Hijos de la Ruina abre su gira en Sevilla con un concierto que demuestra que la química no necesita de artificios

Natos, Waor y Recycled J apuestan por un espectáculo que no bebe de la nostalgia, pero que igualmente recoge todos esos temas que son biografía para sus seguidores

SFDK y Juicy Bae, los invitados a la fiesta en el Cartuja Center

Hijos de la Ruina, durante su concierto este viernes en el Cartuja Center de Sevilla.
Hijos de la Ruina, durante su concierto este viernes en el Cartuja Center de Sevilla. / Alejandro Mora
Alberto Ruiz

Sevilla, 28 de febrero 2026 - 17:08

Hay conciertos que empiezan cuando se apagan las luces. Y hay otros que lo hacen meses antes, cuando todavía llevas la camiseta sudada del anterior y apuras una cerveza de madrugada en un bar cualquiera de Madrid. Entre risas, vídeos repetidos en el móvil y la voz ligeramente rota, varios del improvisado grupo que allí estábamos sacamos el teléfono casi por reflejo para comprar las entradas del siguiente.

Acabábamos de salir del 15º aniversario de Natos y Waor en el Riyadh Air Metropolitano y, con Madriz todavía retumbando en el estadio, el dúo —junto a Recycled J— anunció allí mismo que Hijos de la Ruina sacaba su cuarto trabajo y se iba de gira en 2026. Apenas dos horas después, con la adrenalina aún disparada, ya habíamos adquirido un compromiso con febrero. Aquí estamos otra vez.

El fuego 'calentó' el escenario durante la interpretación de los temas más vibrantes de Hijos de la Ruina.
El fuego 'calentó' el escenario durante la interpretación de los temas más vibrantes de Hijos de la Ruina. / Alejandro Mora

Y Otra vez, precisamente, fue la declaración de intenciones con la que arrancó el tour en el Cartuja Center CITE, una interpretación que sonó a reencuentro colectivo. Como si todos los que estábamos en Sevilla este viernes hubiésemos estado en junio en Madrid. Como si no fuese un inicio de gira, y sí una continuación de algo que no terminó.

Sin grandes artificios ni despliegues escenográficos deslumbrantes, el trío se presentó en la capital andaluza con un repertorio que ha ido tejiendo durante más de una década y con la química intacta de un proyecto que ha sabido crecer sin perder su esencia. En tiempos de macroproducciones, Hijos de la Ruina apostó esta vez por una escenografía más austera y porque sus canciones, que han hecho del barrio una identidad y de la fiesta un refugio, sostuvieran al espectáculo.

Hijos de la Ruina arranca su gira en el Cartuja Center de Sevilla.
Hijos de la Ruina arranca su gira en el Cartuja Center de Sevilla. / Alejandro Mora

Bajo Cero y Los Niños del Barrio fueron el aperitivo escogido para introducir el cuarto volumen, y Piratas, Kilómetro Cero y Cabeza de Ratón terminaron de encender una sala que dejó de comportarse como auditorio para convertirse en pista con Speed y Pierdo el control. Aquí el Cartuja ya no retumbaba, sino que saltaba.

No vinieron a vivir del recuerdo ni a 'vender' una gira que beba de la nostalgia. Vinieron a demostrar que el nuevo disco no es un apéndice, sino presente. La Trampa, Hijos de la capital, A la tumba, First Class, Delirium, Cicatrices o Carretera se enlazaron con naturalidad en un setlist que no diferenciaba el pasado del ahora. Todo forma parte de la misma historia, más allá de los nuevos sonidos y ritmos que han ido aplicando a su repertorio.

Uno de los momentos más simbólicos llegó con la aparición de SFDK para interpretar Sinceros, un puente más que explícito entre generaciones del rap español y un guiño indiscutible a la ciudad anfitriona. Sevilla, con SDFK, se vuelve territorio y saca pecho orgullosa cada vez que Zatu y Acción Sánchez son protagonistas. Otra sevillana, Juicy Bae, fue la segunda invitada en sumarse a la cita, con la interpretación de Jealousy, un tema que sonó integrado, sin la sensación de ser un invitado más o un simple cameo.

Waor, Recycled J y Natos en un momento del espectáculo.
Waor, Recycled J y Natos en un momento del espectáculo. / Alejandro Mora

El concierto mutó con la entrada de la banda, que arrancó con Roto por dentro. Y lo que tienen las bandas es que ensanchan el aire. El sonido ganó músculo y decoró mucho Más Alcohol, Oveja Negra, Quiero volar, Aunque digan que yo y Maravilla, que adoptaron una dimensión más cruda, orgánica y rockera. La banda se despidió con Nosotros, un himno generacional que todos corearon.

El espectáculo alcanzaba la recta final y lo hacía con golpes directos: Bicho raro, Moltisanti, Sudores fríos o Dame calor. Precisamente con este último tema, ese instante de agacharse, contener la respiración y volver a saltar fue especialmente cruel para quienes por la mañana hicimos el Open 26.1. Sí que es cierto que el cuerpo puede quejarse, pero también lo es el hecho de que éste no manda cuando suena la canción adecuada.

Tras más de dos horas y media de concierto, el mismo desembocó en Madriz. Y ocurrió lo mismo que en junio en el Metropolitano, todos en pie celebrando un espectáculo que fue memoria, lealtad y abrazo colectivo. El primero de la gira no fue un concierto de fuegos artificiales, más bien fue uno de canciones que son biografía para miles de personas. Quizá a estas alturas eso es mucho más difícil de construir.

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