Donde estaba el fandango
Historias del fandango
En las décadas de los años 60, 70, 80… del siglo XIX, el fandango no figuraba en los programas de las actuaciones flamencas pero germinaban nuevas propuestas
Otrora fue el baile nacional, pero los cambios de los tiempos traían aires nuevos. Nada tenía que ver con el baile flamenco, que era el que ahora gustaba y sumaba seguidores en los espectáculos. El fandango estaba en ese tiempo en los pueblos, en los campos, germinando propuestas nuevas, siguiendo el patrón flamenco… En los cafés cantantes predominaban los cantes jondos (seguiriyas, soleares, tonás, polos, cañas, livianas, tangos…), pero el fandango no era jondo; de hecho, no hay noticia de que ninguno de los cantaores históricos (El Planeta, El Fillo, Frasco el Colorao, Curro Durse, Manuel Molina, Diego el Marrurro, Paquirri el Guanté, El Loco Mateo, y luego Silverio, El Mellizo, Chacón, Fosforito…) cantaran fandangos.
Una cita de Manuel Machado
Cito un texto que escribió Manuel Machado en los años 40 del siglo pasado, que sería la excepción. Afirma en sus Estampas sevillanas que “sería la primera [etapa del flamenco] la que va del último tercio del XVIII hasta bien entrado el XIX, con tío Luis el de la Juliana, gran cantaor general; es decir, que lo cantaba todo, desde la misteriosa y gitana debla hasta el serrano fandanguillo corto de Alosno”.
¿Se cantaba el fandango alosnero en el siglo XVIII? Eso dijo Machado. Con el jerezano tío Luis el de la Juliana se ha relacionado un cante fundacional del flamenco como es la caña, que, según el musicólogo Manuel García Matos, podría provenir de una copla andaluza preflamenca que sería cante y baile tradicional basado en los fandangos comarcales de Andalucía.
El hilo está encaminado. Son hipotesis, porque no hay información escrita al respecto. Pero, de ser cierto lo que escribió Machado (hijo del folclorista Demófilo que publicó su Colección de Cantes Flamencos en 1881, y gran conocedor del flamenco), eso supondría hallar al fandango alosnero un siglo más atrás de lo que conocemos, porque este cantaor legendario murió en 1830. Ahí queda para futuras investigaciones.
De lo popular a lo culto
El fandango es una forma musical poliédrica, porque tiene muchas facetas y ha cambiado de ropajes en el tiempo: desde baile callejero procaz y lascivo a erigirse como el baile nacional en encuentros de la nobleza; de música popular a figurar en composiciones clásicas cultas que lo dignificaron, como las de Scarlatti, Santiago de Murcia, Boccherini, Mozart o el padre Soler; de ser solo música y baile a ser cante y toque sin baile; de mero folclore a palo flamenco… De música local, en fin, a extenderse por Latinoamérica y medio mundo… Lo que ha mantenido en toda esa larga y variante trayectoria ha sido la base de su estructura. Y el acompañamiento de la guitarra, fiel compañera e ilustradora de sus caminos.
Y ahora, en los albores de ese tiempo dorado del flamenco, ¿dónde estaba el fandango? Estaba exprimiendo ya el viejo ropaje folclórico y bailable, mientras iban surgiendo creaciones con la estética y los modos expresivos del flamenco, manteniendo su compás ternario y su ritmo vivaz. Por un tiempo, convivieron ambas formas: de hecho, en la amplia gama de los de Huelva todavía se cantan en algunos pueblos ambos modelos: folclórico y flamenco. Esa ductilidad le ha servido siempre al fandango para aliarse con otras músicas. Veamos un ejemplo: en Mallorca, 1860, una función teatral de fiesta andaluza en que lo encontramos mezclándose con el vito, las boleras, el zapateado… [1] [2].
La rondeña de Julián Arcas
La guitarra flamenca, que había alcanzado relevancia en el acompañamiento, marca un hito histórico en este año 1860 que estamos repasando. El compositor y guitarrista almeriense Julián Arcas [3] registró la primera composición para guitarra flamenca solista, una rondeña que ya existía y que llevó al pentagrama. Esta rondeña, que es una derivación del fandango, es considerada por los musicólogos como una verdadera joya.
(Pueden escucharla en una interpretación de José Salinas, localizable en el siguiente enlace de Youtube. Y préstese especial atención desde el minuto 5’08” hasta 6’07”, porque la melodía que describe es la que encontraremos, un siglo después, cantada como un fandango, que se atribuye, indistintamente, al barbero alosnero Diego Perrengue y a Paco Isidro).
La guitarra en la Historia
La guitarra había tomado un protagonismo espectacular como instrumento de acompañamiento y como solista. Sebastián Covarrubias, el autor de un monumental Diccionario de la Lengua Castellana (1611), la definió como “un cencerro, tan fácil de tañer, especialmente en los rasgueados, que no hay mozo de caballos que no la toque”. Chanzas aparte, lo cierto es que la amplia lista de guitarristas merecía un reconocimiento. Se le dedicó un tomo entero en la Historia de la Música Española, en el que figuraban los nombres que contribuyeron a su evolución y magisterio: Vicente Espinel, que le añadió la quinta cuerda; el padre Basilio que le puso siete e inventó el punteado; Fernando Sors, tañedor y compositor muy célebre; Francisco Tostado, que compuso un fandango con 53 variaciones; Trinidad Huertas, al que Sors llamaba “el sublime barbero” por la dulzura de sus sonidos; Julián Arcas… y tantos otros que durante los siglos XVIII y XIX hicieron prestigioso al instrumento que halló en el flamenco una formidable riqueza expresiva.
Y por lo que respecta al fandango, como dijo Pedro Antonio de Alarcón en un artículo publicado en agosto de 1872, y el paso del tiempo ha demostrado sobradamente su veracidad, “la guitarra se ha hecho para el fandango y el fandango para la guitarra”.
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