Cultura

Una cineasta antisistema

Puede que a muchos, incluidos los conocedores del cine, no les diga mucho a o tal vez nada el nombre de Vera Chytilová, muerta el pasado el 12 de marzo pasado. Nada extraño cuando estos días se les preguntaba a muchos universitarios sobre el fallecido presidente Adolfo Suárez y eran inquietantemente numerosos los que no tenía respuesta. Vera Chytilová, digámoslo cuanto antes, era una directora checa, o de la antigua Checoslovaquia, donde desarrolló su actividad cinematográfica, en una época brillante de esta cinematografía que en los años sesenta un grupo de cineastas checos crean un nuevo movimiento cinematográfico que no sólo rompía moldes en una sociedad comunista dominada por la dictadura soviética, sino que lo hacía con originalidad técnica y con una mirada subjetiva sobre el individuo y la sociedad.

Partiendo de un cine de los más antiguos de Centroeuropa los nombres de Karel Stekly, ganador de un premio en Venecia, Jiri Weiss, el cine de animación que lidera Jiri Trnka, Jan Prochaska y Karel Zeman, Martin Fric con las luchas sociales en Moravia, Alfred Radok, Otakar Vavrá, con un premio en San Sebastián, Jan Kadar, Elmar Klos, todos evidencia una gran valentía crítica, hasta el punto de que una película como Tres deseos (1958), se ganó una prohibición temporal por el régimen. Es un cine profundamente comprometido enfrentado valientemente contra la realidad.

Junto a Elmar Klos, Jan Kadar destaca en esta generación. Sus películas se caracterizan por una arriesgada valentía crítica enfrentándose al régimen. La tienda en la calle Mayor (1966), ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa y de la Oficina Católica de Nueva York es un gran paso adelante. A ellos se suman Karel Kachyna, Jaromil Jires, Milos Forman y sobre todo Vera Chytilová, que asume una especie de jefatura espiritual en este nuevo movimiento cinematográfico checoslovaco, líder de una pléyade de jóvenes intelectuales -entre ellos su esposo el magnífico fotógrafo Jaroslav Kucera- que con la película El techo (1962) firman todo un manifiesto de lo que preludiaría la histórica Primavera de Praga.

Pero sería Las margaritas (1966), ganadora del gran premio de Bérgamo la que puso en el punto de mira del régimen soviético a Vera Chytilová, boicoteando su actividad cinematográfica que, considerada por el gobierno comunista "irreverente y transgresora" fue prohibida hasta 1975. Finalmente y bajo la sombra de una amenazadora censura logró estrenar una película en 1976 El juego de la manzana, ganadora del Festival Internacional de Chicago.

La trascendencia del cine de la cineasta checa reside en la categoría moral de sus ideas. Estructurada en su gran cultura y su inteligencia convierte las verdades humanas como cimiento de su cinematografía superando la entidad local o política hasta alcanzar un ámbito universal. Su reciente muerte a los ochenta y cinco años de edad, no sólo revaloriza la valiosa cinematografía de toda una época sino también la de grandes realizadores checos -todos no caben en esta pequeña crónica- de los que, por cierto, el Cine Club Huelva -embrión del Festival de Cine Iberoamericano- en aquellos años 60 y 70 ofreció una amplia referencia en sus sesiones semanales en época en que era problemática la difusión de esta cinematografía.

Quiroga

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