la lectura y para no dejar de amar el castellano, y este autor que debuta de esta forma, merecen la mejor suerte posible: publicar ya es una suerte, y la editorial Abecedario hará todo lo que pueda para difundir la obra, pero por experiencia sé que si publicar ya es difícil, más difícil aún es lograr una distribución global en diversos puntos del país porque eso necesita una promoción continua sólo al alcance de alguno de los emporios editoriales que manejan el mercado. El rastro de su voz y Antonio J. Sánchez están a la altura de lo mejor que se publica últimamente en nuestro país y lo digo con absoluto conocimiento de causa y desde mi pasión por la Literatura, y merece un lugar destacado en el top de ventas y de críticas: el mundo editorial es muy complicado y vive tiempos convulsos, pero ojalá alguna editorial grande se fije en esta novela que el autor presentó muy humildemente en Huelva hace pocas semanas. Gracias a él, por tantas y tantas horas de buenas lecturas frente a la chimenea, por tanto placer acumulado disfrutando de su manejo del idioma y de su envidiable imaginación.
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