Las danzas de 'Los Bécquer'
Los Bécquer | Crítica
La exposición ‘Los Bécquer, un linaje de artistas’, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, nos muestra la evolución del baile andaluz a lo largo del siglo XIX
La ficha
'Los Bécquer, un linaje de artistas'. Comisario: Manuel Piñanes. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Hasta el 15 de marzo.
La pintura costumbrista, hecha para ser exportada, es una derivación del majismo andaluz hacia el tipismo turístico. Se inicia con el jerezano Juan Rodríguez Jiménez El Panadero (1765-1830) y tiene un punto culminante en la familia Bécquer de Sevilla. El iniciador de la saga fue José Domínguez Bécquer (1805-1841) del que esta muestra ofrece, en relación a lo que nos ocupa, un óleo, Fiesta en la puerta de una posada (1840). Representa una mudanza de un baile popular, probablemente una seguidilla, con una pareja ataviada con el traje de majo tal y como había evolucionado en las primeras décadas del siglo XIX. Con guitarra y castañuelas y, en el caso de ella, pañolón y zapatillas. Algo parecido a lo que encontramos en la acuarela Fiesta de baile (1840) en la que se suma al cuadro un personaje que toca las palmas. Entre las acuarelas de Domínguez Bécquer encontramos también dos boleras ataviadas con sendas tejas (1833). Sus dibujos fueron también la base de litografías de gran éxito como El bolero, La cachucha (circa 1845), El olé (1847), en donde dos palmeros acompañan a la bailaora, o Un baile de gitanos (1842) donde, a las palmas de la concurrencia, se une el pandero. Sería interesante saber si el título del dibujo se lo puso Domínguez Bécquer, que ya había fallecido cuando se hizo la litografía, y también la fecha en la que se le puso este título. Porque estamos hablando de una etapa en la que el costumbrismo andaluz empieza a virar hacia el gitanismo. De 1842 data la primera referencia, tímida por otra parte, a los gitanos, en la obra de Estébanez Calderón, por ejemplo. En realidad estos dos últimos dibujos mencionados son el mismo, solo que en el segundo se ha añadido nuevos personajes a la escena, además de una pareja masculina de baile a la intérprete femenina. En otros dibujos y litografías de Domínguez Bécquer, no incluidos en esta muestra, podemos ampliar el repertorio a bailes con el fandango. En otras litografías de Domínguez Bécquer vemos representado, también, el cante y el toque. Es sorprendente la abundancia de mujeres guitarristas en la obra de este pintor. Todos los intérpretes de baile que aparecen en los trabajos de Domínguez Bécquer bailan con castañuelas, sean o no gitanos.
De Joaquín Domínguez Bécquer (1816-1879) la muestra nos ofrece varios oleos de temática dancística. Baile en un interior (1841) nos muestra a una pareja en disposición para iniciar el baile. De nuevo el acompañamiento es la guitarra y, de nuevo, vemos las castañuelas en sus manos. Pero el atuendo, sin dejar de ser el de majo, muestra una evolución: desaparecen los adornos de la cabeza y la falda es más larga y con caída. En Una fiesta de baile (1841) la mujer de la pareja presenta un braceo absolutamente actual, delicioso. Una bolera bailando el vito (1848) presenta varias particularidades: desaparecen las castañuelas y los instrumentos son dos guitarras, una de ellas tañida por una mujer. Parece que los instrumentistas son a la vez cantaores. Y hay profusión de palmeros. El calzado femenino del baile sigue siendo flexible. En esta etapa el zapateado era exlusiva del hombre. En la Escena en un mesón (1855) el atuendo ya se parece más al tradicional flamenco y hay dos guitarristas y varios palmeros, incluyendo a la propia bailaora que, por tanto, no toca las castañuelas. En el Baile andaluz (1854) y en el Baile en el exterior de una venta (1867) se consagra esta ausencia de las castañuelas y la perspectiva es plenamente flamenca, con guitarras y palmas abundantes. En otras obras de Joaquín Domínguez Bécquer vemos representado, también, el cante y el toque, en muchas ocasiones interpretado por mujeres.
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