Toros

Calañas avala su futuro taurino con un lleno en su reencuentro con la Fiesta

  • Orejas y rabo para Andrés Romero en rejones y dos para Curro Díaz con un novillo de Albarreal de vuelta al ruedo.

  • Finito y Carlos Tirado cortaron una oreja

Esta vez el tren no ha pasado rozando la plaza. A ésta se la han llevado mar adentro de ese paisaje de eucaliptos y pizarra que rodea Calañas. Pero no importa. Si hay que ir, se va. Se carrilea para rebuscar esos pulsos que deja la Fiesta cuando en ese vaivén del tiempo vuelve el reencuentro con Calañas.

Calañas para encontrar cartel apetecible por muchos costados. Por el del caballo, por el de dos maestros del gusto de empaquetar el toreo bueno y también por  la ilusión de gente joven que se ve en ese cartel.

Por tantas cosas Calañas, precisamente en un tiempo donde la temporada va saliendo a flote; como de haber perdido la vergüenza  “al qué dirán” se hubiese superado y la plaza, esta también, se haya llenado de gente queriendo ver toros. Y toreros. Y verlos.

Porque no es menos lo que el escenario y los actores han escrito sobre el albero. Nada por descubrir con ese gusto infinito que El Fino se guarda en las entretelas de su memoria para explicar ese toreo  de capote, esos remates que abrochan sensaciones al tendido. Ese saber acoplarse a lo bueno que tuvo el de Albarreal especialmente en las dos últimas series por la izquierda.

Navegó enfilando el éxito el capote de Curro Díaz para embelesar esa buena clase que tuvo el utrero de principio a fin. Siempre durando y a más cuando el de Linares enseñaba lentamente el toreo que le sale por los poros; el toreo que se imagina en el silencio y después se hace en la plaza. La inspiración en estado torero provocando el disfrute de un tendido lleno, lleno.

Rui Fernándes dejó sensaciones pero poco acople. Pureza pero también desacople en el clavar y rematar.

Romero sin embargo no dejó dudas. Esfuerzo, pasión, fervor por llegar hasta la última fila del tendido. Gestión del rejoneo y de terrenos donde aumentar con los máximos trofeos esas dos orejas matutinas en Osuna. Redondez en su faena. Éxito grande que remató un gran rejón de muerte.

Enrique Toro se llevó en el lote una guindilla. Un eral picajoso, difícil  de templar. Un bicho revoltoso que tenía presente en su mente al del trapo rojo. Mérito y raza del sanjuanero por quedarse y robarle muletazos queriendo parar a esa avispa con pitones. Con la espada no encontró camino fácil.

Carlos Tirado enseña cosas buenas entre los ribetes  de sus trastos de torear. Cosas interesantes y bonitas de ver en quien casi está aterrizando en la Fiesta. Calañas mostró ayer a un torero, en ciernes con el estoque pero serio y pensador con la muleta. Enseñando ya profesión a pesar del poco tiempo que ha gastado en esto del toro. Ilusiona lo que muestra en la plaza.

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