juan jesús rodríguez. cantante de ópera

"La magia de la ópera puede devolver la alegría a las personas tristes"

  • Con su compromiso musical reivindica la presencia de los artistas españoles en los teatros

  • Desde hace tiempo colabora con un proyecto educativo en la India

El barítono onubense goza del prestigio internacional por sus interpretaciones de Verdi. El barítono onubense goza del prestigio internacional por sus interpretaciones de Verdi.

El barítono onubense goza del prestigio internacional por sus interpretaciones de Verdi. / h.i.

Los grandes vuelven siempre a su tierra. Juan Jesús Rodríguez (Cartaya, 1969) se ha granjeado el prestigio y la ovación internacionales como el mejor barítono verdiano del siglo XXI.

-¿Cómo prendió en usted la chispa por la gran música?

-Para mí toda la música es grande, como el flamenco o la música popular, que entraña la sabiduría del ser humano y la idiosincrasia del pueblo. La ópera llegó a mi vida como un proceso natural. Yo buscaba mi camino y lo que me gustaba hacer en la vida. Tenía voz, había estudiado música y necesitaba aventura. Una amiga me animó y me atreví a hacer la prueba en la Escuela Superior de Canto de Madrid, ciudad donde empezó todo.

-¿En qué medida el canto y la ópera forman parte de la vida del hombre?

-El canto es algo innato en el hombre, se entronca en su vida y siempre ha sido un medio de hacer que el mundo mágico descienda a la tierra. En todas las ceremonias sagradas el canto ha sido la conexión imprescindible entre la persona y su alma. La ópera y la zarzuela para mí son prioritarias porque tienen el poder de transformar realidades enfermas en realidades sanas, como todas las artes. En un momento en el que la sociedad está tan enferma y estamos tan alejados de nuestro corazón y de valores fundamentales como el amor, el respeto o la confianza en un teatro son irrenunciables. Siempre pienso que gracias a un momento mágico de ópera o zarzuela se puede transformar a una persona que ha venido al teatro triste o sola. Se sale de la sala con todos los canales abiertos para buscar y encontrar un camino en la vida.

-De todos los papeles operísticos que ha interpretado, ¿con cuál se identifica más?

-Todos tienen una parte de mí y me han hecho crecer tanto artística como humanamente. Y esto se debe al tener que buscar registros muy escondidos para interpretarlos y tomar conciencia de los caminos erróneamente elegidos por tus personajes que siempre llevan al final trágico. Siempre tenemos el poder de elegir; si elegimos teniendo en cuenta lo que es bueno para todos, el éxito está asegurado. A veces me encantaría poder crear esa conciencia en mis personajes y decirles, por ejemplo, a Germont de La Traviata que no rompa una relación de amor por el poder social o a Rodolfo como Marcello de La Bohème, que luche por Mimì y no abandone por falta de poder económico, que lo consiga ya. Pero ahí está el ejemplo que se transmite al público a través de estos personajes de lo que no hay que elegir para evitar un desastre.

-A lo largo de su incursión en las partituras verdianas, ¿qué es lo más valioso que Verdi ha aportado a su voz y a su estilo?

-Verdi era un genio y como todos los genios tenía unión directa con lo divino, que sabía plasmar maravillosamente en su música. Ésta pasa de alma a alma sin interferencia alguna. Su música es sublime e interpretarla me ha facilitado el poder conmover al público.

-Hablemos de zarzuela: ¿le gustaría reivindicar algo a los gabinetes de prensa y al público españoles? ¿Necesitan mayor difusión algunos títulos?

-En general, la zarzuela necesita el impulso de nuestros representantes políticos y cargos públicos para situarla en el lugar que se merece, internacionalizarla y darle presencia en los teatros principales no sólo de nuestro país, sino de todo el mundo. El público está ávido de escuchar nuestro repertorio; lo ama porque es pasión, pasión que mueve al mundo en un momento tan necesario como éste.

-En lo que se refiere a Kiva Mirando a la India, ¿cuáles son las líneas maestras de esta asociación? ¿Qué notables progresos se han producido en necesidades humanas y humanitarias, como alimentación, sanidad y escolarización?

-Es un proyecto que crece cada año. De momento financiamos educación para niños muy pobres con vistas a que salgan de la miseria y encuentren a través de una educación de calidad un camino mucho más favorable del que les esperaría sin ayuda exterior. Mi sueño es poder construir nuestra propia escuela: tener espacio propio donde salvar a muchos niños de la miseria a través de la educación y el arte.

-¿Puede el alma de un cantante ilusionado vencer los obstáculos técnicos, estilísticos y dramáticos, aun por muy grandes que sean?

-El alma lo puede todo. Hay que ayudarla y servirle con los medios necesarios para que pueda llegar y provocar un movimiento en otras almas. Si esa intención está clara, no hay nada que pueda más.

-Con independencia de los conservatorios, la actitud de los centros educativos determina la cultura y la sensibilidad musicales y operísticas de los todavía niños y adolescentes. ¿Cómo valora la formación que reciben en España de los docentes? ¿Es optimista cuando piensa en las futuras generaciones?

-En la mayoría de los casos los conservatorios tienen un profesorado que se siente frustrado en su realización profesional. Esto se transmite al alumno. Creo firmemente, porque he tenido la oportunidad de contrastarlo, que España es una potencia en todas las formas de arte, pero nuestros responsables no dedican tiempo a esto. Entonces, los artistas acaban marchándose a otros países, donde se les valora, o acaban tirando la toalla en el peor de los casos.

Soy muy optimista con las futuras generaciones y lucho por reivindicar la presencia de los artistas españoles en nuestros teatros.

-De sus experiencias en recientes óperas, ¿cómo ha sido la acogida del público en general y la crítica en particular? ¿Le gustaría comentar alguna anécdota que haya repercutido favorablemente en su carrera?

-El público en general me valora muy bien y así lo comunica ovacionándome siempre que salgo a saludar después de un concierto o una representación. Es un honor poder llegar a tanta gente desconocida y que te lo agradezcan así. Asimismo, la crítica me ha acogido muy bien en mis últimas producciones. Una de las más recientes, Rigoletto, en Los Ángeles, donde se me ha valorado así: "Ha nacido una estrella". Esto en Hollywood es muy gratificante.

-¿Cuáles son sus proyectos en lo tocante a la ópera? ¿Qué papeles le gustaría abordar?

-Próximamente debutaré en dos óperas: El pirata, de Bellini, y Simón Bocanegra, de Verdi, en La Coruña y Marsella respectivamente. Luego estaré en Málaga con La Traviata junto a Arteta y después en el Metropolitan de nueva York con Falstaff. Entre los papeles que me gustaría abordar están Gérard, que debutaré en Sevilla la temporada que viene.

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