Cultura

Una inesperada presentación oficial

Con la boca abierta. Así dejó la duquesa de Alba a todos los que han tenido la oportunidad de verla pasear por Sevilla en compañía de su novio, Alfonso Díez quien, el miércoles de esta semana, tras ser recogido en la Estación de Santa Justa por el chófer de su novia, fue trasladado al palacio de Dueñas, residencia oficial de su anfitriona.

Una jornada después, el jueves por la noche, la pareja decidió hacer público y de forma conjunta su amor dirigiéndose, entre otros destinos, a la glorieta que, frente al Puente de la Barqueta, lleva el nombre de la que, a día de hoy, es la noble con más títulos de España. El templo de la Hermandad de los Gitanos les esperaba más tarde para, con su artesonado recién inaugurado, ser allí recibidos por su Hermano Mayor, Juan Miguel Ortega Espeleta. Inmerso en la bienvenida de cincuenta nuevos miembros de dicha congregación, éste los introdujo en la iglesia para, una vez dentro, ser objetivo de los flashes de los reporteros quienes, sin dejar de sorprenderse por la situación, inmortalizaron para la posteridad -tal y como muestran las imágenes- el momento.

Cayetana, que se ha quejado insistentemente de su abandono familiar y de la soledad que le invade "cuerpo y alma", demuestra con su rotundo comportamiento que no está dispuesta a renunciar a la compañía de este funcionario de la comunidad de Madrid junto al que, en principio, prosiguen sus planes de boda.

Ayer sobre el mediodía, la duquesa volvió dejarse ver, de nuevo junto a Alfonso, e hizo uso de su vehículo oficial con un rumbo, en principio, desconocido. Protegida por unas cortinas que evitaban la grabación a las cámaras que, desde bastantes horas antes, hacían guardia ante las puertas de su casa, Cayetana tomó la autovía de Sevilla-Córdoba con la intención de almorzar en la finca que posee en El Carpio, localidad cordobesa a la que le unen bastantes vínculos sentimentales y para la que, en diversas ocasiones, ha realizado generosas donaciones cara a mejorar sus infraestructuras.

En principio, al tenerse que incorporar el lunes Alfonso Díez a su puesto de trabajo, es posible que ambos pasen en tan bucólico entorno el resto del fin de semana, alejados de un interés público que ha sobrepasado cualquier previsión al respecto. Sea como sea, queda demostrado que, por encima de sus 82 años, la duquesa de Alba -en torno a cuya salud se han realizado múltiples conjeturas en los últimos tiempos- está viviendo una segunda juventud. Los alegres tonos de su vestimenta y, sobre todo, la felicidad que refleja su rostro, son las mejores pruebas de que, plena de vida, la duquesa tiene la intención de seguir dando aún mucho que hablar.

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